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ESTUDIOS RELIGIOSOS
Del mismo
autor publicada por esta easa
Ensayos de crítica é
historia.— Una peseta.
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Alberto liin Ffúas
Cstudios
religiosos
F. Sempere t Compañía, Editores
Calle del Palomar, núm. 10
VALENCIA
3 523 6
Imp. de la Casa Editorial F. Sempere y C. m Valencia
CARTA-PROLOGO
Salamanca 13 de Diciembre de 1906 .
Señor don Alberto Nin Frías.
¡Ay mi buen amigo , y en qué torbellino me
veo metido! He de dar dos clases diarias, despa-
char el rectorado , atender d colaboraciones fijas
como la de La Nación, de Buenos Aires , y luego
una correspondencia que cada día crece , sobre
todo con americanos , y añada que preparo tres
libidos , el primero de versos . F paseo á diario ,
gracias d lo cual y d esta excelente constitución
física con que Dios me regaló , resisto todo ello
sin resentirme. Ahí sólo, en Montevideo , tengo tres
amigos de los de primera , ote aquellos con quienes
me gustaría departir de largo , que son: don Juan
Zorrilla de San Martín , don José Enrique Rodó
y usted.
Pero hagan cuenta que hablo con mis amigos
en mis escritos públicos, y en mis libros , La vida
Vi
CARTA-PRÓLOGO
de don Quijite, pongo por caso, les habrá habla-
do de mí.
Con usted querría departir — á ver si llego á
ir por esas tierras , que lo deseo— muy en especial
del cristianismo en esa América.
Yo no sé por qué el protestantismo histórico
no acaba de satisfacerme y me parece poco ade-
cuado para los pueblos que llamamos latinos.
Cierta estrechez de criterio , y por mucho que
quieren sacudirse de ello siempre conservan un
supersticioso culto á la letra. Tal vez en el fondo
sea el católico más racionalista, por ser más pa-
gano, que el protestante , que es más fideista. Los
cristianos educados en el catolicismo, cuando
dejan éste siguiendo cristianos están más prontos
á aceptar los resultados de la exégesis libre.
Lo que creo se prepara, es un cristianismo á
secas, un cristianismo amplio y universal, igual-
mente elevado sobre catolicismo y protestantismo,
sin dogma católico ni protesta protestante , algo á
que confluyen la tendencia del abate Soisy — cuyos
dos preciosos libros L’Evangile et l’Eglise y
Autour d’un petit livre conocerá usted — y de
Harnack de otra parte, por ejemplo . En todas
partes se camina á algo que es á modo de una
síntesis ó una depuración de las distintas confe-
siones cristianas en aquello en que se asemejan.
Y si el catolicismo tiene que dejar todo lo especi-
fico suyo, que es, digamos, como un 80 por 100 de
su contenido, también el protestantismo tiene que
CARTA-PRÓLOGO
Vil
dejar del suyo aunque sólo sea un 20 por i 00.
Tiene que dejar el literalismo y la doctrina de la
inspiración verbal de las Escrituras. Hay que ir
al cristianismo puro , dejando hasta el dogma de
la divinidad, de Jesús , en que no creyó Jesús
mismo .
Hasta otra. Sabe es su amigo afectísimo
Miguel de Unamuno.
Sobre el espíritu filosófico del autor
No hace mucho tiempo que, r comentando
otro libro de Nin Frías, señalaba yo lo diferen-
te, y aun opuesto, de nuestros respectivos pun-
tos de partida, en nuestra orientación ideal. El
procede — decía — del protestantismo, yo del he-
lenismo; pero después de notar esta diferencia
agregaba que, á pesar de ello, nuestros espíri-
tus se aproximaban más cada día y convergían
á un mismo término, porque toda gran ruta
ideal, no importa cuál sea, lleva en dirección á
la armonía, á la amplitud, á la comprensión de
todo lo bueno, á la amistad con todo lo her-
moso.
Y he aquí que ha llegado la ocasión de que
luchemos juntos, porque esta es la hora en que
me ha tocado asumir, contra ciertas tendencias,
la defensa de la tradición cristiana y del ideal
cristiano, á pesar del paganismo de mi imagi-
nación y de mi gusto artístico.
X
SOBRE EL BSPÍRITU FILOSÓFICO DEL AUTOR
He explicado recientemente cómo cabe par-
ticipar sin contradicción de ambas devociones.
La obra de Grecia perdura en lo mejor de
nuestra mente: es el sentido de lo bello, la in-
vestigación metódica, el pensamiento libre. Sin
la persistencia de esta obra, el cristianismo
sería un veneno que consumiría hasta el último
vestigio de civilización. Las esencias más salu-
tíferas, los específicos más nobles, son terribles
venenos tomados sin medida ni atenuante. Es
una gota de ellos lo que salva; pero no por ser
una gota deja de serla parte esencial en la pre-
paración en que se Ies administra. Lo que en
la redoma del farmacéutico da el olor aromáti-
co, el color, la eficacia medicinal, 1a virtud tó-
nica es, á menudo, una gota diluida en muchas
partes de agua. El agua fresca y preciosísima,
el agua pura de la verdad y la Naturaleza, es lo
que Grecia ha suministrado al espíritu de
, nuestra civilización. Agradezcamos esta agua,
pero no desconozcamos por eso la gota de
quinta esencia que la embalsama y le da virtud
de curar y la guarda de que se corrompa.
Ambos principios han llegado á reunirse en
la complejidad de nuestra alma, en nuestro
concepto de la vida; pero no sin conflicto fre-
cuente, no en síntesis perfecta y estable, sino
más bien como mezcla que sólo se consigue por
la tenaz agitación del vaso en que los dos ele-
mentos se contienen. La concordia definitiva,
SOBRE EL E9PÍR1TU FILOSÓFICO DEL AUTOR XI
Ja unión íntima y segura, ¿es asequible y se
producirá alguna vez? Cabe esperarlo de esta
misteriosa alquimia que tiene por laboratorio
el tiempo, y por material las idees y los senti-
mientos humanos.
Uno de los conductores de olmas que en
nuestro ambiente pueden cooperar con más
eficacia á esa tarea es, sin duda, Nin Frías.
Pertenece al escaso número de los escritores
que, en nuestro idioma, tratan con amor y con-
ciencia el problema religioso (así lo ha reco-
nocido Unamuno), y suyo es principalmente
el mérito de haber atraído á ese alto objeto la
atención de nuestra juventud. Su interpretación
y comprensión del cristianismo es amplia, de-
licada y profunda, y no excluye un vivo y justo
sentimiento del espíritu clásico. Este cristiano
sabe el modo de sacrificar, sin inconsecuencia,
en el altar de las Gracias. Tiene un hondo sen-
tido moral y religioso, y tiene además un claro
sentido do lo bello.
José Enrique Rodó.
Bu Dictionairc International
des Écriuains du Monde Latín
Littérateur et critique, journaliste et profes-
seur, a revélé, dans son jeune age, un rare ta-
lent, un esprit original et une érudition peu
commune.
Né á Montevidéo, il a fait son éducation en
Angleterre, en Belgique et en Suisse, se for-
mant á l’école critique et positiva des Taina et
Carlyle. Mais son positivismo n’est jamais pe-
simiste: sa visión de beauté et de vérité l’em-
porte toujours: cJ’aime le suggestif», dit-il; la
suggestion du bien, la suggestion du beau, font
de ce jeune homme un intellectuel exquis.
II a fondé á Montevidéo la Société Cervan-
tes, et il travaille avec toute son ardeur á rele-
ver le niveau intellectuel de son pays. La criti-
que littéraire a acueilli avec enthousiasme les
premiers essais de ce jeune et puissant littéra-
teur, qui semble destiné á jouer un role consi-
dérale et bienfaisant dans l’Uruguay.
XIV
DU DICTI0NA1RE INTERNATIONAL
Sur les traces de ces deux maitres, Renán et
Taine, il ateindra ó son tour les hauteurs.
On lui doit aussi un essai en franoais sur
La religión de Taine (1900), un essai sur Cervan-
tes (1900), á l’occasion de la création de la so-
ciété littéraire Internationale de ce nom; mais
surtout des Ensayos de critica é historia y otros
escritos (1902), 309 pages; Nuevos ensayos de cri-
tica (1904), 250 pages. A la fin de cet intéressant
volume, se trouve une bibliographie compléte
des écrits de ce jeune et brilla nt littérateur en
voie de devenir á son tour un maitre.
On lui doit en plus L’Arbre, livre de lectura
pour les écoles primaires de son pays, en vue
de la propagando pacifiste. Ce livre est pieuseu-
ment dédié á la mémoire d’Elisée Réclus et á
la sympathie pour son frére Onésime, deux au-
teurs favorits du jeune écrivain.
En outre il a publié cette année 1906: Études
sur Jésus et son influence, 120 pages; Essai sur
la vie de l'étudiant et ses rapports avec la mora-
le, qui a été le sujet d’une conférence donnée á
l’Université de Montevidéo (1906); en ce moment
il prépare un volume avec ses meilleurs essais
édité par la maison Sempere, de Valence (Es-
pagne), et un étude sur le celebre styliste et pen-
seur uruguayen J. E. Rodó.
Ajoutons qu’il y a quelques jours le grand
journal argentin La Nación a publié un article
íort important de Nin Frias. Or, chacun sait
DES ÉCR1VAJNS DD MONDE LATIN
XV
avec quel soin l'organe de Buenos-Aires trie les
travaux qui lui sont remis. Acueillir l’oeuvre de
Nin Frias c’est un nouveau et serieux homma-
ge pui lui a été rendu.
Borne , 1906
DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR
Por César L. Rossi
Nació en Montevideo, el 9 de Noviembre de
1879. Él puede repetir, respecto de sus antepa-
dos, la frase de Marco Aurelio, el piadoso em-
perador romano: «Recibí de mi abuelo costum-
bres apacibles, paciencia inalterable; de mi
padre, vigor, y de mi madre, instintos piadosos,
generosidad: no solamente no hacer nunca el
mal, sino que tampoco pensarlo siquiera.»
En 1887, su padre, el doctor Alberto Nin,
presidente entonces del S. Tribunal de Justicia,
fué nombrado encargado de negocios en Ingla-
terra, trasladándose á ese país con toda su
familia. El joven Alberto continuó allí sus estu-
dios primarios. La familia del doctor se trasla-
dó á Wíndsor, preciosa ciudad donde residen
con preferencia los reyes de Inglaterra. En este
ambiente pintoresco y poético se deslizó la so-
ñadora infancia de Nin Frías. La influencia del
medio de que nos habla Taine — el gran maestro
2
XVIII
DATOS BIOGRÁFICOS DEL ACTOR
de Nin Frías — , determinó en éste una admira-
ción muy pronunciada por las bellezas de la
Naturaleza, de la cual ha sido siempre un ob-
servador amante y sagaz. Espíritu esencialmen-
te religioso, las serias cuestiones del destino
humano tenían un lugar preferente en su pe-
queña vida intelectual.
Á los catorce años hizo un viaje á Italia, en
compañía de sus padres. Varias veces, en ínti-
mas confidencias, nos ha hablado de ese viaje,
y siempre notamos que guarda un recuerdo
dulcísimo de aquel magnífico país: su libro de
viaje es la mejor prueba de ello. Y notamos
también que, aunque muy joven todavía, ya ob-
servaba las cosas de una manera seria 6 la' vez
que picaresca. Sin duda, esas circunstancias
tuvieron una gran influencia para su amor por
la Historia y el Arte.
Algún tiempo después, volvió con su familia
á Montevideo, donde permaneció seis meses.
De nuevo en Europa, ingresó al Colegio Inter-
nacional de Ginebra (Suiza), donde hizo sus
estudios de francés y siguió el curso de bachi-
ller en ciencias. Pasó luego á Berna para estu-
diar el alemán y continuar luego sus estudios
superiores en Alemania. Su conversión al cris-
tianismo evangélico es una de las páginas más
interesantes del libro de su vida, tan rico en
experiencias morales é intelectuales. Las pri-
meras manifestaciones que de la libertad para
DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR
XIX
elegir el camino de su salvación eterna recibió,
fué en Wíndsor, donde conoció la Biblia. Es
sabido que en las escuelas inglesas las clases
comienzan por la lectura de las Sagradas Es-
crituras.
Nin Frías, en su carácter de católico, fué pri-
vado de asistir á esas clases; pero él halló el
medio de anular esa disposición, yendo á escu-
char, detrás de 1a puerta, los cursos bíblicos de
sus jóvenes condiscípulos. Su joven imagina-
ción sintió ansias de esa lectura, y tanto habló
de ella á sus padres, que éstos concluyeron por
tolerar sus inclinaciones á la Biblia, regalándo-
le un ejemplar de la Vulgata, ejemplar que
nuestro distinguido amigo conserva como un
precioso tesoro de su infancia. Nos cuenta que
su ocupación preferida, su diversión más ama-
da, consistía en reunir, los domingos, á sus pe-
queños hermanos y enseñarles la historia del
pueblo de Israel y los cánticos sencillos y con-
movedores de los himnarios evangélicos.
Quizás sea por la comunión de ideas, pero
podemos asegurar que la faz más interesante
de este «joven filósofo» (como lo ha sancionado
la crítica) la vemos en sus ideales religiosos.
¡Cuántas veces nos extasiamos, soñando en co-
sas lejanas, al escuchar á Nin Frías en sus
conversaciones sobre el «más allá»,., sobre su
inmensa fe en una vida futural...
Los gérmenes de cristianismo recibieron su
XX
DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR
sazón en Berna, donde asistió con frecuencia á
la Iglesia reformada, haciéndose bien pronto
un espiritualista convencido. Desde entonces el
espíritu de San Pablo y Lulero — esa fortaleza
de carácter que sólo el cristianismo puede ge-
nerar — han impreso un sello característico en
todos los numerosos y profundos escritos de
Nin Frías.
En aquella época, su padre había sido mi-
nistro plenipotenciario de nuestro país en Bél-
gica y Suiza, además de Inglaterra, pero ciertas
circunstancias de orden privado determinaron
al doctor Nin á regresar al Uruguay.
Nin Frías, que había ingresado al colegio de
San Luis de Bruselas, se vió en la precisión de
abandonar sus cursos y seguir á su padre á
América.
El director del Colegio Internacional de Gi-
nebra había dirigido, poco antes de abandonar
la Suiza, al doctor Nin una carta que hemos
leído y constituye una profecía, hoy hermosa-
mente cumplida, sobre lo que sería el talento
y el carácter de nuestro biografiado.
Definitivamente en su patria, Nin Frías ha
ocupado distintos puestos, revelando en todos
condiciones excepcionales. Ha sido encargado
de sección en el Museo Pedagógico, y hoy des-
empeña el puesto de Bibliotecario en la Cáma-
ra de Representantes. Profesor de idiomas en
la Facultad de Comercio, sustituto de Filosofía,
DATOS BIOGRÁFICOS DEL ACTOR XX [
catedrático de Inglés en la de Preparatorios de
nuestra Universidad. En este primer centro de
enseñanza, Nin Frías es justamente muy soli-
citado: formó parte del tribunal examinador en
el concurso para llenar la cátedra de Francés,
y se le llama para todas las mesas examinado-
ras de idiomas y Filosofía.
El 28 de Octubre de 1905, inició con los jó-
venes Juan Carlos Gómez Folie y Wáshington
Paullier un Comité de juventud intelectual co-
lorada, para manifestar al doctor Claudio Wi-
lliman la simpatía con que era recibida su
candidatura entre el elemento joven. Dicha ini-
ciativa, como se sabe, tuvo el más franco y
brillante éxito, recibiéndose, desde un princi-
pio, numerosas adhesiones de los departamen
tos. Esos trabajos fueron continuados activa-
mente, y después de la Asamblea verificada
por la Juventud Colorada en el Instituto Verdi>
dió origen al actual Comité Pro-Williman de
la Juventud.
Es socio corresponsal del Ateneo de Guate-
mala, corresponsal de El Mundo Latino , de la
Sociedad Heleno-Latina de Roma, del Ruskin
Hall de Oxford, de la Revista positiva de Méji-
co, de la Revista de Derecho , Letras ó Historia
de Buenos Aires, de la Revue Américaine de
Bruselas, de la Ilustración Sudamericana , etcé-
tera, etc.
Ha publicado varias obras de aliento, entre
XXII
DATOS BIOGRÁFICOS DEL AUTOR
ellas un Ensayo sobre la Sociedad Cervantes (de
la cual es iniciador); numerosos estudios críti-
cos, históricos y filosóficos, un estudio sobre la
religiosidad de Taine, dos volúmenes de Ensa-
yos de crítica é historia, varios estudios en las
revistas más importantes de Sud-América, una
conferencia sobre la vida del estudiante y la
moral, Estudios sobre Jesús y su influencia f un
libro de lectura, El Arbol , y otros muchos es-
critos, en los que campea su maravilloso espí-
ritu de pensador y observador.
Á la extensa lista de sus escritos, habría que
agregar ahora el tomo de Ensayos de crítica é
historia que la Casa Editorial Sempe^e, de Va-
lencia, acaba de publicar. La importancia de
esa biblioteca es de todos conocida: en los li-
bros que ha publicado está el torrente de luz
que iluminará la futura grandeza de Hispano-
América. Un crítico justiciero ha señalado esta
aparición en los siguientes términos:
«La obra de Nin Frías, bajo la etiqueta de
la casa Sempere, recorrerá todos los países de
habla castellana, llevando á ellos, por vez pri-
mera en esa encuadernación, una voz del pen-
samiento uruguayo.»
(Publicado en el Trabajo, de Canelones— Añe L núm. 9.)
ENSAYO
sobre las obras que la Casa Sempere ha publicado
acerca del cristianismo
ENSA YO
sobre las obras que la Casa Sempere ha publicado
acerca del cristianismo
I, El cristianismo según la Iglesia libre. (Análisis de las
ideas del profesor T. M. Lindsay, de Glasgow.) — II. El
cristianismo y sus comentadores: Strauss; Renán; Maeter-
linck: Tolstoi; Draper; el barón d’Holbach; Nietzsche; el
nuevo realismo y el antiguo idealismo; el ideal de Occi-
dente y el ideal de Oriente; la misión de la ciencia; el
verdadero cristianismo; necesidad de nuevos ideales; lu-
cha de tendencias; un juicio de Max Nordau. — III. El
ideal insustituible; el testimonio del positivista Juan
Morley; de Goethe; de Spencer; del psicólogo Guillermo
James; una invitación para el estudio de estos proble-
mas. Reflexiones finales.
I
Debido á la gentileza nunca desmentida de
esta Casa Editorial hacia el pensamiento eleva-
do y culto, publico estos estudios religiosos.
Contribuyo así con mi pequeño esfuerzo á pre-
sentar al neo-cristianismo. En mí no habla el
XXVI
ENSATO SOBRE OBRAS
creyente á ciegas, ni el protestante liberal, que
he sido desde los quince años, sino el profundo
amigo de la ciencia y de la belleza moral que
expresa en esta forma el agradecimiento por
cuanto el cristianismo ha contribuido á mis sa-
tisfacciones físicas, morales é intelectuales, por
cuanto me ha hecho atiabar la inmarcesible ar-
monía del Universo.
La humanidad no debe ni puede vivir en el
pasado, pero es su deber continuarlo bajo for-
mas mfts perfectas. Una imagen sugestiva y
verdadera á la vez del concepto de la vida y
del progreso era aquella que perpetuaba en
Atenas la fiesta simbólica de las lampadopho -
rie. Para esa solemnidad se colocaban varios
ciudadanos á cierta distancia unos de otros
formando una cadena. El primero del círculo en-
cendía una tea en el fuego del altar, y luego la
transmitía, tal como la había recibido, al otro,
y así sucesivamente. Cada uno de los concu-
rrentes sólo debía preocuparse de conservar el
brillo de la llama. Así es la vida mental, asi es
la luz del cristianismo, que lleva en la mano
nuestra civilización.
Nuestro deber presente no es extinguirla,
sino buscar su mayor esplendor, á fin de que se
extienda la visión de lo bello y moral á todos
los seres.
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XXVII
¿Pertenece la filosofía cristiana á un régi-
men que cesa ó á uno que se afianza?
La lectura de estos Ensayos por un lado y
las obras de Ernesto Renán, Draper, David
Strauss, de Mseterlinck, Merejkowsky, Tolstoi,
Nietzsche por otro, podrán sugerir al lector
consciente una idea cabal de la elevada teoría
cristiana.
Cualesquiera pueda ser la opinión definitiva
que adopte la sociedad futura respecto al cris-
tianismo, no podrá negársele, á la par de los
grandes sistemas filosóficos y morales del mun-
do, el haber sido una brillante y vigorosa etapa
de la mente humana en la ruta, áspera hacia
sus inmortales destinos.
La palabra cristianismo proviene del adje-
tivo cristiano , que á su vez se deriva del griego
cristos , es decir, ungido; en su más lato sentido
se aplica á la religión introducida por el hebreo
Jesu-Cristo y comunicada á sus discípulos.
Está constituido por dos elementos: el uno
objetivo , la revelación de la mente infinita al
hombre á efectos de su salvación; el otro subje-
tivo , la posesión de esta manifestación y lo que
implica para el ser humano, mediante la fe.
La vida de Jesús y de su pueblo, que cons-
tituye la esencia del cristianismo, se manifiesta
en una organización visible y externa con ob-
XXVIII
ENSAYO SOBRE OBRAS
jeto del culto, que vulgarmente se llama iglesia,
Pero este culto no es el cristianismo, y aun
menos lo son las diversas instituciones y cere-
monias por las cuales se efectúa el culto.
El cristianismo no puede menos de afectar
poderosamente todo el elemento intelectual de
la vida del hombre... El cristianismo no puede
menos de diferir de Platón y Aristóteles en su
concepción de Dios. Él considera al pecado
como algo que se extiende á toda la raza huma-
na, mientras que el pagano lo cree un error 6
desgracia de los individuos... La teología y el
cristianismo son dos cosas muy distintas...
Las críticas hechas al cristianismo por las
Dietas, reforzadas por los enciclopedistas (1),
de que Jesús era un charlatán y que todo su
Bistema se basaba sobre el fraude, han des-
aparecido. Otros han creído ver en él una de las
tantas religiones que contiene parte del patri-
monio de las grandes verdades. Este es el punto
de viBta evolucionista.
La escuela de Tubinga, á la que pertenece
Strauss, ha sugerido el método seguido por la
mayor parte de los filósofos supernaturistas. Su
método consiste en una crítica negativa, inge-
niosa, para separar los elementos primitivos del
(1) Y. Moisés, Jesús y Mahoma, por el barón d'Holbach.
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XXIX
cristianismo, tales como se presentaron en la
mente de Jesús y los comunicó á sus discípulos,
y los demás elementos agregados después por
adherentes más filósofos.
Este sistema tiende á explicar cómo surgió
la armonía actual del conflicto entre las dos
tendencias opuestas, es decir, entre el judaismo
y el anti judaismo.
Para estos comentadores, Jesús es un rabino
judío y su religión sería no sólo producto suyo,
sino la combinación de sus ideas con elementos
pertenecientes á la civilización romana, á la
filosofía griega y á la oriental. Todo esto se
prueba por evidencias internas y en la premisa
de que el cristianismo no es un producto sobre
natural. Para los que niegan lo sobrenatural,
el cristianismo sólo es una fuerza moral... La
Biblia y el cristianismo no pueden separarse,
mas exiBten con respecto al libro dos opiniones
fundamentalmente distintas. Los naturalistas lo
consideran como un compendio de verdades abs-
tractas, que pueden condensarse en dogmas y
resumirse en credos, mientras que aquellos que
se atienen más á la interpretación espiritual del
cristianismo estiman á la Biblia como un medio
por el cual Dios se revela al lector creyente...
El cristianismo no es meramente una revolución
social ó paso natural en la marcha del progreso
XXX
ENSAYO SOBRE OBRAS
humano. E 9 una religión cuyos origenes no hay
que buscar dentro de la naturaleza humana,
sino fuera de ella. El cristianismo empezó su
carrera en el mundo en una época política, social
y religiosa singularmente propicia al adveni-
miento de una nueva religión universal y espi-
ritual.
El cristianismo, al solucionar el problema de
su conexión con el judaismo, acertó en cuatro
grandes cuestiones, pero al mismo tiempo incu-
rrió en cuatro grandes errores. Estos últimos
fueron el dar á la fe el ascendiente intelectual
al prestar á la Biblia un aspecto completamente
intelectual, al delinear los credos infalibles y al
conferir á una clase privilegiada el poder de
interpretar las Escrituras y regularizar la disci-
plina eclesiástica. Las causas de sus rápidos
progresos, pueden reducirse á estas cinco que
formuló Grilbbon:
1. a , el inflexible celo de los cristianos, pro-
veniente del judaismo, pero desligado del espí-
ritu estrecho é insociable, que en vez de atraer
á los gentiles á la ley de Moisés, los habia ale-
jado de ella; 2. a , la doctrina de una vida futu-
ra, mejorada por una circunstancia adicional,
que podía dar peso y eficacia á esa importante
verdad; 8. a , los poderes milagrosos atribuidos
á la Iglesia primitiva; 4. a , la pura y austera
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XXX['
moral de loa cristianos; 5. a , la unión y discipli-
na de la República cristiana, que gradualmente
llegó á constituir un Estado independiente den-
tro del corazón del imperio romano.
Tres eran las razones que daban los paga-
nos al convertirse al cristianismo:
1. a , la sublimitud y la sencillez de las doc-
trinas cristianas sobre Dios, el pecado y la
salvación; 2. a , la noble pureza de la vida cristia-
na, y más especialmente la de la mujer cristia-
na; 3. a , la grandeza de la doctrina de la crea-
ción, contenida en el Antiguo Testamento...
La influencia política del cristianismo es tan
noble como su poder moral; influyó mucho sobre
el paganismo, en cuyo seno fué arrojado.
Fué ei cristianismo quien comunicó al mundo
estos dos grandes factores de la libertad civil:
una opinión pública consolidada y un sistema
eficaz de gobierno representativo...
La tranquila influencia ejercida por el cris-
tianismo sobre la mente humana, y especial-
mente sobre las investigaciones científicas, es
demasiado importante para no mencionarla. Los
escritores anticristianos se han combinado para
hacer resaltar la hostilidad existente entre la
religión y la ciencia.
...Semejantes críticas se parecen á los movi-
mientos para derribar la escalera con la cual ha
XXXII
ENSAYO DE OBRAS
ascendido al Bitio que ocupa. El cristianismo no
creó la filosofía ni la ciencia... Estos fueron los
últimos vestigios de la civilización pagana que
se opusieron á la conquista cristiana.
Muy pronto, sin embargo, la filosofía y el
cristianismo hicieron las paces, y en los escritos
de San Agustín hallamos el más noble platonismo
junto á la más elevada teología cristiana.
Lo cierto es que la ciencia tiene necesidad
de construir sobre el fundamento provisto por
el cristianismo, base que el paganismo no tiene
la aptitud de dar, ó por lo menos nunca dió.
La ciencia presupone y reposa sobre la uni-
dad y uniformidad del universo, y esta idea,
estrictamente hablando, es un concepto cristia-
no. Aristóteles, el más científico de los filósofos
de la antigüedad, no fué capaz de concebir la
uniformidad de la Naturaleza según el sentido
que esa frase tiene para el pensador moderno.
Sus concepciones de la materia y de la for-
ma, de la potencialidad y de la actualidad y
otras, implicaban una sutil dualidad que se
oponía á tales ideas,
La uniformidad de la Naturaleza, capacidad
del ideal, para realizarse en las cosas actuales
siempre tendían á detenerse por una resistencia
interna de la materia, opuesta en ocasiones á
someterse á la ley. Fué esta la idea que impedía
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XXXIII
el resurgimiento de las ideas modernas concer-
nientes á la uniformidad de la Naturaleza y de
la totalidad de las cosas é ideas esenciales á la
ciencia.
...El cristianismo no se propuso la solución
ni aun el enunciado de problemas científicos;
su anhelo de acercarse á Dios lo habilitó para
ver ahondar más el problema de la base de la
ciencia que lo hubiese podido hacer el pensa-
miento pagano.
Las doctrinas de la creación y de la Provi-
dencia también presentan los fundamentos
sobre los cuales se alza la ciencia moderna. La
doctrina cristiana de la creación establece que
todas las cosas dependen absolutamente de
Dios.
Nosotros y todas las cosas nacemos de Dios
y de nadie más.
Prácticamente Dios es el todo en todos nos-
otros, pues todas las cosas se originan en él y
sólo dependen de él. La doctrina de la Provi-
dencia señala el mismo pensamiento bajo otra
forma. El nervio de esta doctrina es que Dios
puede y hace concurrir efectivamente todas las
fuerzas de la Naturaleza para el bien de su
pueblo... De esta suerte la idea de Dios, como
creador y conservador de todo, presta una com-
pleta unidad al Universo, idea á la cual nunca
3
XXXIV
ENSAYO SOBRE OBRAS
llegó la filosofía pagana; ésta originó el concep-
to de la uniformidad de la Naturaleza, exigido
por la ciencia. El proceso mediante el cual el
cristianismo hizo penetrar esta idea al intelecto
humano, fué largo. Sólo cuando esto hubo suce-
dido, fué cuando avanzó la ciencia. La tarea de
la escolástica fué esa.. . La corrupción que apa-
reció en el cristianismo se debió en parte al es-
píritu del judaismo, á la política mundial de
Roma, á la superstición pagana y á la inmora-
lidad. La transformación del reino cristiano de
Dios en una monarquía visible, de la cual las
santas eran herederas; el abandono de Roma
por los emperadores y el debilitamiento progre-
sivo del poder civil, contribuyeron también á
ese resultado. La infiltración en la Iglesia de la
concepción hebrea del sacerdocio y del culto
simbólico del templo, también fueron factores
en la evolución regresiva de la pura y amplia
doctrina de Jesús.
He ahí esbozadas á grandes rasgos las ideas
de un espíritu evolucionista, la síntesis hermo-
sa y francamente intelectual á que arriba el
pensador cristiano cuando no detenido por nin-
gún preconcepto, analiza el Evangelio y su po-
deroso desarrollo en la historia del mundo. Los
pensadores ingleses y norteamericanos que han
tratado este tema son legión, pero en un sentí-
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XXXV
do casi constantemente opuesto al de los filóso-
fos anticatólicos del Continente. En muchas de
las severas críticas y apóstrofes contra el cato-
licismo ha ido envuelto el cristianismo primiti-
vo. Es necesario deslindar posiciones como los
pensadores que he mencionado. No han busca-
do destruir ni anonadar, sino edificar é iluminar
las conciencias con nuevos aspectos de la au-
gusta verdad.
El hombre de nobles tendencias siempre
busca unir su esfuerzo al de todas las demás
almas bellas. Recuerdo en este momento á un
autor con quien he vivido en espíritu por las
épocas de vida intensa, que fueron el reinado
de Juliano y el Renacimiento. Cuanto hay de
insaciable en las aspiraciones del alma huma-
na, las he sentido al leer sus novelas cien veces
grandes, mil veces bellas. Scott ni Hugo supie-
ron evocar mejor el pasado, ni Taine adivinar
el secreto, el misterio que toda alma bella lleva
en sí. Hablo de Dimitry Merejkowsky, cuyas
obras son de lo más notable que ha publicado
esta Casa Editorial. En esas obras hay arte,
hay sabiduría, está el pasado con los caracte-
res insinuantes de la realidad.
Recuerdo uno de los capítulos de La resu-
rrección de los dioses en que se describe el ha-
llazgo de una maravillosa estatua, esculpida
XXXVI
ENSAYO SOBRE OBRAS
allá en la adolescencia del mundo. El fanatismo
de los que se apoderaron del Evangelio para
imponer sus ambiciones y caprichos la había
ocultado allí, pensando acaso el que lo hiciera
que tras aquella época de pasiones malsanas
se sucederían otras de hermosa y libre menta-
lidad. El cristiano que así pensó, conocía á
fondo el maestro. El Renacimiento y la Reforma
fueron gemelos; la vuelta al cristianismo pri-
mitivo también fué un regreso al arte de Atenas
y á la grandeza de su filosofía. Lo ocurrido con
la Venus sucedió con las ideas de Jesús; sólo
en el siglo pasado pudo contemplársele tal cual
se presentó en los valles de Palestina y al bor-
de de los lagos. Como ese símbolo de piedra de
la belleza eterna que es la Venus de Milo, él es
el complemento viviente, el soplo de vida de
ese ser inerte, pero tan poderosamente sugesti-
vo, que los hombres le confunden con lo eterno
é impalpable.
La belleza infinita sólo reside en Dios.
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XXXVII
II
David-Federico Strauss nació en 1808, cer-
ca de Stuttgart. Después de cursar todos los
altos estudios de las universidades, estudió á
Schleirmacher y luego á Hegel. Flotó, durante
algún tiempo, entre un misticismo exagerado y
la negación categórica de todo lo sobrenatural.
En el siglo XIX puede considerársele como el
más mortal enemigo del cristianismo y un po-
deroso agitador de conciencias. Fué el creador
de la crítica más disolvente hecha al cristia-
nismo.
En 1835 publicó su célebre Nueva vida de
Jesús, que tan honda impresión produjo sobre
viejos y jóvenes en la erudita Alemania. En
1872 publicó, después de cuarenta años de la-
bor intelectual contra la veracidad de los Evan-
gelios, La antigua y la nueva fe. En estas obras
expone la ruina de todos los misterios cris-
tianos. Aconseja creerlo todo ó nada. Profundas
inconsecuencias de criterio se notan entre sus
primeras y últimas obras. No posee este origi-
XXXVIII
ENSATO sobre obras
nal innovador de los estudios religiosos la sim-
patía amorosa necesaria para comprender bien
toda obra, cualidad que debe tener todo crítico
en el sentir del divino Goethe.
A pesar de todo su nihilismo, muchas veces
desconsolador, no puede morir sin oir las pági-
nas que escribiera Platón sobre la inmortalidad
del alma. Quiso embellecer su funeral con el
rito helénico, y que por encima de los lamentos
de los suyos resonaran los sutiles acordes de
Mozart.
Strauss sugiere mucho, pero no convence,
porque por encima de la dialéctica más sutil y
la argumentación más lógica está la ambición
humana, el instinto, el presentimiento de un
progreso indefinido para el cerebro humano, que
finalmente penetrará los grandes misterios...
Strauss ha ejercido una influencia enorme
sobre el libre pensamiento moderno. Sin él,
Renán no hubiese sido. Ninguno que desee estu-
diar el pensamiento cristiano, sus crisis, su
evolución, sus triunfos y bus derrotas, puede
dejar de leerlo,
La vida de Jesús por Renán es, ante todo,
una obra de arte, modelo de panfleto, escrito
en un francés impecable y con tendencias á la
novela histórica. Nada más hermoso y seductor
que la dedicatoria de esa obrita, adornada de
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XXXIX
la más pura belleza. Esta obra embellece, sin-
gularmente, el concepto humano del Cristo.
En su Anticristo , sus Estudios religiosos , El
Evangelio y la segunda generación cristiana y
Marco Aurelio y El fin del mundo antiguo , des-
cribe la epopeya del cristianismo en lucha, pri-
mero con el judaismo y luego con el formidable
imperio romano. De todos ellos se deduce la
suma importancia de la persona de Cristo en la
historia y de sus ideas en el porvenir religioso
de la humanidad. Renán seduce siempre por el
aticismo de su frase elegante, su pensamiento
conciso y justo, sus juicios respetuosos y sim-
páticos sobre el cristianismo que amó profunda-
mente. Sin tratar el punto directamente, M^e-
terlinck, en el Tesoro de los humildes (1), revela
á cada paso la dulce nostalgia por el mundo del
espíritu, su preocupación por todo lo sutil en la
vida humana — cosas todas que el cristianismo
incita á comprender y amar — . Como de un bajo
relieve se disloca de este libro, tan hermoso
como breve, un concepto profundo de la existen-
cia. León Tolstoi, en La verdadera vida } seme-
jante á un nuevo Strauss, creyente en la virtua-
lidad poderosa de Cristo y su ley, interpreta su
modo peculiar de concebir al cristianismo.
(1) Publicada por esta Casa Editorial.
XL ENSAYO SOBRE OBRAS
Del fondo de la Rusia, tan deseosa de eman-
ciparse como otrora las poblaciones esclaviza-
das del imperio romano, sale esa voz austera
para saludar en el cristianismo á una doctrina
superior, á un sistema social aun por realizarse
y á una fuerza de incalculable poder para el
bien de la humanidad.
En Los conflictos entre la religión y la ciencia,
el erudito Juan G. Draper historea el titánico
esfuerzo del pensamiento humano por emanci-
parse no tanto de la religión como del poderío
eclesiástico que durante tantos siglos retardó
el progreso del mundo. Estudia soberbiamente
al catolicismo latino. Esta cuestión es de las
que más debieran interesar al español y al
americano, pues aun la fe que impusiera la
Iglesia allá en las tinieblas del pasado pesa
como una capa de plomo sobre nuestra menta-
lidad.
Es necesario convencerse de que el abismo
entre la Iglesia y el espíritu moral moderno se
ahonda. La crisis es inmineute. Es indispensa-
ble poseer todo el bagaje posible para afrontar-
la con la razón, única arma del pensador.
Bello sería que, como en otras épocas, la Igle-
sia se pusiera al frente de la civilización. Gu-
yau, ese armonioso espíritu, soñaba en la utili-
zación de las inmensas fuerzas del catolicismo
ACEROA DEL CRISTIANISMO
XLI
y de su sacerdocio en la gran obra de regene-
ración social.
Ei barón d'Holbach, el célebre enciclope-
dista, estudia escépticamente la personalidad
de los grandes reformadores Moisés, Jesús y
Mahoma. Es un buen ejemplo del modo de pen-
sar en materia religiosa de los hombres que con
la ironía, el saber y la crítica despiadada, pre-
pararon el advenimiento de la Revolución fran-
cesa.
Toda la obra de Níetzsche se encuentra im-
pregnada de crítica acerba al cristianismo. La
tendencia manifestada notablemente por el cle-
ro católico hacia el aislamiento del mundo y sus
legítimos placeres es lo que más rebela á este
filósofo, enartnorado de la vida y sus satisfac-
ciones.
Al cristianismo opone su concepción darwi-
niana del superhombre, especie intelectual su-
perior que, á manera de los paquidermos de la
historia natural, dominaría por su fuerza á los
demás seres.
En su intenso afán de satisfacer su más vo-
luptuosa sed de arte, el filósofo aletnán olvida
á los microbios, á la plebe, que como aquéllos
la salud del cuerpo, dominan al resto de los
hombres.
Creo más bien, con un filósofo escocés, que
XLII
ENSAYO SOBRE OBRAS
Wordsworth reveló mayor perspicacia cuando
se dirigió á la Naturaleza para percibir la ma-
nifestación y el significado espiritual del Uni-
verso, y aun más pienso con Goethe que es el
espíritu del planeta el tejedor del traje vivien-
te de la Divinidad.
«La lección para el idealista», prosigue esta
mente sutil, si me es permitido hacer uso de una
frase de Carlyle, es la siguiente:
« ¡Cerrad vuestro Browning, abrid vuestro
Goethe; cerrad vuestro Berkeley, abrid vuestro
Platón; cerrad vuestro Bradley, abrid vuestro
Hegel!» «Espero — continúa observando — que
cuando se cierren las obras de Browning, Ber-
keley y Bradley no se las lacrará hermética-
mente, y que al leer á Goethe, á Platón y á
Hegel se hará con ánimo crítico...
»Pero lo que quiero significar con todo esto,
es que nuestro deber es aprender á considerar
más objetivamente nuestra experiencia, si de-
seamos toda vez que el mundo se vuelva más
inteligible para nosotros. No afirmo de ningún
modo que pueda presentarse á nosotros como
completamente comprensible en esta vida pre-
sente. Esto sólo puede suceder al final del pro-
ceso. Creo que éste debe llegar á su término y
que veremos las cosas tales como son en ver-
dad. Confieso abiertamente que, en la actual
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XL1II
encarnación, estamos aún en los pasos más ele-
mentales de la marcha ascendente, y nuestras
mejores teorías tan sólo son hipótesis para pro-
seguir la investigación» (1).
El libre pensamiento, credo de la mayoría
de los autores de que he hecho mención, cum-
ple con esta preciosa idea que Ibsen ha expre-
sado tan hermosamente en Hedda Gabler (2): «Se
respira con mayor libertad cuando se ve algo
independiente y valeroso en el mundo, algo ilu-
minado por un rayo de belleza absoluta.»
La verdad única sólo existe en el mundo di-
vidida; para llegar á poseerla, fuerza es cono-
cer todoB los aspectos de la cuestión.
Este estudio obedece á esa afirmación, y bus-
co ir al encuentro de todas las ideas con el ánimo
abierto y el corazón lleno de afecto. Sigo se-
reno el principio de Goethe: «La simpatía afec-
tuosa es esencial para la crítica productiva.»
En un hondo libro sobre el ascetismo indio,
leí un juicio vigoroso que condensa á maravilla
mi pensamiento frente al conflicto entre la sa-
biduría humana y las ansiaB del espíritu por el
más hallá; helo aquí: «Lo sobrenatural de
(1) J. M. MakeDzie, El nuevo realismo y el viejo idea-
lismo.
(2) Publicada por esta Casa Editorial.
XL1V
ENSAYO SOBRE OBRAS
Oriente se basa en los hechos físicos... El do-
minio británico en la India ha puesto en lucha
á dos ideales: el de Oriente y el de Occidente.
EL hindú discierne el principio de una lucha
momentánea entre las fuerzas que trabajan
para el renunciamiento del mundo por un lado
y para la acumulación de la fortuna por otro
la ciencia es un enemigo mortal de lo sobrena-
tural... El p/ueblo de la India retendrá durante
bastante tiempo el espíritu ascético para conti-
nuar la vida sencilla y frugal de sus antepasa-
dos, recordando siempre la enseñanza de sus
sabios, á saber: que la verdadera riqueza y Ja
libertad no dependen tanto del dinero como del
dominio y severa disciplina de los deseos desor-
denados. Esta ha sido desde tiempos inmemo-
riales la lección de las más elevadas religionea
del Asia y su evangelio para Europa.»
Estas ideas sugieren toda la importancia
que puede tener el cristianismo — el genuino cris-
tianismo, despojado de todos los elementos ex-
traños y funestos que le han agregado las reli-
giones positivas — para la sociedad moderna. El
objeto espléndido de la ciencia es la conquista
física del mundo.
¡Lector! si quieres palpar toda la belleza,
intensa poesía y utilidad que hay en ese esfuer-
zo mental, lee á uno de los grandes cerebros
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XIV
de la España moderna: á Blasco Ibáñez. Lee
su articulo sobre Caja!, el gran español.
Al alma no sólo le satisface la ciencia, sino
también el ideal, porque siente Bed intensa por
lo inasequible. El neo-cristianiBmo puede aún
desempeñar ese rol. España y las naciones de
América necesitan de ese soplo ideal. De idea-
lidad ha menester el espíritu hispano, según lo
expuso magistralmente el iluminado Unamuno.
Blasco Ibáñez también lo deja entrever en su
deseo profundo por que España se emancipe de
su pasado histórico.
Estos párrafos suyos, estas reflexiones que
no hubiese negado el mismo divino Hipólito
Taine, lo sugieren á voz en grito:
«¡La religiosidad española!... Los hombres
más religiosos de España son los sabios y los
escritores impíos, por la razón de ser los únicos
que se han preocupado del problema religioso,
estudiando, investigando, reflexionando, aunque
el resultado de las rebuscas de su pensamiento
sea negativo y dé en el suelo con las creencias
tradicionales.
»E1 que llega á la incredulidad por reflexión,
es que tiene un alma religiosa, ansiosa por pro-
fundizar el supremo misterio que nos envuelve.
Pero el buen español que va á misa todos los
domingos porque también iban sus padres y
XLVI
ENSAYO SOBRE OBRAS
porque van todas las personas decentes; que
confiesa y comulga á la bora de la muerte,
«porque nada se pierde con ello», y «por si
más allá hay algo que no sabemos», y aparte
de esto, vive como mejor le parece y se ríe de
los curas y desea la desaparición de los frailes,
se quedaría asombrado si le dijesen que Salme-
rón, por ejemplo, es más religioso que ellos,
porque ha estudiado los problemas del alma y
de la idea de Dios, mientras ellos sólo se pre-
ocupan de la última zarzuela del «género chico»,
ó discuten el cartel que regirá las corridas de
toros de primavera. Hombres de ideal á la ma-
nera de los filósofos helenos ó de Iob discípulos
de Melanexton son necesarios á la mentalidad
de la Península y de este continente.»
En hombres como Unamuno, como Vicente
Blasco Ibáfiez, como Cajal, como Sorolla, como
Rodó, palpita la regeneración, la redención y la
orientación hacia nuevas fuentes de salud para
el alma.
Es hora de estudiar el cristianismo con amor,
sin prevenciones: posee belleza, es grande y
majestuoso. En buena hora deshójesele de todo
lo absurdo y malo que le han agregado los fa-
náticos, los perversos, los críticos y vividores,
pero juzgúesele con respeto. Max Nordau, el
vigoroso pensador que desde orillas del Sena
ACERCA DEL CRISTIANISMO
XLV1I
pontifica en nombre de la ciencia, se ocupaba
no hace mucho de la cuestión religiosa.
Decía: «Se inicia con esto (la implantación
del régimen laico en Francia y la reacción con-
servadora en Alemauia con von Bulow) un ex-
perimento sociológico inmenso. Dos grandes
pueblos aplican con toda energía en su ense-
ñanza dos sistemas opuestos de educación. Uno
pone á la escuela bajo la invocación de la cien-
cia, y el otro bajo la de la religión. Uno quiere
que sepa la juventud, que formará la nación
más tarde, y el otro quiere que la juventud
crea.
» Tendrá, pues, un interés supremo observar
el resultado de los dos principios y de los dos
métodos. Como diletante, desearía que los dos
países pudieran realizar íntegramente su ideal
filosófico, para que el experimento fuese con-
cluyente y definitivo.
»Como alemán, deseo ardientemente que el
gobierno prusiano no tenga tiempo de cultivar
hasta la cosecha el grano que se dispone á
sembrar en la mente de toda la juventud del
país. Creo firmemente en la superioridad de la
crítica con respecto al dogma, y todo lo temo
de la decadencia intelectual, que será la con-
secuencia de la clericalización despiadada de la
escuela prusiana. Creo como él, pero poniendo
XLVIII
ENSAYO SOBRE OBRAS
á salvo el principio filosófico de la necesidad de
la fe en el ideal, en la superioridad de la vir-
tud, de la nobleza, de la solidaridad, del al-
truismo, contenidas en el Evangelio, libre de
interpretaciones, independiente de toda organi-
zación eclesiástica. Cierta parte del clero ha
sido el mayor enemigo de la filosofía cristiana.
»Lo infinito está aún por conquistarse; el
hombre siempre mirará hacia el cielo, que le
ofrece, como á Flaramarión, el más vasto cam-
po de la especulación.»
III
Vano es el esfuerzo de suprimir la espiritua-
lidad, la crítica toda, el mal: todo cuanto ha
habido por suprimirla, sólo ha obrado sobre las
masas ignorantes. Á medida que este idealismo,
que la elevada ética del filósofo de Nazaret ha
perdido su dominio sobre el bajo pueblo, ha ga-
nado adeptos entre los grandes pensadores cuyo
criterio parecía alejado de toda preocupación
que no fuera la actividad de los sentidos y la
vida actual.
ACERCA DEL CRISTIANISMO XL1X
Así, Juan Morley, el eminente político inglés,
miembro del actual ministerio liberal, ha dicho
con toda sinceridad en su Vida de Voltaire: «El
común de laB gentes acostumbran á desear una
revelación, ó si no, encuentran en el ateísmo una
sinteBia superior á las otras. Se afirman á una
nueva transmitida milagrosamente con sus espe-
ranzas correspondientes de recompensa y la
comunicación diaria con la divina voz mediante
la oración ó el sacramento; de lo contrario, se
forjan un mundo que se mueve al través del
espacio como una nave monstruosa sin piloto.
La concepción deísta, desprovista de toda ma-
nifestación externa, que concibe á Dios dotado
de poder soberano y suprema clemencia, con
un poder irresistible y un espíritu de justicia
incuestionable; que ama al hombre tiernamente,
pero que al propio no le envia palabra alguna
de consuelo y no le señala el camino de la libe-
ración, es una cosa demasiado dura para quie-
nes sobrellevan las cargas de las bestias, con-
servando conjuntamente la inteligencia dada al
hombre.» ¿Y qué se dirá entonces de la huma-
nidad superior? Por lo que á mí se refiere, si
bien no puedo probar los motivos de mi fe en
el ideal, me eleva de tal modo sobre las contin-
gencias del mundo, volviendo tan hermosa y
elevada mi vida, que aunque fuera incierta mi
4
L
EN8AY0 SOBRE OBRAS
creencia, la aceptaría de corazón como la más
luminosa verdad. Juzgúese de la causa por los
efectos. En sus coloquios con Erkerman, Goethe
se manifestó más vecino al cristianismo que en
los días de potente juventud. Goethe puede me-
recernos toda nuestra admiración; por nuestro
amor de la antigüedad, de la cultura y de la
belleza, somos sus hijos. Dios fuépara él, mien-
tras adoraba con entusiasmos al arte, el inte-
lecto supremo, la razón misma, d amor abso-
luto. El objeto de nuestras oraciones á Dios
debiera ser, según él, grandes pensamientos y
un corazón puro. En ese cúmulo de bellezas que
es Verdad y poesía, dice serenamente: «Amo la
Biblia, la aprecio y es á ella á quien debo mi
cultura moral.» El genial pensador reconoció
ampliamente nuestra deuda para con la Refor-
ma cuando dijo: «No sabemos cuántas gracias
debemos á Lutero y á la Reforma. Por ellos
fuimos delibrados de las cadenas de la medio-
cridad espiritual, nos hemos hecho capaces, por
una cultura creciente, á remontarnos á la fuen-
te, á conocer el cristianismo en su pureza. Desde
aquí en adelante tenemos el coraje de marchar
con paso Arme sobre la tierra de Dios, volvién-
donos conscientes á nuestra naturaleza humana,
que es una naturaleza divina.» El autor del
Fausto hablaba con un respeto singular de
ACERCA DEL CRISTIANISMO
LI
Cristo: «Se rae pregunta ai no es propio de mi
naturaleza el manifestarle el respeto de la ado-
ración, y yo respondo: — Seguramente!...» «Se
rae pregunta si estoy dispuesto á inclinarme
delante un falange del pulgar de Pedro ó Pablo,
y yo respondo: — Ahorradme, dejadme tranquilo
con vuestras absurdidades.»
Un filósofo italiano, Angelo Mosso, al día
siguiente de la muerte de Herbert Spencer se
preguntaba si el gran pensador no fuese un ag
nóstico, ó si después de sus excursiones por la
ciencia no se hubiese inclinado á alguna creen-
cia religiosa. Spencer declaró que nunca había
sentido abandonar al cristianismo, porque nun-
ca lo aceptó. El hombre más sabio se engaña
fácilmente. Cuando terminó sus Principios de
sociología se alejaba ya de su primitivo positi-
vismo. Estas preciosas observaciones nos lo re*
velan hasta la evidencia: «Una verdad debe
siempre volverse más clara, y es ella que hay
una Existencia inescrutable que se manifiesta
en todas las cosas, de la cual el hombre no
puede encontrar ni concebir el principio ni
el fin.
»Entre los misterios que permanecen tanto
más misteriosos cuanto más se piensa en ellos,
quedará esta única certeza absoluta: el hombre
está siempre en presencia de una Fuerza Infi-
L1I
ENSAYO SOBRE OBRAS
Dita y Eterna, de la cual proceden todas las
cosas. »
Á los ochenta años escribía lo siguiente el
noble anciano, cuya vida era un culto continuo
á la verdad: «La idea de un espacio, frente al
cual nuestro sistema sideral inconmensurable
se reduciría á un punto, es un pensamiento que
me aterra, y junto al cual el espíritu se detie-
ne.» Esta idea lo preocupaba sobremanera, y
de ella á la admisión de una banca Suprema,
no hay más que un paso.
De esas últimas cuestiones arranca el fun-
damento de la fe y de la religión; esa es su base
científica. En las últimas páginas de su Auto -
biografía , el sereno, filósofo exponía, aun rin-
diendo así un nuevo tributo á la filosofía de
la creencia, sus ‘postreros vislumbres de la
verdad:
«En el génesis de un sistema filosófico, la
naturaleza emocional es un factor tan impor-
tante como la naturaleza intelectual.»
Estas páginas revelan la esencia más re-
cóndita de la gran alma de Spencer, que par-
tiendo de los datos de la ciencia, llegó á las
conclusiones intuitivas de la teología cristiana.
Á medida que el espíritu del filósofo se ale-
jaba de la juventud, su actitud hacia lo inmovi-
ble se volvía más afectuosa...
ACERCA. DEL CRISTIANISMO Lili
Sentía la energía perenne, mas su mente
no podía abrazarla en toda su magnitud, y como
el más humilde salvaje le propicia sus mieseB,
él le daba los frutos de su entendimiento.
Llega un momento en que creyentes y ne-
gadores nos damos la mano. Frente al problema
del destino postrero y de los orígenes, sólo ca-
ben dos cosas: la humildad y la resignación.
La duda, cual aguijón de la curiosidad insa-
ciada, conduce á conclusiones cada vez más
en armonía con la triunfal verdad.
Cuenta un escritor, exquisitamente sensi-
ble, que en la9 catacumbas existen cuartos en
loa cuales aun la vista más perspicaz no puede
distinguir si uno se halla en un pequeño templo
profano, ornado con loa frescos de un artista
pagano, ó si en vez se contempla la tumba de
uno de esos primitivos cristianos, levantada por
sus hermanos con la idea de una religión
nueva y de una fe más pura. Así sucede con
Spencer. ¿Fué creyente ó agnóstico? Ni aun él
mismo podría decírnoslo. Pero con todo nos
basta su vida tan perfecta, su virtud y carác-
ter tan íntegros y su hondo sentimiento por el
más allá.
Si existe un hombre que merezca actual-
mente el título de filósofo, eBe hombre es Gui-
llermo James, profesor de Psicología en la
L1V
ENSAYO SOBRE OBRAS
Universidad de Harvard. Ha hecho de la expe-
riencia religiosa un ensayo para contribuir con
él á la psicología descriptiva de la creencia.
Pocas obras señalan una erudición más ex-
tensa y un ánimo más sereno para evitar el
dogmatismo de la opinión personal, el apasio-
namiento y el error, nacidos del prejuicio.
Excuso decir que para él la experiencia re-
ligiosa es una realidad y tiene su trascendencia
incalculable en la vida colectiva como indi-
vidual.
Su conclusión no puede ser más filosófica ni
más hermosa y vivida:
«Toda experiencia humana, en su viviente
realidad, me arrastra irresistiblemente á salir
de los límites estrechos en que pretende ence-
rrarnos la ciencia.
»Me asisten razones prácticas y especulati-
vas para acentuar esa creencia particular.
» ¿Quién sabe si la felicidad de cada hombre
á sus creencias personales no puede ayudar al
mismo Dios á trabajar más eficazmente en los
destinos del Universo?»
Así lo siento y pienso, El cristianismo está
en ese caso. Con la labor y ayudados del amor,
también la vieja doctrina podrá darnos un mo-
tivo más hondo para reflexionar, un acicate
tnás permanente, una fuente de inspiraciones
ACERCA DEL CRISTIANISMO
LV
más puras para esta vida que en los paÍBes do
el catolicismo se ha cristalizado, comprometien-
do así su vida y porvenir, no ofrece los halagos
de aquellos en que ha pasado por el cristianismo
el soplo siempre poderoso y útil de la critica y
de la evolución.
Hombres de pensamiento, almas dirigentes,
españoles representativos como Unamuno y
Blasco Ibáñez y todos cuantos se consagran en
España y América al mejoramiento de la raza,
creen que es menester edificar y no destruir.
Evolucionemos.
Estos Estudios han nacido de una carta que
mi maestro y amigo Miguel de Unamuno me
dirigiera exponiéndome su opinión sobre el cris-
tianismo. Con ellos le contesto.
La palabra favorita del filósofo de Salaman-
ca es inquietar; yo recojo su pensamiento: in-
quietémonos, vivamos también en lo eterno y
de su energía inmortal.
Alberto Nin Frías.
ESTUDIOS RELIGIOSOS
Dedico estos Estudios á don
Miguel de Unamuno y á don Vicente
Blasco Ibáñez como testimonio de
la confianza que tengo en ellos para
transmitir á nuestra raza la fuer-
za de su carácter, la salud de sus
ideas y su sed de progreso mental,
como también aquella otra que nos
eleva á la categoría de dioses: ¡la
idea del misterioso más allá!
Alberto Nin Frías
Montevideo, Marzo de 1907.
ESTUDIOS REUIGIOSOS
Jesús ? la admiración del mando
Todos los hombrea serán reli-
giosos cuando se reconozca que
la religión no ataca el libre exa-
men y que todos los hombres
verdaderamente religiosos res-
peten la ciencia, que da por sen-
tada la existencia de una reli-
gión universal.
Eliphas Lev!.
Me preparaba á escribir sobre la flojedad
de nuestro estado religioso cuando, como si al-
gún ser invisible hubiera querido obsequiarme
con testimonios de la intensa vitalidad de Cristo
en el mundo, me llegaron dos opúsculos religio-
sos: uno de Alemania, otro de América.
Yo también iba á interrogar á estas multi-
tudes, y preguntarles: «¿Qué saben del hombre
ideal y de su vida?» Porque fuera de la Iglesia
católicaj poco ó nada significa la personalidad
62
ALBERTO R1N FRÍAS
de Jesús en los países latinos. El pensador, el
moralista, el hombre superior apartado de la
Iglesia, olvida todo símbolo religioso. Otra cosa
sucede en las naciones donde la religión se ha
vivificado en contacto del sencillo Evangelio: allí
todo agnóstico conserva cierto misticismo, que
mantiene los caracteres del espíritu religioso
sin laB costumbres de la fe.
Rodeo el cuarto donde escribo, y pienso en
cuanto halaga el sentimiento de lo bello y des-
pierta por la belleza el sentido moral. Antes
de fijar mis ideas me he dirigido á todo lo que
tuve la dicha de tener por guía en la vida del
pensamiento. Posé la mirada llena de arroba-
miento sobre el busto de Narciso, que para el
adorable Heleno fué el símbolo de la introspec-
ción, de esa facultad maravillosa que consiste
en observarse minuciosamente y vislumbrar á
Psiquis,
El perfecto adolescente en actitud pensati-
va, la hermosa cabeza baja, está representado
frente al lago en que su divino cuerpo se refle-
ja. El día en que el hombre comenzó á pensar
filosóficamente fué desgraciado, surgió la duda,
y con ella nació la soberbia. La vida entera de
Grecia, con toda la belleza de sus templos relu-
cientes, de sus gimnasios, de sus atletas, filóso-
fos y artistas, surgió de pronto: visión sublime
ESTUDIOS RELIGIOSOS
63
que resume el busto de Narciso. La Hélade se
perdió sobreponiendo en cierto modo la forma
al espíritu. Y así, si la humanidad se heleniza-
ra, sólo viviría para el cuerpo y sus necesida-
des: el placer y lo hermoso serían la única
norma de todaB las acciones. Esta es acaso la
Grecia de las multitudes y no la de Sócrates y
Platón, á la cual admiro como lo más grande,
pero no es la patria de la filosofía la que apa-
siona á la sociedad, sino aquella otra albergue
de Calícrates. Para el sublime sentido de la
vista no hay patria más hermosa que Grecia.
A ella busco cuando quiero soñar con la belleza
sencilla y la armonía. Ella es mi compañera en
los días «de la encantadora adolescencia del
hombre pensante». ¡Belleza plástica, expresión
de alma con salud, un entusiasta os saluda!
Aparto mi vista de esta visión de «la prima-
vera del mundo» y me atrae un cuadro donde
aparece el Dante: la escena ocurre en Floren-
cia, cuya belleza es tan grande, que un arqui
tecto moderno la propone como modelo para la
ciudad futura; el gran hombre, al atravesar el
marmóreo puente de la Trinidad, se halla con
Beatriz, la virginal doncella á quien ama como
al través de un ensueño. Dante queda estático
frente á su amor, teme profanarlo si se acerca;
semejante á Narciso ante las aguas tranquilas,.
64
ALBERTO NIN FRÍAS
ve en Beatriz reflejada su propia alma, oculta
trae aquellas formae gráciles y tiernas. Pien-
sa en la forma, pero más todavía en el es-
píritu. He aquí otro símbolo, otra gran ruta
ideal trazada para la humanidad en la Edad
Media. Luego pasé la vista por otras imágenes:
Spencer, Ramón y Cajal y Taine. El primero
me sugería una vida estoica, la satisfacción fría
del deber cumplido como finalidad moral de la
vida; el sabio español señalaba el microscopio,
dirigido sobre un cuerpo donde la vida ha dor-
mido para eiempre; Taine, en actitud de mirar
como quien teme deslumbrarse, parece atisbar
algo oculto que, no visto en la juventud, se di-
bujaba en su mente cuando en el crepúsculo
psíquico la sabiduría suprema descendía sobre
su serena frente. Jesús venía hacia ellos cuan-
do, cansados de la pesada vida y de la ingrati-
tud de los hombres, se acostaban para dormir
el sueño sin amanecer. Spencer no quiso saber
de Dios, pero le apellidó lo Incognoscible ; Taine
habla con tal grandilocuencia del cristianismo,
que un arzobispo ilustrado le ha citado en ple-
na catedral. Preguntado el filósofo cómo habían
de enterrarle, contestó: «Cual protestante», es
decir, cristianamente. Y así, duerme en Cristo
rodeado de los Alpes majestuosos, muy cerca
del hogar donde tranquilamente, con sus com-
ESTUDIOS RELIGIOSOS
65
pañeras, la soledad y la Naturaleza, pensó sus
obras Paúl Bourgert, su discípulo bien amado,
cual el hijo que corona la labor del padre es
creyente y miembro de una religión positiva.
Herbert Spencer exhala el último suspiro oyen-
do el Avem María de Gounod. El célebre pen-
sador, que quizá precedió á las doctrinas de
Darwin sobre «el origen de las especies», pasó
los últimos veinte años de su vida como delicado
artista, ocupándose de Leopardi, de Meverbeer,
el compositor de La Africana , y cosa rara,
muere precisamente como el poeta- mú3Íco:
Chopín.
Retirado en «el principado de Mónaco im
glés», Brigthon, allí donde el esplendoroso azul
del firmamento, el aire tibio y el glauco mar se
combinan para encarcelar casi perpetuamente
á la grácil primavera, organizaba todos los días
en su hogar pequeños conciertos. Siempre tuvo
predilección por el autor de Fausto , y fué su
Avem María sobre el primer preludio de Bach,
tocado con devoción sobre un violín acompaña-
do del arpa, la que le despidió de la vida física.
En aquella hora de angustia fúnebre, ¡qué
delirante súplica no sugeriría esta melodía,
que asciende con la suavidad del volar de
un ave hasta terminar en acordes llenos de
majestad!
5
06
ALBERTO N1N FRÍAS
Al llegar al nunc et in hoc , el si natural vibra
con la intensidad convulsa de la desesperación . ..
mortus ... nostrce ...
Herbert Speneer cesa de existir; las últimas
notas acompañan el «amén... amén... amén»,
¿Puede morirse más cristianamente? Sócrates y
Jesús, Grecia y el cristianismo, parecen trabar
amistad y amarse. El cuerpo del pensador es
dado á las llamas, como en los días en que el
mundo era joven; concluye en el Older’s Green -
Crematorium> y las cenizas ingresan en la paz
eterna, en el cementerio de High-gate.
...Abro el armónium é interpreto á Heendel,
Bach, Beethoven, Mehul, Móndelsshon, Wágner,
y en alas del más absorbente éxtasis abandono
el mundo objetivo y creo estar do El divino está.
Todos estos genios le amaron, y su inspiración
servia para exaltar su persona sin igual...
Crecí junto al ideal, y la belleza rodeó mi
juventud. Siento fácil repetir con Franz Spee-
man, estudioso que halla en Él todo lo bello
esparcido sobre el mundo por el libro, el lien-
zo, la estatua, la música y la vida de sus discí-
pulos. Viví la mayor parte de mi vida en «la
ciudad de los libros», y mis goces más intensos
se confunden con su lectura. Nunca pudieron
ellos apartarme del amor á JeBús; por el con-
trario, todas las confesiones íntimas de Iob es-
ESTUDIOS RELIGIOSOS
67
píritus bellos como una estatua griega, que son
Goethe, Dante, Milton, Klópstock, Miguel Án-
gel, Rafael, Palestrina, embellecieron mi amor.
Viajé por Italia la hermosísima: sus ciudades
con los duomos opulentos, los museos donde
cuelgan las telas que representan todas las es-
cenas de la vida; la Naturaleza sonriente y se-
vera, cuadro de la gran civilización romana y
universal; el éter luminoso y transparente en
que la incomparable Nápoles se baña; la ma
jestad de San Pedro; el asombro producido por
el Vaticano y sus tesoros, todo me dijo: «Jesús
ha sido el supremo objetivo de estos hombres;
Él fué la fuente de toda esa belleza.» Dentro de
la realidad objetiva, los arquitectos de esa ci-
vilización no realizaron la alta idealidad cris-
tiana, mas la consideraron el desiderátum, y á
ellos cabe la gloria de haber fijado claro su
rumbo. Ese ideal transparentado en el arte,
único refugio de la aristocracia humana en sus
tiempos, preparó el Renacimiento, cuya finalidad
fué hermanar el cristianismo con el helenismo;
en Italia se volvió á Grecia, en Alemania á Ju-
dea. La Biblia por un lado había de llenar todas
las aspiraciones del alma colectiva; los modelos
ideales de Fidias y Praxiteles deleitarían los
sentidos. Á la fisonomía ideal del Cristo se agre-
gó una nueva perfección, pero es ella tan ex-
(38
ALBERTO NIN FRÍAS
presiva, que generación alguna logra recons-
truirla por completo.
El Renacimiento y la Reforma fueron segui-
dos, como todo movimiento, de reacciones acaso
regresivas. El cristianismo pareció tambalear
cuando Francia y el mundo se estremecieron
con la Revolución francesa. Volvió la sociedad
al Evangelio, y él hizo amistad con todas las
grandes cuestiones sociales. Ante el anarquis-
mo, él es la fuerza del ideal y de la razón. En
literatura equivale á belleza pura y honda.
Junto al arte crea el gótico y el grecorromano,
sugiere A William Bourgersan bellezas plácidas,
á Henner trágicas hermosuras, á Burne Jones
altos ideales caballerescos, á Bockiln ensueños
dantescos, á Domenico Morelli reconstrucciones
arqueológicas, á Rodin poemas bíblicos en que
Natura aparece en su Bincera desnudez, á Gus-
tavo Doré grabados deslumbrantes y vigorosos,
á Tissot cuadros perfectos y al evangélico
Millet escenas donde se revela la confianza cris-
tiana y la infantil fe del creyente que adora al
Ser Supremo doquier aBome, aun en la perezosa
beldad del día durmiente. En Norte América,
tierra poco afanosa del ideal, según algunos,
ese arte se ha deleiteado en propagar á Jesús
y su sublime vida mediante reproducciones in-
finitas. Maravilla hojear sus libros para la ense-
ESTUDIOS RELIGIOSOS
69
fianza gradual de la Biblia. Arte, literatura,
exégesis, bellezas de ayer, heroísmos de todas
las épocas, todo cuanto logre un conocimiento
perfecto de las cosas santas, está allí. Es en-
tonces cuando se presencia el convergir de todas
las fuerzas más sutiles de la humanidad á for-
mar de Cristo y su ideal la piedra angular, el
punto medio de todo y el fundamento para
todas las cosas. «Quien no le conoce, no se
conoce á sí mismo y nada sabe del mundo»,
gritaba Pascal, abismado en la grandeza del
maestro. También con su seductora insinuación
ha penetrado el arte de Beethoven; sus sonatas
expresan los sentimientos máB elevados, los con-
flictos más complicados del alma en lucha con
las pasiones, á quienes vence el ideal cristiano;
Hsendel comenta musicalmente la existencia
del Mesías, Mozart y Rossini le glorifican en
sus misas, Berlioz compone el poema musical
de su infancia, el abate Perosi vuelve á ilustrar
con sentidos acordes el Evangelio; en Inglate-
rra surge un viril talento, el organista Elgar
Widor; Lefébure Welly, Saint-Saens, Guilmant,
Fowler Stainer y Farmer, arrancan al órgano
sublimes bellezas del misterio de la otra vida.
Abrid un himnario de la Iglesia anglicana ó del
metodismo, hallaréis melodías á cual más espi-
ritualmente hermosa: ¡cuántas veces me he con-
70
ALBERTO NIN FRÍAS
movido al cantarlas! Me han avecinado á mi
ideal.
En Inglaterra, rica y severa, en cuarenta
mil iglesias se levanta el sacerdote invitando
al hombre á una vida más bella y más honda,
en su nombre y ejemplo. En Alemania, treinta
mil hacen lo mismo. En Francia el clero católi-
co honra al catolicismo y allí, en aquella gran
nación, todavía diez millones de almas no renie-
gan de Cristo. El Evangelio es oro del más puro
en labios del paBtor Wágner, cuya influencia
moral se extiende de país en pais con su Vie
Simple y Jeunesse, contando entre sus admira-
dores á Roosevelt, en el ginebrino Franck Tilo-
mas, evangelista admirable. Cerca de mil mé-
dicos cristianos soportan la vida penosa de
Oriente y Africa para predicar bu santa pala-
bra y llevar el auxilio de la ciencia. El cris-
tianismo católico y reformado envía á miles
de sus preclaros representantes para predi-
car el Evangelio al mundo pagano. En el esfor-
zado Japón, miles confiesan el nombre de
Cristo.
En su nombre, el kaiser Guillermo rige el
imperio que columpia progresos sorprendentes.
Roosevelt gobierna á Estados Unidos como un
apóstol. Por doquier retoña el principio evan-
gélico; las naciones donde florece mejor son
ESTUDIOS RELIGIOSOS
71
también las más prósperas y hermosas; su su-
perioridad en el mundo está en razón directa
de la práctica de este ideal. El día en que el
fuego de esa fe se apague en el Occidente, esa
hora señalará el dominio del Oriente y entonces
la historia retrocederá mil quinientos años. El
culto de Cristo engrandece á la humanidad. Si
el aserto es demasiado aventurado, mirad á
Francia, nuestra madre intelectual. Honda cri-
sis trabaja á la primera nación del mundo; Fran-
cia está en el cénit de su gloria y de su prospe-
ridad, de la cual todos leemos maravillas; mas
Francia la amada no ama á Cristo: quiere des-
terrarle de la escuela, del hogar, del arte, de
la literatura y hasta del espíritu humano. Ha
divinizado al hombre: ha sustituido el ideal re-
ligioso por el humano; á causa de ello, aunque
rica como Cartago y lujosa como Alejandría,
está á sus fronteras el enemigo: la molicie del
lujo, el enervamiento del oro y la indiferencia
glacial de la sin fe. Porque digámoslo sincera-
mente: la gran campaña anticatólica en Fran-
cia es, en resumidas cuentas, un ataque al
cristianismo, cuyos intereses mal ó bien repre-
senta. El catolicismo es superior al ateísmo ó
al indiferentismo absoluto. Como en la Alema-
nia moderna, puede éste, mediante la evolución,
servir bajo formas más intelectuales la causa de
ALBERTO NIN FRIAS
la civilización superior. Sin abandonar su fe, los
católicos alemanes se han vuelto ciudadanos
civilizados y conscientes de la grandeza moral
y material del imperio. Leed una preciosa re-
vista editada en Munich titulada Hochland (Tie-
rra alta), y pronto veréis cuán honda es la de-
marcación entre el catolicismo á la española y
el germano. En Inglaterra lo he observado per-
sonalmente. «La animosa minoría» hugonote es
harto pequeña para intentar en Francia un mo-
vimiento hacia Cristo; esa tarea está reservada
á los católicos, como Bourguet, Copée, Huys-
mans, Loisy y otros. Para inculcar al niño las
ideas morales sólo existe un vehículo: la reli-
gión. Esa observación profunda sugiere á Lich-
tenberg, inspector de escuelas, el estudio pro-
lijo de la educación laica. El atestigua que
para la mayoría, junto con la enseñanza reli-
giosa, toda instrucción moral ha desaparecido;
casi en todaB partes la enseñanza de la moral
está muriendo, ó si no ya no existe. Una Memo-
ria dirigida en 1888 por los inspectores de los
talleres y factorías de París al prefecto del
Sena,vcontiene estas observaciones penosísimas
de leer:
«Hemos notado con dolor la carencia de
educación moral en nuestros jóvenes emplea-
dos...
ESTUDIOS RELIGIOSOS
73
»Es para nosotros un deber desagradable
informar al señor prefecto que, por falta de edu-
cación moral, la niñez está perdiendo toda
noción de respeto y del deber, habituándose á
usar el lenguaje más obsceno. Su conducta en
las calles públicas es á menudo escandalosa.
»...Ha sonado la hora de oponerse á esos
desastres morales , »
Las casas de corrección están repletas de
criminales juveniles. En 1883, los reincidentes
sumaban 89.871. El señor Guillot, uno de los
mejores jueces de Francia, llamaba la atención
sobre el aumento alarmante de la criminalidad
juvenil y sus estrechas relaciones con los cam-
bios efectuados en la instrucción pública.
El jefe de las fuerzas policiales de París,
señor Gustavo Macé, se expresa en estos térmi-
nos sobre la Ley de secularización : «Reforma
mal concebida y practicada de una manera in-
aplicable... Se corre inmenso peligro al querer
despojar al niño de todo temor» (significando
con ello el temor religioso). Julio Simón, el aus-
tero Sócrates de la Francia imperial, se lamen-
taba de que «nuestras autoridades no tenían
más poder que el concedido por la fuerza ofi-
cial...» «La autoridad natural, la del padre y
la de la madre, está desapareciendo al mismo
tiempo.»
74
ALBERTO NIN FRÍAS
«El hombre interno se forma en la infancia
y en el nombre de Díob*, juzgó justo decir el
mismo filósofo deísta, y no es otra la enseñanza
toda del Nuevo y Antiguo Testamento.
Por esa época Le Temps f el más respetable
de los periódicos franceses, ponía muy en duda
las ganancias de la educación seglar, y se ani-
maba á considerarla como una maldición y
haBta un peligro para la nación. La lectura de
Zola comprueba cabalmente los asertos de la
estadística, así como las lamentaciones de los
moralistas. Francia no es la única nación per-
judicada por apartarse de Jesús. Las mismas
causas traen los mismos efectos. Las colonias
inglesas son un campo fecundo de observación
para el mismo fenómeno sociológico. Las leyes
psíquicas son tan eficientes como las físicas.
Australia adolece de los mismos males: la
educación secular, lejos de disminuir el crimen,
lo ha aumentado y sobrepasado al crecimiento
proporcional de la población. Mientras esta úl-
tima ha aumentado en el 30 por 100, el crimen
ha crecido en la proporción de 50 por 100. En
la gran isla-continente la infecundidad es un
problema como en Francia.
En la India el gobierno británico sigue la
misma pendiente fatal. Los hindus se quejan
amargamente del agnosticismo infiltrado por la
ESTUDIOS RELIGIOSOS
75
ciencia occidental. En el decir de un hindú ilus-
trado, Inglaterra lee imparte una luz peor que
las tinieblas.
Lord Lawrence, gobernador general de la
India, después del motín de los sepoye no temía
expresarse así: «Si Inglaterra hubiese profesa-
do sus principios cristianos en la India, el gran
motín no hubiera ocurrido, ahorrándose de ese
modo doscientos millones de libras esterlinas y
ríos de sangre. No obstante, cuando el pueblo
inglés ha beneficiado á esta inmensa posesión,
los misioneros de Cristo han trabajado más que
todos los otros agentes combinados.» Jesucristo
es, en verdad, la luz del mundo.
¿Sigue la próspera Alemania esta senda de
decadencia?
Esta nación adelanta cada vez más, y pron-
to será la primera potencia europea. ¿En qué re-
lación está con Cristo y su doctrina?
Cuida prolijamente de la educación de todo
niño, mucho de lo cual es sugerido por el kaiser
en sus manifestaciones religiosas. Su estricta
organización militar mantiene muy vivos la ley,
el orden, la disciplina, el respeto por sí mismo,
la obediencia, la rectitud y el honor. El Estado
obliga y provee á la instrucción religiosa para la
escuela secundaria y primaria. En las escuelas
primarias para niños menores de catorce años
76
ALBERTO NÍN FRÍAS
y hasta ese término, se dedican tres horas por
semana á ese estudio. En las escuelas secunda-
rias se dan dos horas semanalmente. El Esta-
do reconoce al efecto sólo tres comunidades: la
protestante, la católica y la judía; si existen
niños en número suficiente para constituir una
clase, se imparte separadamente la instrucción
religiosa por uno de los representantes de cada
credo.
Bélgica sigue el mismo sistema, con la dife-
rencia de que estos cursos son dados fuera de las
horas de clase. Nadie de ánimo sereno y cora-
zón noble querrá se reproduzca en su patria la
historia infausta de la Francia anticristiana.
No en todos los católicos ha producido vio-
lencia y odio la ley de separación, ley cuya
trascendencia y utilidad resultarán de la ma-
nera amplia como se aplique. El obispo de
Orleans, Mr. Trochet, ha dirigido al sacerdocio
episcopal, elegido recientemente, estas admira-
bles palabras, en las que huelga el verdadero
espíritu de Cristo:
«Hoy no es la paz lo que existe entre el sa-
cerdocio y la magistratura. Es la separación,
y mañana será quizás la guerra. No es esto un
estado social satisfactorio. Aun cuando la Iglesia
esté separada del Estado, aun cuando debiera ,
como muchos buenos espíritus lo prevén t perma -
ESTUDIOS RELIGIOSOS
i i
necer separada del Estado , no es esta una razón
para que ella viva con él en desconfianza, me-
nos aún en batalla. En los Estados Unidos la
separación existe, es perfecta. Pero el respeto
mutuo, la colaboración misma de Jos dos pode-
res aseguran la paz, á cuya sombra se desarro-
lla en rnagnífico y continuo progreso el pueblo
americano .
»Es un ideal al que hay que tender, monse-
ñores. No temo señalarlos.» Cada día vinculo
mi mente con nuevas certidumbres. Entre el
verdadero catolicismo, reducido á su esencia
íntima, y entre el protestantismo no hay los
abismos supuestos por el fanatismo y una ani-
madversión que nada tiene de cristiana. Allende
el ceremonial y los ritos, los católicos se alle-
gan á Dios por la intensidad de su fe. Á pesar
de la excesiva materialidad en que está sumido
el culto por la abstracción, se llega á la adora-
ción de Dios en espíritu, y se ingresa así entre
los que conciben la euritmia de todas las creen-
cias hacia un mismo fin. Ante el Supremo,
todas las denominaciones caen; para Él, sólo
existe el alma que se entrega á su ley y á su ca-
riño. Cuando reza el que de veras cree, cierra
sus ojos para orar, y cuanto más honda es su
plegaria, mayor es su abstracción del ambiente.
Entrados en la paz de Jesús, ¿qué importan
78
ALBERTO N1N FRÍAS
para esa alma, en comunión con Dios, las exte-
rioridades? Uno y otro creyente están en el
mismísimo caso; en ese momento no sabría dis-
tinguirse al evangelista del católico.
Para mí sé decir que esta es la genuina en-
señanza de Cristo al respecto. Deseo compren-
der, no odiar. Si con criterio tan amplio y
sereno se juzgaran los asuntos religiosos, ¿ca-
bría la lucha, la intolerancia, el odio entre las
diversas comunidades cristianas? Es ante los
matrimonios mixtos donde surgen con más fuer-
zas esas consideraciones. ¿Puede en realidad el
tierno príncipe de la paz desunir á dos jóvenes
que le aman, y en cuyo nombre desean unirse
para cumplir sus preceptos?
¿Puede ser ofensivo ese connubio á cual-
quier Iglesia que día á día casa á su juventud
con incrédulos é indiferentes? ¿Cuál es mejor á
los ojos- del clero: un cristiano ó un agnóstico?
El amor es todopoderoso. Acaso es cerca de
esas virgencitas puras, de áureos cabellos y
tranquilos ojos, donde muchos se concilian con
la Iglesia, y por ende con bu inspirador: Jesús.
Esta amistad amorosa puede abrir las más ha-
lagüeñas perspectivas. Con todo el poderío fas-
cinador de su edificio y de su dogmática, ella
no puede sofocar esa fe sencilla, esa piedad sin-
cera y suave.
ESTUDIOS RELIGIOSOS
79
Eu resumen: ¿qué diferencia cabe entre esta
joven que necesita de la imagen para concebir
lo infinito y otro joven que, pasándose de la
forma, dialogue con Dios en los mismos térmi-
nos y creyendo en loa mismísimos misterios sa-
grados?
Si el pensamiento sereno y cristiano como
la dorada luz se posara sobre la cuestión reli-
giosa, llegaríamos á considerar al catolicismo,
á la religión reformada, como ramas de un
mismo árbol, cual hermanos de un mismo pa-
dre, semejante á discípulos de un mismo maes-
tro, haces de una misma luz salvadora, cuyo
antagonismo estriba más en los hombres que loe
sustentan que en la intimidad esencial de las
cosas.
Toda forma religiosa es pensamiento eleva-
do, manifestado por un cerebro que, á semejan-
za de un tamiz, sólo deja pasar de la Divinidad
y de su gloria aquello que permite su estructu-
ra especial.
HI testimonio de la juueníud intelectual
Estás obligado á creer, porque
los dioses no dan prueba mate-
rial alguna.
Goethe.
ISadie puede desconocer el va-
lor positivo de los caracteres for-
mados por los que poseen la luz
interior.
Tienen paz, alegría y una ar-
monía consigo mismos que es
inquebrantable.
Kant.
Doscientos años hace que se
fué Jesús, pero no está ausente
para miles de vidas; para la ^ida
de aquel que se ha apropiado el
espíritu de su existencia, Cristo
vive otra vez.
Roberto Speer.
El ideal sano para un joven es
fundar una familia, un hogar im-
perecedero, crear y gobernar.
Taine.
Ea la época otoñal: las hojas caen marchitas
y la fecunda selva se prepara á dormitar hasta
82
ALBERTO NIN FRÍA8
el nuevo renacer, bajo los rayoa de la prima-
vera. Hasta mi ventana llega el rumor melan-
cólico de las hojas que el viento lleva siu pie-
dad... Asi como las hojas, atisbo el alma
hispanoamericana; ella es conducida en alas
del viento de lo frívolo y ligero. El otoño, ese
preludio del sereno invierno, se ha fijado en los
espíritus como en la Naturaleza. He mirado con
la intensidad del viajero que columpia el valle
agreste y risueño y o-bserva desde la cima, el
pauoraraa todo de esta sociedad novel. En sitio
alguno he visto el paisaje de la fe. Junto ai
taller doude la industria crea; cerca de los areó-
pagos; vecino al templo; en la estancia, do el
pensamiento Be concreta y se emancipa, en sitio
alguno se ha refugiado la inquietud sutil del
misterio. El sueño de la vida eterna, el males
tar de la conciencia, la duda religiosa no han
sido pensados. ¿Será que sea propio de los pue-
blos las faces de la vida individual y esta Amé-
rica esté en su infancia? ¿Fuera que la multitud
no se eleva á la contemplación sino cuando, ci
mentando su vida con el bienestar, se serenan
sus ardores para la lucha, descansa y sueña?
¿Sería acaso que el alma española ha perdido
la virtualidad de creer? ¿Quizá al atravesar el
europeo el Atlántico perdió la religiosidad que
la tradición y las costumbres le impusieron con-
ESTÜDJOS RELIGIOSOS
83
tra su agrado? ¿Preparará América un nuevo
culto á lo invisible? La disolución de creencias
A que asisto triste me mueve á pensar que una
evolución sana amanecerá, ó de lo contrario
nuestro único dios será el dinero. y la religión:
la persecución de la felicidad de los sentidos.
Aparte de algunos pocos, contados pensa-
dores, las cuestiones religiosas no preocupan
seriamente á nadie. Con razón sobrada no halla
Miguel Unamuno el hondo soplo de seriedad que
tanto ama en la literatura, porque allí donde
falta esa condición de la producción inmortal,
el arte concluye. Rodó es una excepción del
medio, pero su idealismo ha tomado ios rumbos
de la estética y de la moral de Gruyau, ante
quienes la inmensa multitud todavía no se es-
tremece. Su Ariel es para la raza electa del fu-
turo. Será oro de Golconda para la juventud
en cuya frente se dibujen los caracteres intensos
del Penseur de Rodin. Hoy pocos jóvenes miran
á Sirio: escasos son los congresales á una clase
donde elevándose á la región de lo eterno bello,
un profesor explique el sublime símbolo de
Shakespeare. Obra de un esteta y de un filósofo,
Ariel es para los artistas y los pensadores. Va-
gaba así mi pensamiento una tarde de domingo
en que el silencio y el tibio sol alegran dando
al espíritu el sentimiento de su libertad, cuando
84
ALBERTO NIN FRÍAS
tras un golpe seco del cartero me alcanzaron
un librito blanco con franja dorada, artística-
mente impreso. Lo abrí apresuradamente: re-
cibir recuerdos del extranjero es una sensación
deliciosa. En la primera página leí: «J. F. y su
querido discípulo y amigo, recordando una fiel
amistad. Domingo de Pascua 1906.» Todos los
años, por esa época de intensa vida en el mun-
do cristiano, recibo obsequios parecidos de
Suiza, donde cuento con la amistad de dos gran-
des educadores: Hermann Lohnert y Julie Fets-
cberin. Ella era quien me mandaba un librito,
cuyo título me encantó: Del renacer en Cristo
ó del renacimiento hacia Cristo. En él, un es-
tudiante aventajado é instruido en la alta cul-
tura moderna, Franz Speeman, reflejaba en
páginas de belleza tranquila su testimonio cris-
tiano. Me contó de una manera seductora cómo
llegó á la teología después de haber divinizado
á Goethe, á Voltaire (1), á Moltke y otros, cuya
majestad marmórea de genio y carácter animó
con la sangre de sus pensamientos.
Su conversación, su renacer en el Señor,
como lo sugiere la poética portada de su librito,
tuvo por ambiente la campiña en verano. Leía
(1-) De Voltaire ha publicado el Diccionario filosófico
esta Casa Editorial.
ESTUDIOS RELIGIOSOS
85
allí el Evangelio. Después de su lectura ento-
naba con un piadoso poeta alemán:
Jesús, mi goce y placer,
Jesús, sol de mi ser,
Jesús, mi salvador,
Jesús, luz de mi vida.
Tan profunda fué la impresión, que no sabe
decirnos cómo volvió á la vida de todos los días
después de su éxtasis. La vida parecíale un
sueño, se sentía como^aiguien que volviera á la
tierra tras larga ausencia. Entonces comenzó
á comprender á Pascal... De vuelta á la ciudad
halló á la humanidad pervertida y descubrien-
do el ideal del Renacimiento: construir, cons-
truir y construir; se pasó de Bach y Beethoven
á la Teología para predicar la* renovación moral
del hombre por los méritos de la crucifixión y
resurección de Jesús. Leía yo esto deleitado y
me vinieron en mente tristes juicios de la tierra
en que vivimos, sin venerar las cosas espiri-
tuales. Responsabilizo á ello de nuestro estado
intranquilo: la autoridad sólo se apoya en la
fuerza y no en el fuerte espíritu del respeto.
Por esa razón este país, esta América latina no
entran en la paz, como diría el filósofo de Sala-
manca si juzgase de estas cosas.
Pocos días después volvió á golpear á mi
86
ALBERTO NIN FRÍAS
puerta otra mano piadosa para ofrendarme otra
joyita religiosa. Esta vez se trataba de un sud-
americano, mozo rubio, alto, de perfil inglés,
apenas señalando el bozo diez y nueve años de
estudiosa juventud. Vestido de luto riguroso,
con sombrero de anchas alas, asomando por
debajo cabellos ensortijados, me recordaba á un
joven puritano de Pensylvania, que un pintor
inglés, Seymour Lucas, ha fijado con toda exac-
titud en sus cuadros de esa época. Entregóme
su obrita para leer. Su sólo encabezamiento des-
pertó en mí multitud de pensamientos: «¡Amo
tanto á Jesús! es él mi mejor amigo. » Mi corazón
latía de gozo. Cristo era admirado por un cere-
bro joven, apenas transpuesta la adolescencia,
que sólo es activa para la asimilación. Su vida
había hecho pensar á una cabeza joven y á un
corazón lleno de amor. La plenitud de la grati-
tud, la certeza, el deslumbramiento que produ-
ce en todos Jesús, le movían á escribir sobre
la redención. Frente á la Biblia, acaso apoyado
en la oración, descubre y escribe de todas las
bellezas del corazón que tanto ha amado á los
hombres. La admiración del Universo le lleva á
la adoración de Dios y piensa cuando éste «era
solo» y «bendecido en si mismo y por sí mis-
mo»^ la pregunta intrincada del por qué Dios
creó el Universo — «tal cual se presenta á núes-
ESTUDIOS RELIGIOSOS
87
tra vista, encantador por su hermosura y ate-
rrador por sus miserias y sus crímenes» — , con-
testa de este modo filosófico y estético: «Al
contemplar estos misterios nos encontramos
todos como el antiguo sabio pagano, que, pre-
guntado por su rey, «¿Qué es Dios?», pidió un dia
para responder; expirado el plazo, pidió otros
dos, y cuando éstos hubieron pasado, pidió
cuatro, y así sucesivamente, hasta que se dió
por vencido, porque cuanto más estudiaba el
problema tanto más difícil se le hacía la solu-
ción. Y no podia ser de otra manera, toda vez
que la esencia de Dios y sus atributos no son tan
solamente un objeto de razonamiento, sino tam-
bién de fe, y cuando la fe falta, la razón vacila,
titubea, cae y muere aplastada bajo el enorme
peso de la inmensidad.»
Al recorrer estas cuestiones de ardua teolo
gía se evoca en mí el recuerdo de un cuadro
que vi en Londres: un estudiante pasaba sus
exámenes religiosos en la vetusta é imponente
sala de un colegio de Oxford. Sus examinadores
eran hombres austeros y graves. Sentado frente
á ellos, ante una Biblia abierta é iluminado por
un rayo que le servía de aureola, el joven parece
anonadado y su actitud, delante de la inmensidad
de lo divino, se resumía en estas palabras: Deo
iluminatio mea. En caso semejante debe haberse
ALBERTO SIN FRÍAS
88
hallado Scafarelli. Entiende, luego de meditarlo
profundamente, que ni el interés, ni el deber,
ni el amor Bon los móviles del Creador. «La
bondad. He aquí el fin de la creación», pro-
rrumpe.
Otro momento solemne del novel escritor
es al pronunciarse sobre el concepto de Dios;
son párrafos de un heleno que luego de oir á
Pablo sobre el Areópago narra sus impresio-
nes: «Él ama desde la eternidad á todas sus
criaturas, á todas las visita con su gracia, á
todas las sostiene con su poder; Él está en cada
una de sus criaturas y en cada uno de sus ac-
tos; Él es testigo de todos los crímenes y hasta
es el apoyo de los criminales; Él está muy cerca
de las almas más degradadas, está en medio de
las llamas de la eterna prisión, está en todas
partes y todo lo llena con su presencia, todo lo ,
ve, todo lo oye, todo lo toca, sin que nadie lo
toque á él. Como los rayos del sol penetran en
los más lúgubres reductos sin que pierdan nada
su belleza y esplendor, así el Todopoderoso con-
templa y tolera el mal sin que le toque ni su-
fra nada por la demencia, orgullo, impureza é
incredulidad de sus criaturas; tanto que si, por
una hipótesis, todas sus criaturas de común
acuerdo se rebelasen contra Dios y llegasen
hasta el punto de sumergir el Universo en un
ESTUDIOS RELIGIOSOS
89
abíBmo, esta catástrofe, que sería fatal para el
Universo, no sería nada para Él. Dios es siem-
pre el mismo, siempre inmutable, siempre infi-
nitamente bienaventurado. El mal ó el bien que
causen las criaturas en el goce de su libertad,
solamente redundan en daño ó provecho de las
mismas. »
Taine, que un criterio poco zahori ha tilda-
do de irreligioso, es autor de una página á la
que por su emocionante belleza ésta se le pare-
ce. Ante el misterio todos somoB hermanos.
Hermosas consideraciones brinda la expli-
cación del misterio de la Trinidad. El Hijo, dice,
«por el conocimiento que tiene de si mismo, llega
á ser una persona distinta de la del Padre,
como el pensamiento es distinto del Espirita sin
estar de él separado». La segunda parte del
opúsculo, que me inclino á llamar un excelente
sermón de Viernes Santo, se ocupa de la trage-
dia cristiana. El estilo es sencillo, como lo es
el mismo Evangelio, y la sencillez constituye
uno de los elementos de lo bello. En la primera
parte hay más pensamiento, y se comprende
que así sea, pues la una es un comentario, la
segunda una narración. De ella sé decir que
me llamó la atención la inculpación hecha por
el autor á Juliano emperador. Ella es en mi
Bentir un tanto injusta. El heleno emperador no
90
ALBERTO NIN FRÍAS
odiaba tanto á Jesús, á quien bóIo es posible
amar si se le comprende, como á sus secuaces
que ya por aquella época, desnaturalizando su
doctrina, se habían transformado en una turba
de disputadores* La preocupación de Juliano,
en cuyo nombre parecía condenar al cristianis-
mo, era la idea de la lucba entre el cuerpo, el
arte (la forma) y el alma (los intereses mora-
les). El sabio príncipe consideraba al cristia-
nismo estrecho y fanático un enemigo del arte
de los griegos. La desconsagración de los tem-
ploB en que bajo las formas perfectas de Apolo,
Diana ó Venus se adoraban las ideas y cosas
más sublimes, era para el piadoso Juliano un
crimen de lesa belleza. Cristo no vino al mundo
para destruir; su vida es alto testimonio de ello;
sus prédicas tuvieron por escenario la sinagoga
como el mar, la calle como el hogar. No era el
sitio lo que exaltaba la sublimidad de sus deci-
res, sino su personalidad, que todo lo llenaba de
grandeza divina.
El apóstol Pablo predicó sobre la colina de
Marte en Atenas, junto á los raagnificos teraploB
y los augustos tribunales.
La vida de Juliano (1) abona mi afirmación,
(i) Ver Merejkowski, La muerte de los dioses , publica-
do por esta Casa Editorial en dos volúmenes.
ESTUDIOS RELIGIOSOS
91
y la lectura de ella lo afirma hasta la eviden-
cia. Se puede no ser partidario de un hombre y
sin embargo merecernos respeto. El genuino
cristianismo no es iconoclasta ni artistófobo. El
maravilloso florecimiento de la arquitectura en
la Edad Media, el Renacimiento italiano, su-
geridos y alimentados por la Iglesia romana,
fueron inspirados por el cristianismo. El punto
central, el fundamento del arte griego, era
el desnudo, como lo es el vestido en el cristiano;
el primero se dedicó ante todo á la Naturaleza
humana en el ideal estado del reposo y de la
serenidad del pensar; el segundo lo expresa
todo. Diez siglos de cultura han sido menester
para concebir esa armonía de las cosas opues-
tas. Hoy día otro sería el concepto del varón
más templado y noble que llevó la púrpura im-
perial...
La juuentud del proleía de Mazare!
Los discípulos de Cristo no pu-
dieron inventar semejante ca-
rácter.
John Stuart Bell.
Fué el más puro y amable de
todos los caracteres de la his-
toria.
Ernesto Renán.
Jesucristo es el ideal realizado
de la humanidad.
Herder.
Cristo es nuestra religión, no
el cristianismo. Nuestro Señor
no nos dió un sistema de ótica.
Vivió una vida... El ejemplo vale
más que el precepto.
...El mundo difiere en opinio-
nes teológicas, pero los hombres
de todas las edades, razas y re-
ligiones, concuerdan en la es-
timación de una personalidad
perfecta puesta á prueba por las
dificultades más insuperables.
La nobleza de espíritu, el co-
raje, la paciencia, la terneza, el
94
ALBERTO NIN FRÍAS
sacrificio, constituyen acciones
entendidas umversalmente...
El que suscribe una fórmula
religiosa puede faltarle el cora-
zón y el valor de transformarse,
mas el amor y la fidelidad hacia
una persona inspira lo mejor, y
la vida cotidiana se halla mol-
deada por ese amor.
Anónimo.
Juventud adolescente que estudias y traba-
jas, baja la frente, la mirada triste y lángui-
da, levanta la cerviz y mira al joven de Na-
zaret, Jesús: está en el taller del carpintero
José, su protector; la frente embellecida por un
rayo de luz que ha ido á descansar allí venido
de lo infinito. Su cuerpo dice salud y los miem-
bros gráciles de su persona presentan el hogar
más hermoso construido para alma alguna: tra-
baja y piensa en las cosas del Padre, la mente
infinita.
El divino joven era completamente humano,
como su naturaleza plenamente divina; creció
en saber, al tiempo que aumentó en estatura y
fortaleza.
Fué un verdadero joven, lleno de vitalidad,
rebosando de la energía propia para las cosas
ESTUDIOS RELIGIOSOS
95
puras y nobles; ayudaba á sus padres y á sus
conciudadanos, escudriñándolas Escrituras en
los momentos de ocio.
Evitó con cuidado cuanto quebrantara su
salud, debilitando sus facultades mentales.
Apenado porque los hombres dejen de sentir-
se atraídos hacia él, uno que de veras le quie-
re buscaba el arte que le pintase sin las huellas
de la anemia, sin estar encorvadas sus espal-
das, sin el clásico ropaje de harapos y cola,
ausente de su faz reverberante como el sol el
aire deprimente de humildad.
Yo creo á Jesús el más bello de los hombres,
porque fué el más moral.
Leed el viejo, Evangelio que tiene, como
todo lo grande, el poder de no envejecer ja-
más: todo prueba allí que él era hombre fuerte,
alto, de aspecto imponente, reflejando el con-
junto la más admirable imagen de la belleza
física.
Su fisonomía reunía, á los rasgos refinados
del bello tipo hebreo, las líneas más perfectas
de la belleza humana tal como se presentó en
Grecia. Se equilibraban maravillosamente en
esta cara todos los perfiles suaves de la mujer
á loa vigorosos rasgos del hombre.
Si es verdad, como lo han adivinado los
poetas, que el alma se refleja en la fisonomía
96
ALBERTO N1N FRÍAS
como el sol en una superficie, entonces el espí-
ritu complejísimo del Maestro debiera asomar
en una faz en la cual la fuerza se uniría al
poder, la terneza á la simpatía, la firmeza á la
intensidad y á la resolución, reflejando además
las divinas facciones el amor y la compasión
tan resaltantes en las acciones de esta vida in-
comparable. Agréguese á todo esto la expresión
divinal, reveladora de la luz interna.
Ese era el joven Jesús, ese será su joven
discípulo.
«El que siguiere mis pasos — diria el Maestro
pensando en el amado Juan — será hermoso,
fuerte y viril como yo, siempre agradecido al
Padre. »
«Lo esencial de la belleza plástica, es preci-
samente esa facultad de provocar la atención
sugeriendo la meditación», escribe un esteta mo-
derno: Paúl Adam.
En la entrada de la pintoresca casa de cam-
po que albergó á Tennyson muchos años de su
vida, en la isla de Wight, se leen las palabras:
«La verdad contra el mundo.» Nada puede re-
sumir mejor la actitud mental del que dijo á
Pilatos: «Yo soy la verdad, el camino, la
vida...» Al inaugurar su clase de Geología en el
nuevo edificio de Amherst College, el doctor
Hitchcock, dijo como exordio á una de sus me-
ESTUDIOS RELIGIOSOS
97
joree conferencias, refiriéndose á las amplias
claraboyas que servían de techo al salón:
«Mis jóvenes amigos, toda la luz que tene-
mos aquí proviene de lo alto.»
La Biblia y las cosas espirituales poseen
una gloria y un encanto que les es peculiar.
Poco se preocupan de ella Iob que sólo se de-
dican á las cosas terrenales, y tal es su ignoran-
cia sobre ese punto, que poco á poco comprenden
las referencias de los poetas y filósofos á su
respecto. Aunque Jesús no fuere un sabio, tenia
su mente abierta á lo más imperecedero, á las
cosas del alma. Su vida seüala claramente la
diferencia entre el mero saber y la sabiduría.
Su espíritu gobernó siempre á su cuerpo.
Existe una estatua japonesa en la cual el
alma está simbolizada por una joya fosfores-
cente sostenida por una mano para contemplar-
la piadosamente.
El alma es el todo del hombre; ella mol-
dea el carácter, el elemento primordial, in-
condicional de toda vida elevada. Despierta
temprano, Jesús, en la juventud, pues el día
que te ame, te comprenda, será el más bello
de la vida.
Cada día son más costosos y malsanos los
placeres á que los jóvenes se dan. Si la natura-
leza humana pide aire, luz y movimiento para
98
ALBERTO N1N FRÍAS
subsistir y fortificarse, la parte moral exige
calma, paz y sano entusiasmo para engrande*
cerse. ¿Quién puede dárnosla mejor que Él con
los goces puros y profundos del hogar y de la
salud?
¡Rey de Iob jóvenes inmortales, os saludo!
Reflexiones sobre la fe
Un día que le confesé mi ad-
miración de que existiesen tan-
tas religiones, me dijo: «Helena,
hay una religión universal, la
religión del amor. Amad con to-
das vuestras fuerzas, con toda el
alma á vuestro Padre que está en
los cielos; amad á cada uno de
los hijos de Dios tanto como po-
dáis, y tened presente que hay
más ocasiones de hacer bien que
de hacer mal.
»Así tendréis la llave del cie-
lo. Y su vida entera ha sido la
demostración de una gran ver-
dad. En su alma, toda nobleza, el
amor y la ciencia se unían en el
dominio de la luz. El obispo
Brooks no me enseiió ninguna
ciencia particularmente defini-
da, ningún dogma; pero me pe-
netró de dos ideas: la paternidad
de Dios y la paternidad de los
hombres; me hizo comprender
que estas dos verdades eran la
base de todas las religiones, de
100
ALBERTO NIN FRÍAS
todas las formas de adoración.
Dios es amor. Dios es nuestro
Padre, nosotros somos sus hijos;
por eso las más densas nubes se
disiparán, y si la justicia es de-
morada, alguna vez su victoria
no es sino aparente; el mal no
triunfará definitivamente.»
Helen Keller,
* Historia de mi vida , pág. 157. '
Como la tendencia de mi espíritu es la ar-
monía al través de la reflexión, tengo fe refle-
xiva. Afirmar la no existencia de Dios eB tan
insensato como negar la causa primera.
En el confín de la especulación mental, la
idea de causa aparece serena y eterna . Admito
un mundo objetivo: la materia ; otro subjetivo , in-
terno, psíquico. Por nuestra mente comunicamos
con él; la idea sería una eBtadía en ese mundo
invisible, pero por ello no menos real; la acción,
su manifestación. La materia con su tendencia
destructiva, pues está condenada á la muerte,
vale decir transformación, nos llevaría al mal
si nos fiáramos demasiado en sus solicitaciones.
El espíritu, por el cual existimos para el otro
mundo, nos conduce al bien. De esa dualidad
en la materia organizada con vida humana, han
ESTUDIOS RELIGIOSOS
101
surgido' las religiones como lazo de unión. Las
religiones son explicaciones más ó menos exac-
tas de una realidad no negada por espíritu
alguno.
Cada cual se refugia, durante la cruel tor-
menta de la duda, en alguna doctrina ó reli-
gión, pero ello no implica que crean en ella á
ciegas. Por mi parte, he ido al protestantismo
por hallar allí á mis más amados maestros y
amigos. Taine con sus obras, que son un gesto
helénico, me ha llamado al Partenón, pero sólo
existen ruinas suyas. Para poderlas admirar
siquiera por una rendija del muudo moderno,
he ido á la religión de la Reforma. He hallado
en ella á intelectuales que, si bien como yo, no
saben bien definir á Dios ó causa engendradora,
le sienten al mirar el cielo las noches estrella-
das, al contemplar al sol ocultarse tras las
fantásticas nubes ó al elevarse por entre los
tules vaporosos del aire húmedo, al atiabar las
olas del infinito mar, al sentir la magnificencia
de los paisajes, la majestad de la ciencia, la
belleza al través de la prosa de un Guyau, los
versos de un Shakespeare ó de un Leconte, la
grandeza tranquila de la estatua griega, el éxta-
sis musical, la voluptuosidad de los sentidos, la
acción heroica, el pensatniento bondadoso, un
corazón noble ó una vida armoniosa... entonce *
102
ALBERTO N1N FRÍAS
sé que mi cuerpo es un templo de Dios viviente y
que los cielos anuncian su gloria. Mi alma es una
orla de la inmensa vestidura de la Divinidad,
un pliegue de su infinita frente, un suspiro del
alma universal. Durante ese arrobamiento, no
ya yo vivo sin ella, eterna energía, misteriosa
creadora, inescrutable justicia.
Evohé, Abracadabra, Luz, Jehová, Pallas
Atenea, Jesús, todos los pueblos han sabido bal-
bucear su nombre.
¿Le conocemos aún bien? No. Las ciencias
mentales y aun la propia que estudia la mate-
ria y sus fenómenos, nos van acercando al san-
tuario, pero duda que ruedas rodarás por siglos,
hasta que la prueba aparezca y entonces el
hombre transformado de gloria en gloria volve-
rá á verse cara á cara con su causa. ¿Qué es
vuestra vida efímera, frente á la eternidad?
¿Nuestro cerebro, enriquecido cada vez más,
ante la mente de las mentes?
Amemos, estudiemos las acciones bellas,
ellas levantarán para nosotros el orden del di-
vino velo; otras generaciones harán lo propio, y
así hasta que contemplemos á Dios en su exis-
tir deslumbrante, que acabará por absorbernos.
La juventud del cuerpo y del espíritu
dada por Desús
Con fe robusta en la razón hay
que buscar la razón de la fe. La
ciencia de la religión es lo único
que emancipará á los pueblos la-
tinos de su esclavitud religiosa
ó antirreligiosa; la meditación
racional á la vez que cordial
del cristianismo evangélico es lo
único que les arrancará de las
garras del paganismo que los
enerva.
Miguel deUnamijno.
Para llegar á ser sabio se ne-
cesita primero la fe, luego la fe
y seguidamente y siempre la fe.
Duclaux.
Podemos experimentar launión
con algo más amplio que nosotros
mismos, y en esa unión hallar
nuestra mayor tranquilidad de
alma.
William James.
Yo amo los símbolos: en ellos
ha fundido la humanidad pen-
104
ALBERTO NIN FRÍAS
sante, como el escultor en su
bronce ó en su mármol, sus ideas
más sublimes. Los amo aún por-
que ellos evocan en mi mente
mil sueños de grandeza; hablan
al alma.
Alberto Nin Frías.
Los que por su situación social,
su cultura ó las funciones que
tienen á su cargo están llamados
á ejercer la más ligera influencia
sobre la opinión, no tienen el
derecho de ocultarse ó de refu-
giarse en equívocos.
Tienen la obligación de hablar .
Georges Leygues.
¡Jóvenes! venid, venid á trabajar en la viña
del Señor. El vino que obtendréis es aquel que
da larga vida al cuerpo y una eternidad al
alma; es aquel prometido á la Samaritana cuan-
do el Maestro Supremo de la juventud cristia-
na, Jesús, le dijo: «Sólo has de adorar á Dios
en espíritu.»
Tenemos alma, tenemos cuerpo. ¿Cómo con-
servarlos en juventud, vale decir, activos y
sanoB? Alma y cuerpo se influencian uno al otro;
una elevada espiritualidad disminuye las pasio-
nes de los sentidos; un agudo materialismo nos
ESTÜDIOS RELIGIOSOS
AW
vuelve escépticos. El desiderátum cristiano es
arribar á la salud corporal y al bienestar mo-
ral: mens cristiana in corpore sano. Para gozar
de esta vida en todo lo que ella ofrece de bueno
y hermoso, es necesario ajustarse á cierta hi-
giene. Es saludable el pensar bien; estimula el
vigor corporal. Los sentimientos de rabia, odie,
envidia y sub congéneres, desarrollan secrecio-
nes mortales. La labor mental es de tanta ne-
cesidad como el ejercicio físico. El pueblo
griego, maestro en muchas cosas, se acercó
más que otro alguno á este equilibrio, al cual
parecen también llegar los norteamericanos.
Solón, Sófocles, Píndaro y Jenofonte, vivieron
haBta los ochenta, y entonces trabajaron bien.
Al morir el sublime autor del Fausto , los médi-
cos descansaron su cuerpo descubierto sobre
una mesa, y Sheffler, uno de ellos, exclamó
llorando: «Es el cuerpo de un dios griego.» Po-
cas señales habia en ese molde magníñeo del
desgaste de la vejez. Goethe había pensado y
sentido con serenidad toda su vida. Miguel An-
gel escribía versos á los noventa y nueve, y el
célebre Ticiano casi llegó á la edad de cien
años; su último ruego fué que pudiese vivir aún
para terminar cierto fresco. Estos genios eran
jóvenes á pesar de su avanzada edad. David,
aquel rey hebreo que tuvo una juventud tan
. 10G
ALBERTO N1N FRÍAS
espléndida y que Miguel Ángel ha sabido escul-
pir con contornos tan bellos y viriles, dice en
una de sus oraciones al Eterno Joven (Dios): «Y
tu juventud será renovada como la del águila.»
En otra parte se expresa de eBta suerte enérgi-
ca: «Como saetas en manos de valiente, asi
son los hijoB habidos en la juventud.» Por hijos
debemos entender toda la actividad desplegada
en esa edad.
La vida virtuosa conserva esta juventud, que
es algo más que el tener pocos años. Deciase
de la célebre Mad. de Recamier: «No es ancia-
na, sino joven desde largos años.» Esa vida
mantiene la alegría, y ¡cuán grandioso es su
poder! Ella es á la salud lo que la luz á una
casa. Leyendo una revista inglesa que encierra
el sumo de la sabiduría práctica para el bien
vivir, hallé estos consejes, reglas áureas de la
juventud que tanto amamos:
«Evitad frecuentar á pérsonas mórbidas,
cínicas y de espíritu crítico... Id á la gente con-
tenta, por el bien de vuestra mente. Absorbe-
mos el pensamiento de los demás.»
Escoged compañeros que tomen la vida por
su lado optimista... Leed libros saludables...
Cuando os sintáis débiles, meditad sobre la
fuerza. Ordenad vuestra conversación, de ma-
nera que el hallar defectos y criticar sea para
ESTUDIOS RELIGIOSOS
107
vosotros un hábito del pasado. Perdemos nues-
tra fuerza mental por usarla mal y dirigirla
peor. Lo semejante atrae lo semejante. El pen-
sar bien de los demás hace que se piense así
de nosotros mismos. El vivir con las cualidades
de jóvenes — altruismo, salud, belleza, curiosi-
dad, entusiasmo — nos perpetuará en la encan-
tadora juventud.
La fuerza omnipotente, cuyo cultivo sugeri-
mos, tiene un empleo vastísimo en la causa del
Evangelio.
¡Qué inmensas son nuestras ventajas, jóve-
nes! Todos nuestros medios están llenos de es-
peranza.
A la obra, juventud, en las horas mejores
de la vida.
Caminemos en la luz de aquel que ofrece,
en cambio de nuestra virtud, la juventud
perenne.
Hacia el alma por el Evangelio, la ciencia
y la belleza.
Un filósofo moderno y el Euangelio
Amigos míos, vivimos en un
mundo de labor. Justo es que tra-
bajemos y tengamos que trabajar
con fuerza. Ser industrioso es la
condición normal de la mente y
del cuerpo. Vivimos en un mun-
do inquieto, pero ni es juicioso
ni es piadoso permitir que esa
inquietud nos invada y que nos
vuelva desasosegados.
Esa inquietud interior, tal in-
tranquilidad de alma, transfor-
ma al mundo en un purgatorio,
coloca á la verdad más allá de
nuestro alcance, pone un halo de
ilusión alrededor de todas las
grandes verdades de la vida y de
la eterna existencia.
Dr. Parkurst,
en el Business World.
La ciencia ejerce actualmen-
te, á causa de los errores de una
vulgarización, imbécil á menudo
y odiosa, una influencia doble y
funesta sobre los hábitos intelec-
110
ALBERTO NIN FRÍAS
tnales, morales y físicos de l a
humanidad.
Taine.
L’experience n’a prise aucune
sur les questions d’essence et d’
origine.
Littré.
Je n’ai jamais óté athée, je
n’ai jamais nié l’existence de
Dieu... Je crois que la théorie de
l’Evolutión est tout á frit compa-
tible avec la croyance en Dieu..,
I/imposibilitó que ce gran eteto-
nant univers, avec nos moi cons-
ciente, á pu naitre par hasard, me
parait étre le principal argument
pour Texistence de Dieu.
Darwin.
Uno de loe testimonios de la superioridad
del libre examen es, sin duda, la vigorosa inte-
lectualidad que sustenta.
Alemania, la nación sabia por excelencia,
cuenta con muchos teólogos, pero de ellos nin-
guno ofrece un conjunto de cualidades tan feli-
ces como Adolfo Harnack, autor de La esencia
del cristianismo .
Cuando un libro nos impresiona fuertemen-
te, sentimos misteriosa simpatía hacia el autor,
y curiosos de conocer el alma maravillosa que
ESTUDIOS RELIGIOSOS
111
lo ha pensado, recurrimos á las biografías. He
aquí algunos rasgos de la de Haruack:
Los filósofos, como los pueblos felices, tie-
nen poca historia.
Harnack cuenta actualmente cincuenta y
dos años y es profesor de Historia eclesiástica en
la Universidad de Berlín que, aunque de re-
ciente formación, cuenta con 487 profesores.
¡Qué severo Ateneo ha de ser!
Nuestro autor no es precisamente un teólogo
ni un creyente ciego: es un pensador imparcial
que piensa sobre los orígenes del cristianismo
con simpatía, amor y justa clarividencia. Esta
característica de su claro talento ha sido fijada
admirablemente por un crítico.
Adolfo Harnack es un hombre de la más
profunda y sincera vida espiritual, y si su credo
no es grande por el número de sus artículos,
influye vivamente en su vida práctica. Es un
cristiano viviente que desea una alianza con todos
los soldados de Dios. No esconde sus simpatías
por loá perseguidos, por las sectas disidentes,
por las iglesias no conformistas. Habla, con
disgusto visible, de todos aquellos que persi-
guieron en nombre del Evangelio... Personal-
mente es un hombre simpatiquísimo... como
conferenciante es muy interesante y siempre
dueño del argumento... Sus lecciones instruyen
112
ALBERTO NIN FRÍAS
y edifican. Hasta aquí el comeutario del más
intelectual de los periódicos evangélicos. Lo
que he leido del hombre puede repetirse de sus
lecciones, que manifiestan la vitalidad fecunda
de las ideas cristianas.
El Evangelio es aún hoy, después de sus
veinte siglos de edad, un compendio de la ver-
dadera civilización Bocial: todavía un modelo á
imitar. Goethe, con todo su genio, halló subli-
me la moral del cristianismo.
El juicio de Harnack es terminante en este
punto: «PienBO que no tenemos nada que ense-
ñar al Evangelio, sino mucho que aprender de
él.» Y más adelante, acudiendo al criterio ajeno
para vigorizar su argumento, dice magnífica-
mente:
« La aparición de Jesucristo — nota justamen-
te un historiador moderno — persiste como ci-
miento exclusivo de toda civilización moral.
Según se apague ó resplandezca la hermosa
imagen, mengua ó se acrecienta la civilización
moral de las naciones.»
El gran Taine pensaba de la misma Buerte.
Todo el libro concurre á sugerir que tan
sólo la religión vivida puede ser sinceramente
profesada. El autor es sincero en sumo grado,
y si bu exposición del cristianismo nos parece
novedosa, es tan sólo porque le conocemos
estudios religiosos
113
adulterado en la mayoría de los casos. «Con
viene, pues — dice Harnack — , aislar la religión
cristiana, que es sencilla y sublime y que no se
propone una sola finalidad: la vida eterna en
la vida terrenal, bajo el poder y ante la pre*
sencia de Dios.»
Hay en este libro una lección muy directa
para nuestra sociedad. Ella ea Ja definición de
la nación cristiana, toda vez que la práctica
del Evangelio fuera un hecho.
«Y todavía conviene agregar, para que no
se empañe la sublimidad del precepto evangéli-
co, que el discípulo de Cristo debe estar siempre
en condiciones de abdicar todo cuanto esté com-
prendido en su derecho, y debe trabajar con
empeño para que la humanidad llegue á ser una
nación de hermanas , en la cual deje de afirmar
se el derecho por la fuerza, y funcione mediante
la espontánea obediencia de los hombres al
bien; sea finalmente una sociedad, no sustentada
gracias á instituciones jurídicas , sino gracias á
la reciprocidad del deber y del amor. » ¿Verdad
que esto es bello, estimado lector? Pero al pro-
pio tiempo entristece.
¡Qué lejos estamos los hispanoamericanos de
tan grandioso ideal! Aun no hemos emprendido
la ruta hacia la montaña santa. Todavía en la
inmensa América, dos veces tan grande como
8
114
ALBERTO NI» FRÍA8
Europa, la guerra civil ea un fenómeno social
ante el cual deben resignarse las almas propi-
cias á la más amplia civilización.
«No escasean los hombres dotados de intui-
ción depurada, casi profética, que mantienen la
vísta y el pensamiento fijos en el reino del
amor y de la paz, el cual no es ya para ellos
más utopía.» Estas preciosas ideas de nuestro
autor nos consuelan, pero no lo suficiente para
abandonar la lucha que se impone cada vez
más tenaz para la propagación del Evangelio.
Quisiera que eBte libro, lleno de «piedad sen-
cilla y sincera», moviese los ánimos en ese sen-
tido. Conviene á todos su lectura: el sacerdote
hallará en él argumentos y citas para sus ser-
mones; el maestro vistas sugestivas, y el laico
meditaciones profundas.
No olvidemos que «ef reino de Dios no admite
más fuerzas que las morales y religiosas, ni más
fundamento que el de la libertad ».
El capítulo XV, dedicado á la religióu cris-
tiana tal cual se ha desarrollado dentro del pro-
testantismo, es de palpitante interés. Allí está,
analizado con profundidad, la trascendencia y
objetivo de la Reforma. Léase con detención
y recuérdese bien, pues no se puede dar idea
más cabal del protestantismo, que tanto ama*
mos.
ESTÍIDIOS RELIGIOSOS
115
Creo de corazón que Cristo y su vida intere-
san de nuevo á los hombres, que hartos de des-
quicio moral y de egoísmo, se encaminan al
bien. Católicos como protestantes dejan á menu-
do caer esos apelativos para llamarse, sencilla
y llanamente, cristianos. Ello indica que el más
elevado de los progresos cristianos está en evo-
lución rápida: la tolerancia .
Cuanto más amemos á Cristo, más estima-
remos esa virtud, y nuestro espíritu sereno
amará mejor cuanto hay de bello y de eterno
en la religión.
El Evangelio y la poesía moderna
“LlA SflMflSlTflfJfí,,
tJn drama basado en el Evangelio
POR
EDMOND ROSTAND
Et maintenant c'est la traxcheur que je voie
car mon árae a sentí, de son ombre surprise
lourde, á flots de clarté , la fontaine promise!
Jallis, source d’amour et monte en jet de foi
etpuis retombe en gouttes d‘ espoir chant ennous,
chant.et su9pend au lien d’itne poussiére infecte
une poudre d'eau vive aux parois de man Ame.
Mon Bien Aimé — je tai cherché depuis Vaurore
sans te trouver — et je te trouves et c'est le soir
mais qucl bonheur! — il ne faitpas-tout a fait noir
mes yeux encore pourrojit te voir...
Edmond Ros taxd. — La Samaritaine.
Una emoción divina ha atravesado nuestros
corazones. Al son del aura voz de Sarah y del
suave ritmo de De Max, el Evangelio ha vivido.
Rostand no escribió este admirable poema, lo
soñó. Ha leído el más sugestivo de los libros, y
sin esfuerzo, su espíritu ático ha tenido la vi-
Bión de Palestina; sus más recónditas bellezas
han surgido como las gotas cristalinas de un
cántaro encantado. La emoción intensa sofoca
el pensar, y de tanto sentir los escalofríos de
119
ALBERTO N1N FRÍAS
admiración, de reBpeto, de espiritual belleza
correr por las arterias, ardorosas, he quedado
algún tiempo inactivo ante el papel que fija la
impresión estética. Pero sí la belleza embriaga,
es cierto que sugiere, y es á las sugestiones á lo
que voy á dirigirme para reproducir el grato
sueño mesiánico que se llama La Samaritaine,
Abre su Evangelio Edmónd Rostand con una
escena que representa el pozo sagrado do otrora
Jacob hallara á Raquel: á lo lejos se divisa un
bosque y montes; es de noche y velan el sacro
Bitio las tres sombras de los profetas mayores.
Estas tres visiones blancas recuerdan la majes-
tad del drama griego. Esta escena constituye
el prólogo de la obra. Las sombras huyen ante
la aurora que nace bella para saludar á aquel
que vendrá en nombre del Espíritu Universal
á enseñar las leyes amorosas del perdón, de la
regeneración y de la igualdad moral. Se suce-
den varios cuadros y finalmente llega la nota
culminante. Entra la Sarah Bernhardt, envuel-
ta su plástica figura en los undosos pliegues de
una túnica, que es una obra de arte. Va en busca
de agua, y entretanto, su alma frívola piensa
en los ensueños de la sensualidad. Espera el
amado, que será bello como el amanecer, fuerte
y vigoroso. Repite en tono distraído lo que el
corazón siente, y engolfada en su amor terre-
ESTUDIOS RELIGIOSOS
119
nal, no percibe la visión de lo alto, encarnada
en Jesús. Él está allí, sintiendo la amargura
del desprecio. La Samaritana se va á retirar,
cantando su canción amorosa, cuando el Profeta
de los Profetas le pide de beber. La pecadora
reconoce en él á un judío y rehúsa complacerlo;
su espíritu continúa entregado á la frivolidad.
Jesús medita, le descubre su vida pecaminosa,
y entonces, rendida, escucha la palabra de vida
eterna. Este diálogo entre Jesús y la Samarita-
na es bellísimo, suave y sereno; toda la pieza
está en él; es su leit-motif. Sarah pasó por una
gama deliciosa de posturas plásticas á cual más
admirable. Max personifica al Señor de una
manera honda, que Bupone un estudio psicoló-
gico profundo.
¡Todo es admirable en este cuadro! Al ocul-
tar el telón este ensueño evangélico, la Sama-
ritana cae á los pies de aquel que reconoco
como el Mesías, mientras lentamente recita las
divinas palabras de su canción, que son más ó
menos así: «Tú eres el Bien Amado que buscaba
desde la aurora al alba, suelta sobre el cuello
la dorada cabellera...»
La Samaritana ha sido tocada por el espíri-
tu de Dios, y en el cuadro segundo se hace la
mensajera del Bien Amado y de su doctrina; se
transfigura y balbucea las profecías acerca de
120
ALBERTO NIN FRÍAS
la venida del Mesías, revelando las máximas
sublimes del Nazareno.
En esta escena la eximia actriz se portó á
la altura de la época en que para ciertos críti-
cos era sin duda la reina del teatro. La voz de
oro, el gesto, las poses plásticas que envidiaría
el buril de Rodin. Todo ello fué insuperable: es
el desmentido más grande á la decadencia de
Sarah. La juventud es perenne en ella: ha be-
bido ambrosía. Fué en ese momento, el más
hondo de la pieza, cuando nos salimos con los
ojos húmedos de emoción. ¡Qué halagador es el
arrobamiento estético!
En el último cuadro se ve como la fe de la
pecadora ha encendido el entusiasmo comuni-
cativo, logrando la siga toda la población de
Samaría. La procesión gloriosa sorprende la
tranquilidad del Maestro y sus discípulos.
Es allí donde dice el Cristo su palabra re-
dentora: «Es menester que os acostumbréis á
que los últimos sean los primeros.»
La apoteosis sigue su curso mientras por la
fe los ciegos consiguen ver, los mudos hablar,
los sordos oir y los que no saben llorar, el llan-
to copioso.
Espectáculos como este revelan y dignifican
la mieión del arte, que debe ser una sugestión
continua de lo grande, noble y sublime.
¿Ha existido Cristo?
El hombre que se dice amante de la ciencia
debe ser el más respetuoso de todas las cosas,
pues el objeto del conocimiento lógico y razona-
do no es otro que comprender y explicar. Ahora
bien; todo lo existente tiene su causa, su razón
de ser. Evolución es la primer palabra del cre-
do científico, y la humildad es el mejor estado
de ánimo para acometer los más elevados pro-
blemas que conciernen á la humanidad. Para
ser historiador es necesario ser imparcial; para
ser filósofo, tener amplitud de miras y sereni-
dad de juicio. La fe es un elemento de todo
juicio, la base de todo estudio. Al leer- á Sueto-
nio, creo en los rasgos de genio y figura que
consigna de los Césares romanos. Sin cierta fe,
vale decir sin algún respeto por ese personaje,
sin cierta adquiescencia de mi parte á su vera-
cidad, estoy en el derecho de negar cuanto
narra sobre los fantásticos caprichos de los
122
ALBERTO N1N FRÍ 48
amos del mundo antiguo. Ese mismo argumento
puede aplicarse á todos los historiadores, esa
misma crítica puede dirigirse contra cualquier
personaje histórico, pero hasta ahora se ha
creído en las cosas más absurdas y monstruosas
de príncipes abominables y se sigue creyendo
con un aplomo cómico en todo ello; sin embar*
go, se llega á la vida, cada día más perfecta-
mente posible, de un hombre santo, de un
genio de nuestra humanidad, de un instructor,
de un fundador del nuevo derecho y del nuevo
orden social, y entonces toda la legión de es-
píritus científicos sólo piensa en apilar mate-
riales para probar su no existencia. Significa
ello que lo malo, lo criminal, por más sobrena-
tural que sea, debe permanecer incólume y en
pie; lo bueno, lo excelso, lo sobrenatural, ha
de destruirse. Cada día, repito, se hace más
admisible la vida de Cristo con su actuación
milagrosa. No pasa una hora del día sin que
retroceda para el hombre el misterio del mun-
do. El Día del 24 del corriente transcribe un
artículo de Cesare Lombroao, el indiecutido
sabio italiano. Durante muchos años, para él
las fuerzas suprasensibles fueron un mito. Fué
el mayor detractor de los fenómenos producidos
por los médiums . Hoy admite lo que otrora ca-
lificó de superchería. El modo de pensar de este
ESTUDIOS RELIGIOSOS
123
hombre es de tenerse en cuenta. Como él ya
creían Currie, FJaramarión, Schiaparelli, Tara
burini, Richet y otros hombres* de ciencia. Es-
tupendos en verdad son Jos fenómenos de las
sesiones espiritistas, estupendos son los mila-
gros de Grieto, pero tan reales y tan dignos de
no ser negados. Todo llega al que sabe esperar.
La obra milagrosa de Cristo será, con el tiem-
po, tan fácil de comprender como el mecanismo
de un fonógrafo ó de una máquina de escribir.
Es amando á la ciencia y á sus métodos rigu-
rosos como he llegado á esa conclusión. Mi fe
no es ciega; Be basa en el estudio y en el hondo
respeto que tengo por el pasado. Para empa-
parse de toda la filosofía de la historia, para
saturarse de todo el bello desarrollo de este pe-
queño planeta, donde la vida colectiva ha atra-
vesado tantas vicisitudes, es menester eslabo-
nar todos los fenómenos del mundo: los que nos
son favorables como los que nos Bon adversos,
■los simpáticos como los aborrecibles, los buenos
como los malos. Querer suprimir el autor del
cristianismo es una insensatez histórica. Es uno
de los ejes de la historia de Europa y América.
¿Cómo puede negarse una causa á ese efecto
portentoso, lleno de luz y pleno de tinieblas, que
inunda al mundo con bu influencia? ¡Oh, no! La
ciencia no puede inducir á tales faltas de lógi-
124
ALBERTO NIN FRÍAS
ca. La ciencia no juzga con sonrisas ni discute
con orgullo; eB humilde, sabe que lo que hoy-
es verdad, mañana, mejor ilustrado, podrá de-
clararlo error; pero no por eso deja de consti-
tuir ese error un jalón en la ruta del progreso.
La ciencia es el análisis, la fe es la síntesis; la
primera conduce lógicamente á lo segundo, y
yo aguardo esperando el advenimiento de esa
conciliación que tiene y debe venir. En toda
época, en todo país, hay hombres, hay cosas
que tanto se acercan á la perfección, que son
indiscutibles. Son como para el hombre su ama-
da; para el esposo, su mujer; para el poeta, su
ideal; para el discípulo, su maestro. CriBto y su
vida es una de ellas.
Llevan de Palestina los viajeros una impre-
sión de desolación y de desencanto. Todos los
monumentos y los sitios donde se deslizó la vida
de Jesús están llenos de manifestaciones de fa-
natismo y de superstición. Soldadesca turca vi-
gila los santos lugares é impide las eternas
querellas entre los monjes latinos y griegos.
Todo es división, desolación y degradación en
la tierra en que Cristo vivió para salvar la hu-
manidad. Allí no está Jesús. Tampoco se le en-
cuentra en muchas de las cosas y personas que
toman su nombre en vano. El mundo moderno
ofrece, bajo muchos aspectos, la imagen de
ESTUDIOS RELIGIOSOS
125
Palestina, otrora un país fértil, habitado por un
gran pueblo.
Cuando palpan esos ejemplo?, or que el
escéptico hace bien en dudar de la existencia
de tan luminoso espíritu. Pero que no le busque
allí; allí no está. El ha resucitado. Fierre Lotti
invita á buscarle entre los muertos. Jesús se
encuentra en espíritu, y no entre las huellas
fabulosas de su pasaje por esta ó aquella Iglesia.
La Tierra Santa no revelará, nunca muchas
de las grandes y majestuosas instituciones que
hacen de sus doctrinas un privilegio especial.
La superstición, el engaño, la hipocresía, bou
sus grandes enemigos, á la vez que la más dura
prueba á que está sometida la fe en el mundo.
Siempre que las Iglesias han abandonado á
Cristo, el ritualismo sofocante y excesivo se ha
infiltrado en ellas.
Cuando más medito en el destino humano,
tanto más me confirmo en el testimonio que
ofrece la Biblia de la existencia de Jesús. Dios
se manifiesta en la historia. Castiga á los paí-
ses y humilla á las naciones. Esta es la más
alta enseñanza apuntada por el pueblo de Israel.
Cristo profetizó el porvenir de bu patria; aun
hoy obran sus vaticinios. La historia consigna
ese testimonio en favor de la «existencia del
Maestro».
126
ALBERTO NIN FRÍA9
La vida de Cristo es uu tema vasto; consi-
déresele hombre ó superhombre, tiene para la
civilización la misma importancia. Su biografía
debe darse á conocer A la niñez y á la juventud
en la escuela y en la Universidad. No concibo
enseñanza moral separada de él, aun dentro
del más estricto laicismo. Se estudia á Sócrates,
á Platón. ¿Y por qué no á Cristo? ¿No le perte-
nece, descartada su actuación milagrosa, uno
de los más puros sistemas de ética concebibles?
Abstracción hecha de su divinidad, de sus
poderes sobrenaturales, siempre será la figura
culminante de nuestro planeta, el personaje
ético reinante de toda época. El comunismo, el
socialismo, el propio anarquismo, hallan en su
doctrina el mejor fermento de sus vindica-
ciones.
El estudio de los orígenes del cristianismo
ocupó la vida entera de un espíritu tan intuiti-
vo y artista como el de Renán; Strauss le dedi-
có no pocas vigilias; Harnack, el teólogo ale-
mán, ha puesto en evidencia de una manera
notable la esencia del cristianismo; en Inglate-
rra, Farrar ha escrito una elocuente vida de
Jesús; Andrews, Geike, Havgood, Hakes y otros
se han ocupado de la divina existencia; Hart-
mann, el célebre ocultista, retraza la vida de
iniciación del Maestro. Shuré le clasifica entre
ESTCDI08 RELIGIOSOS
127
Iob grandes iniciados. Luis Veuillot le hizo la
apología católica. La lista completa de los his-
toriadores de Jesús ocuparía un in folio de grau-
des dimensiones. De una ú otra manera, no ha
existido grande hombre que no se haya ocupado
de él. Entre los hombres de ciencia sobresalen
Kepler, Pascal, Newton, Le Verrier y Pasteur;
entre los estadistas, Gladstone y G-uizot eran
profundos cristianos. El libre pensamiento ha
sugerido alguna vez que la fe va unida á la ig-
norancia, cuando no á la pobreza de espíritu.
Nada más falso. Cuanto más se eleva el hombre
sobre el ambiente y la mediocridad, tanto más
admira la armonía del Universo, concluyendo
por amar á su Autor. Entre los creyentes, como
entre los incrédulos, hay eabioB é ignorantes,
buenos y malos; como en la bella parábola del
Evangelio, el buen grano y el malo caen á me-
nudo en la misma sementera.
No; cien mil veces no. Cristo ha existido.
Puede que los Evangelios, escritos por hombres
bien intencionados, pero imperfectos, no nos
presenten de él la más acabada imagen; es po-
sible que el hombre y las Iglesias, enceguecidos
por sus apasionamientos humanos, lo descon-
ceptúen; con to'do, él es y será lo que es: el ser
divino, el hombre perfecto y el sabio Maestro.
Acaso una trabajosa crisis perturbe en la ac-
128
ALBERTO N1N FRÍAS
tualidad el desarrollo del cristianismo, quizá
por el momento las ansias de la posesión terres-
tre y los apetitos desordenados de una sociedad
ultramaterializada alejen de la mente humana
la visión del reino interior de los cielos; pero
ocurra lo que quiera, se cumplirán sus profe-
cías, que suenan á una voz partida de lo infinito
en viaje á los límites inimaginables del espacio.
Desús y la historia
Los historiadores coetáneos dé Jesús no re-
gistran su vida porque no se dieron cuenta de
la trascendencia de su misión y el alcance de
su doctrina. Nosotros mismos incurrimos en
idéntico error sin darnos cuenta de ello. Atribui-
mos exagerada importancia á personas por el
mero hecho de ocupar grandes puestos. Esas
personas acaso ocuparán otro sitio en la mente
del futuro historiador.
Por ejemplo: un escritor puede alcanzar por
sus ideas una influencia considerable, y por ese
medio, transformar el medio ambiente. Ese
hombre quizá llevó una vida obscura y sin ha-
lagos mundanos; gobernantes y pueblos pasa-
ban sin apercibirse de su existencia; sin embar-
go, llega la hora de la justicia, y es tenido en
más cuenta que todos elloB.
El tiempo es el gran revelador.
Para ilustrar mejor este excelente argu-
9
130
ALBERTO N1N FRÍAS
mentó, transportémonos á la época gloriosa de
Inglaterra: el reinado de Isabel.
Shakespeare fué su humilde súbdito: poca
consideración merecía entonces este hoy gran
ciudadano del mundo á la reyecía y nobleza de
su época. A tal punto es esto cierto, que se ha
dudado si él fué efectivamente el autor de los
inmortales dramas. Se ha llegado hasta atribuir
tan envidiable paternidad á lord Bacón, el filó-
sofo de Novum Organum. Desde la época en que
Shakespeare vivió desconocido, han transcurrid
do cuatro siglos, Ínfimo parpadeo del eterno
tiempo: hoy es considerado uno de los genios
más portentosos; su nombre suena á divino;
manda y gobierna á más corazones y cerebros
que jamás gobernara la popular reina Bees, un
tanto olvidada hoy.
EL misterio rodea la existencia de los hom-
bres más geniales. Aun se discute la existencia
de Homero. En tanto permanecen La llíada y
La Odisea como los más poéticos monumentos
de la literatura universal.
Todavía no se sabe á ciencia cierta quién
fué el autor de la Imitación de Jesucristo . Tres
hombres, todos ellos eminentes, comparten el
honor de haberla escrito.
Los genios se manifiestan tanto más así
cuanto más transcurre el tiempo; poseen el
ESTUDIOS RELIGIOSOS
131
poder de agigantarse ante las generaciones. Así
sucedió con Homero; así aconteció con Sócrates
y Platón; así ocurrió con el fundador del cris-
tianismo.
No ama la verdad quien sólo consulta los
críticos y detractores de una personalidad. For-
zoso es consultar ambas partes.
Creo sinceramente que la persona de Jesús
sale ganando con este método. La vida del
Nazareno es una de aquellas que no pueden
estudiarse sin sentir cierto escozor interno,
acompañado de una emoción singular de tran-
quilidad y de belleza que nos obliga á amarla.
Existe en ciertas vidas un poder invencible
de atracción. Hay armonías póstumas confor-
mes con el carácter de las personas. El reino
de Jesús no es aún de este mundo.
Un pensador que conoce á fondo el espíritu
de esta vida incomparable, la juzga de esta
manera:
«...La historia aquí no puede ser explicada
por los principios materialistas de Buckle y
Draper. Ella no es una ciencia de términos me-
dios ni una filosofía del fatalismo.
*Las fuentes de los acontecimientos que re-
fiere y el orden en que se presentan, revisten á
la vez un carácter espiritual é intelectual. Tie-
nen que hallar su origen en el espíritu, en el
132
ALBERTO N1N FRÍAS
pensamiento, en la libre actividad mental, no
en una necesidad física, inmutable é irrevoca*
ble al mismo tiempo. Cristo entró en el mundo
y su ministerio detuvo el curso del desarrollo y
del progreso humano. Él no era el producto de
su época, sino su antítesis; no nació del espíritu
del tiempo, sino que era más bien su antago-
nista. Él cambió el carácter de su época y puso
los cimientos de una nueva historia, una histo-
ria tan diferente de lo pasado como lo es el cos-
mos del caos »
El filósofo que esto escribe, aunque cristia-
no, no es ningún decadente, pues escribe como
Buckle ó Taine y tiene la fe de un Pasteur ó de.
un Gladstone.
En punto á filosofía de la historia, el cris-
tianismo ha contribuido con la ley más hermosa
é importante: «De todas las leyes que gobiernan
la historia, las espirituales son las más podero-
sas.» Un moralista, un carpintero filósofo, un
joven sin más armas que sus prédicas concisas,
paralizó el desarrollo del imperio romano, dió
origen al catolicismo, determinó la Reforma y
produjo la democracia con sus infinitas posibili-
dades. No es á grandes rasgos como pueden bos-
quejarse las consecuencias de su buena nueva.
La trascendencia del Evangelio
No Be niegue la existencia del Maestro; es-
tudíesele científicamente; divídase su pasaje por
el mundo, como lo hace Stalker, en grandes pe-
ríodos.
La natividad; la nación y la época; el año
de retiro; el año de popularidad; el año de opo-
sición; la última cena y la conclusión filosófica
juntamente con la repercusión de este suceso
en la hiBtoria del mundo.
No se ocupe el estudiante de lo sobrena-
tural, para no ahogar así su real influencia
en la vida diaria. El doctor Stalker ha bus-
cado tratarle con la exactitud de un personaje
histórico, y lo ha conseguido sin menoscabo de
su gran fe.
Semejante estudio, con ayuda de la historia
política, social y literaria de Israel y hasta de
su geografía, atraería á la personalidad de Je-
sús á muchas almas que se ensimisman mientras
134
ALBERTO NIN FRÍAS
otras adoptan un paganismo voluptuoso ó un
ateísmo é indiferencia Buicida.
Un judío racionalista, hombre de elevada
condición, juzgaba á Cristo el judio más emi-
nente después de Moisés. Es ya algo ganado en
el terreno de la tolerancia y de la latitud men-
tal. Sin sus enseñanzas no concebía á Wáshing-
ton ni á Lincoln.
Estamos en vísperas de las grandes conce-
siones de la incredulidad y del materialismo
histórico.
Además de lo que llevo apuntado, sugeriría
el estudio del Evangelio, libro siempre moral,
la honda traza de la tradición cristiana en el
arte del pasado y del presente; su hondo arrai-
gó en mentes sanas como en la de Pasteur, sus
esponsales con espíritus como el deTaine; Bour-
get, Huysmans, De Vogüe; el efecto producido
en desequilibrados geniales como Oscar Wilde,
y otras tantas ocasiones de sorprender aún hoy
su fresca vitalidad.
La vida del mundo y la existencia efímera
de un insecto cuentan lo mismo frente al tiem-
po inconmensurable; el pequeño espacio que
ocupamos en el océano del Universo no es ma-
yor que el grano de polvo mecido por los an-
tojos del viento.
Nosotros, hombres minúsculos que á cada
ESTUDIOS RELIGIOSOS
135
momento atestiguamos la impotencia y lo alea-
torio de nuestros esfuerzos, queremos negar al
genio de la vida y de la muerte, el poder de lo
graude, de lo hermoso, de lo eterno. Irrisión.
Locura. ¿Que no es posible? No; para el que ha
hecho del cuerpo humano una fábrica de colo-
res, para aquel que ha dado miles de movi-
mientos á nuestros músculos y nervios, para el
que ha deslumbrado nuestro entendimiento con
tanta grandeza, todo es posible.
Léase la obra de Gustave Lebon L’évolution
de la matiére , y se verá cuán deficientes son
aún nuestras nociones de la química y física.
No pocaB mentes creen al conocimiento in-
mutable y absoluto. El descubrimiento del radio
compromete mucho nuestra noción científico-
oficial de la materia y sus propiedades. Sólo
Dios es absoluto; nosotros somos seres relativí
simos; miles, cientos de miles de aüoB tienen
que transcurrir para la adquisición del real
saber que conduce á lo eterno. Joven aún es el
mundo, muy imperfecta nuestra ciencia y poco
desenvuelta nuestra espiritualidad é intuición
para pretender erigirnos en críticos de Cristo,
ser superior en todo sentido. Considéresele en
su elevada vida del hogar; las cuestiones más
delicadas que conmueven á la sociedad moder-
na están planteadas y resueltas allí. Con res-
136
ALBERTO NIN FRÍAS
pecio al Estado, sus pensamientos son de los
más sabios. «Dad al César lo que es del César»
aun es una fórmula que, de cumplirse como él
la cumplió, no existiría rozamiento entre los
poderes civiles y eclesiásticos. Él sintió, como
sólo él era capaz de sentirlo, que la grandeza
del estadista y del gobernante «no se mide por
la cantidad de impuestos cobrados, sino por la
magnitud de los servicios que se prestan». Fren-
te á la Iglesia establecida de su patria, es de
todos conocido y admirado su gesto püriücador
cuando arrojó del templo á los mercaderes. Sus
palabras grandiosas á la Samaritaua pueden
citarse aún como la mejor definición del culto
á Dios. Como amigo fué grande; prueba de ello
son sus relaciones con los doce apóstoles. «La
amistad, como casi todas las cosas, se juzga
por los resultados.» Compárese á los discípulos
cuando comenzaron su misión y después.
Cristo era un hombre sociable; su vida dig-
nificó este pensamiento áureo: «El poder como
el carácter se derivan de la fuente de la ora-
ción.»
Era un profundo conocedor de las Santas
Escrituras. El más influyente de los reformado-
res ejerció el oficio de obrero manual. Su pará-
bola de los talentos evidencia la grande estima
en que tenia la laboriosidad. Nadie ha sabido
ESTUDIOS RELIGIOSOS
137
sufrir como Jesús ni extraer tantos múltiples
beneficios de su sublime abnegación. Fué filán-
tropo, si es propio aplicarle ese nombre á su
constante anhelo de aliviar el dolor y remover
el mal de raíz. En él toma sus orígenes his-
tóricos la caridad. Su manera de atraerse las
almas pecadoras es inimitable. En su predica-
ción Be fundían la elocuencia más conmovedora
y la poesía más elevada. Como maestro, su éxito
fué sin precedentes. Educó á sus rudos discípu-
los como á niños que paulatinamente van abrien-
do sus ojos á la luz del saber. Preguntado el
profesor Tholuck, el gran teólogo alemán del
siglo pasado, cuál era el secreto de su fecunda
influencia, contestó con esta frase lapidaria:
«Tengo una pasión: Cristo.» En su cualidad de
controversista silenció á menudo á Iob fariseos
con la expresión vigorosa de su ira santa y su
acabada argumentación. Jesús fué tolerante con
los humildes, los sufridos y los engañados, mas
no tuvo piedad con la maldad recalcitrante y
la hipocresía solapada. El corazón de Cristo co-
noció toda la gama de sentimientos delicados,
tiernos y hondos. La influencia verdaderamente
mágica que ejercía su presencia, la medimos
por la impresión producida, lo mismo sobre los
individuos que sobre las multitudes. Los Evan-
gelios narran que los hombres se maravillaban
138
ALBERTO NIN FRIAS
ante él; los poseídos temblaban; los atormenta-
dos por los más espantosos pesares, acudían con
fe á él, esperanzados en que con una sola mira-
da ó palabra transformara su dolor en alegría, su
pena en goce, su fealdad en belleza, bu enfer-
medad en salud. «En los irreligiosos producía,
despertaba repulsión y el anhelo de huir de él.»
Junto á este tema desearla que mi alma dimi-
nuta tuviera un órgano de expansión sutil como
la más leve emoción de belleza para fijarse
cuánto experimento, á pesar de mis imperfec-
ciones y sed de cosas mundanas. Todavía es-
toy, en punto á espiritualidad, lo mismo que el
zoófito más elemental; aun me hallo en el pri-
mer peldaño de la escala de la vida, que em-
pieza en la vibración más lenta de la materia
para consumarse en el reposo de Dios. Filtran
por mi ser, como las vetas de agua las entra-
ñas de la tierra, las influencias de arriba, pero
no aun en número suficiente para que emane
de mi cerebro la verdad casta y purísima.
Dejo paso á un maestro; con él he recorrido
el mundo espiritual y el ambiente humano en
que se desarrolló la existencia de Jesús. Su vi-
sión la he hecho mía; en su pensamiento undoso
y fértil, el mío toma alas y vuela:
«Un hombre puede esforzarse por conquistar
influencia y no lograrla. Pero dejadle que cul-
ESTUDIOS RELIGIOSOS
139
tive el dominio de si mismo, la conciencia, la
pureza y la sumisión, y entonces no le faltará.
Cada paso en el progreso interno nos hace va-
ler más ante el mundo y á toda causa con la
cual nos identifiquemos. El sendero de la in-
fluencia es, sencillamente, el camino del deber
y de la lealtad. Permitid á un hombre acercar-
se á Cristo y que abra de par en par su cora-
zón para admitir la energía de Cristo, y enton-
ces, á sabiendas ó no — acaso sea para él mejor
que no lo sepa — , crecerá en poder sobre los
hombres para traerlos á Dios y éste á ellos.»
«Permaneced conmigo y yo con vosotros:
así como la rama no puede dar fruto por sí mis-
ma si no permanece junto á la viña, tampoco
vosotros lo podéis si no vivís en raí. »
El éxito de la corta vida de Jesús está en
esas palabras, que parecen el eco de las más
ocultas enseñanzas de la sabiduría.
Lectores: os invito á meditarlas seriamente;
anticristianos: seguidlas, y acabaréis como yo
he comenzado y espero terminar la vida, ape-
lando á ese Jesús que en todas las épocaB será
como es hoy: el mejor amigo y hermano de la
humanidad.
ENSAYO
SOBRE
“Conversaciones tranquilas sobre el poder,,
por S. D. GORDON
A la doctora Estela Long .
He notado que los libros entran siempre en
la esfera de mi vida cuando necesito de ellos
como si fuesen amigos y consejeros. Conocí este
admirable librito en el momento más oportuno.
Su lectura ha abierto mi mente á especulacio-
nes espirituales. Al propio tiempo he podido
cerciorarme acabadamente de cuán bien se her-
mana la eterna doctrina del Maestro de Naza-
ret con las sanas especulaciones del pensamien-
to moderno más avanzado. Parecíame increíble
al leer este libro, de una conmovedora piedad
y de una ortodoxia insospechable, encontrar
allí muchas de las ideaB que la filosofía cree
suyas, cuando ha tiempo estaban escritas en el
Evangelio.
142
ALBERTO NIN FRÍAS
Empecé á leer esta obrita hermosa y con-
movedora en la agitada urbe moderna, acabán-
dola en el campo un domingo de la divina pri-
mavera. ¡Qué sugestiva era esta circunstancia!
Antes de leerla sufría de la inquietud malsana;
después me poseía la serenidad de la fe. El
domingo á que he hecho referencia era de una
indescriptible belleza: el cielo, de un azul claro,
volcaba sobre los campos verdeantes y los ár-
boles frutales en que ya comienzan á aparecer
las más olorosas flores. Había en todo una ale-
gría serena, un aspecto de belleza armoniosa y
fecunda. Ni una nube franqueaba el horizonte
terso y límpido. Una claridad encantadora en-
volvía á los seres y á las cosas. Los objetos se
veían nítidos, destacándose como esos lujosos
adornos superpuestos al terciopelo ó al encaje.
Por el camino que tomé para llegar á la cam-
paña reinaba el más absoluto silencio, y en sus
pliegues mi espíritu se sintió desbordante de
dicha. Me parecía que mi alma era un gran y
nítido espejo en que toda la belleza de la Natu-
raleza divina se reflejaba. Sentíala como se
siente el palpitar de un corazón querido... y así
también me sentí cuando lleno de sublime reco-
gimiento cerró las tranquilas, suaves y nobles
meditaciones sobre el poder del hombre que se
deja guiar por el Espíritu Divino. Entonces ya
ESTUDIOS RELIGIOSOS
143
no experimentaba «la ansiedad que quita la
frescura de la mente y la dulzura del ánimo...»
Con todo su esplendor, se iluminaba para mí
esta sentencia: «El acto más elevado de la vo-
luntad más firme es dejarse guiar por una vo-
luntad superior cuando ésta se encuentra.»
De la sabiduría de que este libro desborda,
no podré dar pálida idea al que no lo haya
leído; pero sólo diré que sus ocho capítulos son
de una lógica acerada, donde con una sencillez
admirable y precisión, el autor expone su co-
mentarlo sobre «el Espíritu Santo».
No he leído tesis mejor sostenida. El autor
se ha desposeído de cuanto podía distraerlo de
su propósito; marcha derecho y firme hacia él.
Su auditorio es la juventud cristiana.
Entre las experiencias que relata en el cur-
so de sus estudios-sermones, he seleccionado las
siguientes:
Habla del camino por el cual debemos deci-
dirnos en un momento solemne que á todos llega
en la vida. Muchos, aun permaneciendo en el
bien y e» la virtud aparentemente, se alejan sin
quererlo de él por las causas más fortuitas.
«Conocí á un joven que sentía una gran pa-
sión por una admirable joven; ambos eran cris-
tianos educadísimos, muy superiores á la mayo-
ría respecto á dotes naturales é ilustración. EL
14 1
ALBERTO N1N FBÍAñ
joven le hizo conocer bus sentimientos. Pero
como ocurre con muchas mujeres que no confian
esos asuntos á su mejor amigo y se inclinan á
probar al amado, lo rechazó, probándolo repe-
tidas veces, para comprobar hasta qué punto
era verdadero su amor. Por fin, manifestándole
ella indirectamente sus propios sentimientos en
el asunto, le negó aún el consentimiento que
solicitaba, hasta no someterse él á un cierto
proyecto suyo. El proyecto, en sí mismo bue-
no, era ambicioso, y tendía decididamente á
alejarlo de los elevados y dulces ideales espiri-
tuales que hablan tutelado su vida en la Univer-
sidad y después, por más que él mismo no
tuviera mucha conciencia de su propia tenden-
cia. Lo único Bensato en esta emergencia era to-
marse tiempo para pensar á solas y aparte, á fin
de tomar una decisión tranquila, ponderada y
orar: así averiguaba si el plan de ella coincidía
también con el plan qu9 el Maestro había tra-
zado para él. Pero el elemento personal probó
ser muy fuerte para deliberar de esa suerte. La
posibilidad de perderla lo afuscó. Nd fué ya
cuestión entre el plan de ella y el del Maestro.»
«Este último fué perdido de vista, y muy
probablemente de una manera inconsciente,
porque fué resuelto ligeramente. «Ella tenia
que ser suya», pensaba el joven. Eso dominaba
ESTDDI09 EELIGIOSOS
145
todas las cosas para él. Y sobre esa base tomó
su decisión. ¿Con qué resultado? Él ocupa hoy
un sitio prominente en el servicio de Cristo,
es un orador sincero, un obrero infatigable,
con una personalidad de las más atrayentes.
Pero su vida espiritual se ha empequeñecido
visiblemente. Sus ideales, todavía elevados y
nobles, son á todas luces inferiores á los que
poseía cuando era más joven. Los ideales inte-
lectuales, admirables en sí mismos, pertene-
cen á un segundo plano en la vida cristiana;
actualmente dominan el ambiente. Las concep-
ciones y la comprensión de este joven respecto
de la verdad espiritual han cambiado marca-
damente. »
«La propuesta de una vida para sí, se le
apareció de una manera muy fascinadora. Pron-
tamente accedió á ello, aun cuando eso repor-
taba rehusar el plan que otro tenía para él,
plan que él había reconocido claramente y
aceptado.»
La conclusión de todo esto es que el cora-
zón de cada hombre es un campo de batalla.
De idea en idea, nutrida y bella, el autor llega
á la contemplación de esa vida que es la ma-
ravilla de las edades. Escuchadle cómo la
caracteriza: «Fuéuna vida de conflicto cons-
tante, pero espléndida, tranquila, de una paz
10
146
ALBERTO NIN FRÍAS
inalterable de ánimo y un maravilloso poder
exterior.»
Hablando sobre las caídas que solemos tener
en nuestra vida espiritual, trae á colación este
ejemplo notable bajo todos respectos:
«Sin embargo, tengo conocimiento de un
hombre — lo he conocido íntimamente por mu-
chos años — , uno de los seres más santos que he
tenido el privilegio de conocer. Durante algún
tiempo fué misionero eu el extranjero; predica
actualmente en este país. Su vida es verdade-
ramente santa, y su prédica va acompañada
siempre de manifestaciones de Bingular poder.
Al conversar con un joven pastor, le dijo que
no había conocido nunca la segunda bendición
ó experiencia. Comprendo perfectamente que
haya sido así. Pues, aparentemente, tan lejos
como pueda verse su primera decisión, fué he-
cha de todo corazón. Había seguido sencilla y
plenamente el camino tal como lo vió. No se
había detenido, habia ascendido gradualmente,
y consiguió una revelación continua de la pre-
sencia del espíritu.
»Asi puedo decirlo con propiedad, porque lo
creo sinceramente, que en el plan de Díob no
hay necesidad de una Begunda experiencia.»
En uno de los capítulos donde trata de la
iniciación del poder en nuestro espíritu, emplea
ESTUDIOS RELIGIOSOS
147
términos de mucha verdad y belleza para pin-
tar la transfiguración de la vida y la intensa
paz que de ella resulta. «Es la paz de Dios.
Nos sirve como una coraza alrededor de nuestro
corazón y de nuestros pensamientos para pre-
servarnos de la inquietud. Es demasiado sutil
para el análisis intelectual, mas penetra el
corazón y el alma. No se puede comprender,
pero se siente. El cerebro no puede contenerla,
pero sí el corazón. No se obtiene. Ella osiuvade.
No es menester comprenderla para sentirla.»
Y yo añado qué preciosa es esa paz, supe
rior á la serenidad que viene de la ciencia; á la
alegría del éxito; del contento de la salud; de
la tranquilidad del dinero; la firmeza y el cora-
je que dan la confianza en sí mismo. Para com-
prenderla, Glordon me lo ha hecho sentir in-
tensamente, fuera menester referirnos á esa
sensación de frescura, de profunda satisfacción
que sigue á los apetitos sanos del ser cuando se
satisfacen. El aura fresca en una noche del re
verberante estío, el agua cristalina, los abismos
estelares, el silencio de la admiración y del
respeto, el éxtasis, todo ello no alcanza á definir
en su esencia, esquiva á la pluma del escritor
y á la visión del artista. Y esa paz trae apare-
jado el amor, que no sólo es la flor más fina de
la vida cristiana, sino su prueba final.
148
ALBERTO NIN FRÍAS
Los efectoB del Poder Divino en noeotroB
están bien preciBadoB.
«El grupo original de facultades mentales
permanece lo mismo.»
«En cuanto á bu desarrollo — expone Gor-
don — , pueden advertirse cuatro hechos:
• Primero. Aquellas facultades ó talentos
que han permanecido hasta entonces latentes,
sin madurar se despiertan para ser empleados.
• Segundo. Todas nuestras facultades se des-
arrollarán hasta la mayor elevación normal
posible.
• Tercero. Se efectuará una vuelta á la nor-
malidad en aquellas facultades que se han em-
pequeñecido, torcido ó desarrollado anormal-
mente por el pecado ó el egoísmo.
• Cuarto. Todo este crecimiento y desarrollo
se cumplirá extrictamente dentro de las condi-
ciones de las dotes naturales del individuo.»
Parecen definiciones de un texto de física,
química ó botánica, ¿no es verdad? La mente
se inclina fácilmente á creer que en el dominio
de la moral y del espíritu todo es vago. Estas
verdades, proposiciones nítidas, claras, demos-
trables por la experiencia diaria, nos conven-
cerán de lo contrario. El mundo toma para nos-
otros nuestra fisonomía.
El hombre sano sufre de una presbicia ilimi-
tada por el mundo, allende loa cinco aentidoa,
así como el malvado y el frívolo son aordoa y
ciegoa á la8 melodíaa y á la8 viaionea del her-
moso más allá.
«Porque — y aquí mi penaamiento entra de
lleno como un manao arroyuelo en el rio Gor-
don — el hombre e8 el arpa eólica de Dios. La
habilidad enseñada por mano del hombre puede
extraer una música extraña, pero comparada
con la otra es monótona, aun cuando dé de ai el
mejor sonido. Cuando se afina el instrumento
para captar el álito completo de Dios, entonces
resuena con una fabulosa riqueza de melodías.
Cuando la vida ae rinde por completo al impul-
so del Espíritu, encontraremos que la paz de
Dios, que excede á toda comprensión, llena el
corazón, y el poder de Dios, que sobrepasa á
toda resistencia, inundará nuestra vida. Otros
hallarán la belleza de Dios, que no es posi-
ble describir, transformar el rostro; y la fresca
fragancia de Dios, que está más allá de toda
comparación, llenará la personalidad, aun-
que probablemente no nos daremos cuenta de
ello. »
Sólo un hombre penetrado de ese espíritu
tan maravillosamente descrito, puede hablarnos
así. La difícil doctrina del Espíritu Santo se
hace en estas páginas comprensible al cerebro
150
ALBERTO N1N FRIAS
menos iluminado. Todo el libro es, por aBÍ de-
cirlo, un viaje por la metafísica del cristianismo,
pero con un mentor tan sabio, tan amable y
elocuente, que todas las regiones atravesadas
parecen tierras de promisión.
Cierra las sencillas meditaciones, que el
autor ha bautizado modestamente Conversacio-
nes tranquilas sobre el poder , un episodio de la
vida de un hombre, que aunque Gordon no lo
manifieste claramente, presenta todos Iob carac-
teres del ser con poder del Espíritu.
Acaso en la batalla diaria de nuestra exis-
tencia iuquieta y mezquina con los grandes y
luminosos ideales, olvidemos la doctrina, pero
estos ejemplos prácticos perduran como marcas
de fuego en nuestra memoria.
«El profesor Johan Albrecht Bengel era
maestro en el seminario de Denkendorf, Ale-
mania, en el siglo XVIII. Poseía, junto á un
profundo respeto por la Biblia, una agudeza de
pensamiento á la cual nada escapaba. Los se
minaristas vivían admirados de su gran intelec-
tualidad, de su gran humildad y cristianismo
práctico.
»Una noche, uno de ellos, ávido de sor-
prender el Beereto de su vida santa, se in-
trodujo en bus piezas mientras que el profesor
atendía á sus clases en la ciudad, y se ocultó
r<a i u jjiuh KfciLiUlUSOS
151
tras las pesadas cortinas del receso de una
vieja ventaua.
• Esperó mucho tiempo, hasta que cansado
de esperar pensó cuán fatigado estaría su maes-
tro después de su labor diaria en laB clases y
fuera de ellas. Finalmente, oyó pasos en el hall,
y aguardó, fuera de aliento, para conocer el
anhelado secreto. El profesor entró, cambió sus
zapatos por zapatillas, y sentándose en su escri-
torio, abrió la Biblia alemana, vieja y marcada
de tanto hojearla, y comenzó á leerla tranqui-
lamente, página por página.
• Leyó media hora, tres cuartos de hora, una
hora, y aun siguió leyendo. Luego, descansan-
do su cabeza entre las manos durante algunos
minutos, dijo del modo más sencillo y familiar
posible: «Pues bien, Señor Jesús; estamos aún
en los mismos términos de siempre. Buenas
noches. >
» ¡Si pudiésemos vivir así! ¡Empezando el día
consagrando un rato á estar solos y á sostener
una buena conversación matinal con él! Y
mientras pasa el día trabajosamente, extenderle
la mano á él y decirle quedamente: «Conservé-
monos en buenas amistades, Señor Jesús.» Y
cuando anochece irnos con él para mirarle la
cara tranquilamente, conversarle y poderle
decir con familiaridad respetuosa: «Buenas no-
152
ALBERTO NIN FRIAS
ches, Señor Jesús: estamos en paz el uno con
el otro; buenas noches.» Semejante vida estará
penetrada de la presencia de Dios.»
Mientras esto leyera, sentía un solaz tan
indescriptible, una ayuda tan eficaz para vivir
con Dios en la inmensidad de su poder, que sólo
me queda decir una sola palabra de síntesis:
¡Amén!
NORTE AMÉRICA
Los elementos idealistas de la vida
Al profesor W. R. Shepherd,
de Colombia University.
Cuando uno se avecina á la gran estatua de
la Libertad se siente el corazón lleno de alegría.
No sé por qué se piensa instintivamente en la
visión de una humanidad del porvenir ideali-
zada.
Un dramaturgo judío la llama sagazmente
«la gran retorta en que se fundirán todos los
pueblos del orbe para constituir un nuevo tipo
humano, el más perfecto hasta ahora».
El hecho geográfico más saliente de este
enorme país es su situación entre los dos más
importantes océanos del mundo, poseyendo den-
tro de su área estupenda todos los elementos
para ser el primer país del mundo. Es ya el
primer productor de objetos manufacturados
para usos domésticos. Produce granos, harina.
154
ALBERTO NIN FRÍAS
aceite refinado, lana y cueros, hilos de todas
clases, instrumentos de agricultura, objetos he-
chos de acero y fierro de todas clases.
Situada América — y en este decir van en*
vueltaB las tres Américas, latina, sajona y bri-
tánica — entre dos viejos mundos, Asia y Euro-
pa, su misión es conquistarlos. La civilización
es fundamentalmente un hecho económico; mas
ei la consideramos desde un punto de vista ele-
vado, es un hecho moral.
Desde la llegada de los puritanos, hay cierta
unidad en la historia de la Unión. A su llegada
declararon en Plymouth Rock que todos los hom-
bres eran libres ante Dios. La guerra de la In-
dependencia fué contra la opresión inglesa, y
eu última guerra civil fué para obtener la liber-
tad de una raza oprimida. La base de este país
es religiosa y descansa sobre un concepto j ético
de la libertad.
El puritanismo ha tenido una gran influencia
sobre el carácter americano, vigorizándolo
hasta la dureza é inclinándolo á reverenciar lo
artificial en las costumbres, quitándole los im-
pulsos naturales. Pero esas reminiscencias están
muriendo rápidamente, y el carácter se está
desarrollando en el sentido de la energía, del
libre pensamiento, del coraje, de la confianza
en sí mismo.
ESTCDIOS RELIGIOSOS
155
Las tradiciones americanas han nacido en
las colonias de Virginia y Massachussets, donde
durante trescientos años se desarrollaron los
rasgos más genuinos del carácter nacional.
Burke, el gran orador, encontró á los ame-
ricanos apasionadamente enamorados del espí-
ritu de libertad.
Los rasgos característicos del americano
tienen su origen entre los ingleses de la época
de Isabel.
Es menester darse cuenta del idealismo de
Nueva Inglaterra si se quiere estudiar las trans-
formaciones del espíritu público aquí.
Las cualidades prominentes de ios primeros
colonos fueron un carácter excepcionalmente
puro, ausencia de sensualismo mórbido y un
esfuerzo constante para gobernarse según prin-
cipios sinceros y fundamentales.
Una tendencia marcadamente idealista, ca-
rácter de la teología puritana, se posesionó del
alma americana. Debido á ello, el país está
animado de una gran devoción por ideales, «la
concepción de Jos cuales no se refiere al saber,
sino á una fe ardiente».
La norma de la teología aquí es ir de la ex-
periencia á lo abstracto en la investigación de
la verdad.
La vida no puede conducirse sobre princi-
156
ALBERTO NIN FRÍAS
píos puramente abstractos; asi, la vida espiri-
tual de buena parte de este pueblo consiste en
un idealismo social.
En su proclamación para el día de gracia
nacional, el presidente escribe estas ideas que
debieran grabarse en todos los corazones:
«Sobre el bienestar físico como base, debe
edificarse una elevada vida espiritual, si es que
esta nación quiere realizar bu gran misión y
llevar á cabo cuanto esperamos ardientemente
y deseamos. Las cosas del cuerpo son buenas;
las de la mente son mejores, pero mejor que
todas ellas son las cosas del alma, pues en una
nación, como en el individuo, después de todo
lo que prevalece es el carácter.»
Hay menos convencionalismo religioso que
en Inglaterra. Al clero no se le considera una
casta aparte. El lado social de la religión está
más desarrollado que en la Europa protestante.
Hay, Bin embargo, aún mucho convencionalis-
mo religioso.
El país es esencialmente protestante y no
hay el menor peligro de que prevalezca el ca-
tolicismo bí el protestantismo persiste en las
creencias fundamentales del cristianismo pri-
mitivo.
El catolicismo avanza á paso rápido, sin
embargo. Veinticuatro millones de súbditos, ó
ESTUDIOS REÜGI080S
157
sea la décima parte de la población católica
total del mundo, constituye una masa compacta
frente á treinta y siete millones de protestan-
tes, dividido en multitud de sectas. Por el últi-
mo decreto papal, de 29 de Junio de 1908, los
Estados Unidos han pasado de la categoría de
pais misionero á la de nación, con los privilegios
de Italia, Francia y España.
Del obispo metodista Juan H. Vincent ha
partido la idea de construir un templo exclusivo
para la interpretación de la vida de Cristo y su
relación con la civilización actual.
Esta Aula Christi es un símbolo hermoso, y
todo ser pensante podrá adorarle allí silencio-
samente. Creo que la frase «Hacer rey á Jesús»
salió de aquí. Si realmente este es el deseo ín-
timo del alma americana, entonces profetizo
que ningún país del mundo alcanzará su gloria
y poderío. El país cuyos habitantes se dediquen
al Maestro llegará á la más alta civilización,
porque el Evangelio despierta cualidades impe-
recederas. Así lo presentían Goethe y lo sostie-
ne un sociólogo tan eminente é irreligioso como
Franklin Goddings.
Charles Wágner, el mejor escritor protes-
tante de Francia, espíritu fuerte y justo, resu-
me sus impresiones sobre América y su presi-
dente en estas sabias palabras:
158
ALBERTO NiN FRÍAS
«He visto á América en el hogar, en las
iglesias, en loa colegios, en la sociedad y en los
institutos de educación. Mis impresiones son
magníficas y demasiado extensas para ser ex-
presadas en pocas palabras. Estimo que Améri-
ca promete poseer gran poder espiritual, la
fuerza más importante en cualquier país.
»¿Cómo puede adquirirlo? Esa es la gran
cuestión. Cada generación trae consigo una
interpretación personal del tesoro de la fe tra-
dicional. Hay mucho que hacer en América si
es que el oro viejo y hermoso ha de conservar
su perfecto valor.
»Llevo una fuerte impresión de mi visita á
la Casa Blanca. América tiene un presidente
que personifica lo mejor de su tradición honesta,
su poderoso espíritu de labor para lo presente y
lo futuro.
»Me alegro sobremanera de haber conocido
á semejante hombre, y de tenerle por amigo.
Su único temor es hacer el mal.»
Roosevelt es un hombre representativo por
su elevada idealidad, perspicacia, amplia visión
de la vida individual y colectiva, y la aplicación
constante de una sana filosofía á las condicio-
nes actuales de este país.
Su fe en Dios y el coraje impetuoso con que
abarca los problemas sociales, son sus rasgos
ESTUDIOS RELIGIOSOS
159
más salientes. El anciano rector de Hanvard,
doctor Elliot, comparte con él la popularidad
nacional.
El pueblo siente que la sabiduría, idealismo
y fuerza de los juicios de estoB dos grandes hom-
bres, son un factor decisivo en el progreso in-
telectual y moral de la nacionalidad.
Con admirable concisión, Mr. John Van
Vorst ha precisado algunos rasgos que hacen
ejemplar A este pueblo:
«En América, todo hombre, mujer ó niño,
tieDe algún ideal. No importa á qué clase de
idealismo pertenezca; el ideal es personal. Cree
en él. Está pronto A perecer con él ó enfadarse
consigo mismo si no lo realiza. Trabaja y pro-
gresa según esa idea. Hay sitio en el país para
su pensamiento y su palabra. Esto le da coraje.
Su esperanza es la suerte no experimentada;
esta experiencia es su ideal.»
Si aun el americano no ha vestido A la vida
con poesia, como dijera Emerson de Goethe, la
ha adornado del goce santo del vivir, de la ener-
gía saludable y de la pasión por la verdad, en
las relaciones diarias.
Nosotros, los del Sur, debemos estudiarla mu-
cho, para evitar los males del industrialismo y de
la emancipación femenina. La cultura está más
al alcance de todos que en los pueblos europeos;
160
ALBERTO N1N FRÍAS
su inteligencia se parece mucho á la inglesa en
•su reposo y tenacidad. Existe aquí una maravi-
llosa capacidad para hacer dinero y hacerlo
una fuerza en beneficio del arte y de las glorias
del saber. Es un pueblo caballeresco, poseedor
de una urbanidad innata y exquisita para con
la mujer en general.
El americano es excepcionalraente cortés
con la mujer. Podría citar numerosos casos de
su encantadora devoción al eterno femenino.
Nunca me olvidaré que conversando con un
sociólogo sobre un interesante tópico, al despe-
dirme le envié recuerdos á su esposa. El efecto
fué instantáneo; se incorporó, y con su más gen-
til sonrisa se quitó el sombrero, saludándome
con el mayor respeto. En los teatros, trenes,
Universidad- y bancos, la mujer es tratada con
la mayor deferencia. Sólo en Francia he ob-
servado algo similar. El americano culto es
comparable al joven hidalgo de la edad de oro,
cuyo horizonte mental es la dama de su predi-
lección.
No hay señales de muy intenso escepticismo
aquí. El cristianismo ha moldeado á los mejores
hombres de ciencia y estadistas. Los librepen-
sadores son escasísimos. En parte de la juven-
tud se está operando una transformación intelec-
tual y moral cuya partida es el cristianismo.
ESTUDIOS RELIGIOSOS
161
Estados Unidos constituye una nación reli-
giosa. La Biblia ba sido hasta aquí el libro más
leído y vendido, pero hay tendencia A abando-
narlo. De todas partes se elevan voces que in-
citan al mejoramiento social.
Alguien sugiere la creencia de que como el
abogado representa la mayoría, debe ser bien
educado y partidario de las mejores ideas. Una
tercera parte del Senado está formada de abo-
gados; la Cámara de Representantes posee la
misma proporción.
Hay cierto culto por los grandes partidos.
El senador Alberto Boveridge, el orador más
pulido de la Unión, habla en estos términos de
los grandes hombres norteamericanos:
«Wáshington sólo fué grande porque perso-
nificó la voluntad popular en su lucha por la
independencia; Lincoln fué grande porque re-
presentó su determinación para ser una nacio-
nalidad; Roosevelt es grande porque es su por
tavoz el deseo de justicia social.»
Todos los hombres cultos y patrióticos están
contestes en que los Estados Unidos sólo podrá
llegar á Ber la primera nación del mundo cuando
sus hijos obedezcan á un elevado ideal político.
La verdadera política tiene la elevación de una
pasión religiosa.
Hasta ahora el desarrollo material ha dis-
n
162
ALBERTO KLN FRUS
traído á la parte sana de la poblacióu de la po-
lítica, dejada & bosses poco escrupuloBOB. Eq las
municipalidades sobre todo, el gobierno ha sido
deficientísirao y desordenado.
Se está operando una gran reacción en este
sentido, y á hombres como Roosevelt y el go-
bernador Hughes se debe esto.
Con estas frases vibrantes se dirige el rec-
tor de la Universidad de California á la juven-
tud que se graduó en 1908:
«No ha vivido completamente aquel que no
ha aumentado su vida por pérdidas y sacrifi-
cios. Después de todo, las palabras del Hijo del
Carpintero fueron la expresión de esa sabidu-
ría mundial que llamamos buen sentido.»
«Aquel que desee salvar bu vida, que la
pierda. Aquel que anhele ser el mejor de todos,
que sea el sirviente de todos.»
John Maclaren, el humorista escocés, en una
de sus conferencias, exclamó:
«EL día de hoy es el mejor que conocemos, y
nuestros hijos conocerán uno aun más bueno.»
Al ser preguntado si el mundo había mejo-
rado moralmente, contestó:
«La condición del pueblo mejora material y
físicamente. Existe mucho desasosiego religioso.
Creo que el dogma sufrirá grandes cambios,
pero las grandeB verdades fundamentales pre-
ESTUDIOS REUGI0808
163
valeceráu. La fe no está desapareciendo en
América. »
El americanismo como ideal constructivo,
está cundiendo rápidamente. Según hemos podi-
do observar, uno de Iob hechos característicos
de la América contemporánea es la intensidad
con que se hace sentir la necesidad de ideales .
Por un lado el maravilloso desarrollo económico
ha destruido ciertos elementos superiores, y por
otro, ha despertado un sentimiento de nueya
responsabilidad.
Hasta aquí la cultura americana procede de
la europea. La literatura es UDa rama de la
inglesa, en el drama descuellan grandemente,
y no está lejano el día en que sus piezas socia
les y cuadros encantadores de costumbres triun-
farán por doquier se hable el idioma inglés.
A pesar de una ola de inmoralidad que ha
invadido los teatros neoyorkinos, las piezas
tienden á la moral.
He visto una pieza, El sirviente de la casa y
realmente poderosa en todo género de sugestio-
nes. Es un sermón dramático de efecto. Cristo
está personificado en un sirviente que entra á
una casa donde reina el caos, el egoísmo y la
inquietud lenta, pero seguramente debido al
sacrificio, al altruismo y á la obediencia, todo
vuelve á la calma y á la paz. Se ha publicado
164
ALBERTO MN FRÍAS
en libro, y desearía de corazón el verle tradu-
cido para el público español. Los socialistas, y
acaso los anarquistas, lo hallarían hermoso y
ennoblecedor.
La religión reposa en las concepciones del
Antiguo Testamento. América y su espíritu,
considerado como algo nuevo, es aún algo por
venir. Desde ahora se puede adelantar que un
sincero é intenso idealismo tutelará el devenir
social.
El espíritu universitario es de los mejores y
refleja altos ideales y las más sabias reflexiones
del pueblo.
Esta magnífica declaración del presidente
del Distrito Federal expresa bien el sentimiento
público:
«Nuestra ciudad existe, fuerte y sencilla,
para realizar cosas de la mente y del espíritu.
Por encima del clamoreo de los mercados y la
marea de los placeres sensuales, Wáshington
nos recuerda constantemente aquellos hombres
que eran demasiado ocupados para acumular
dinero y demasiado bien intencionados para
malgastarlo, dando al país lo que otros dan á sí
mismos. La voz de la ciudad llama á la juventud
del país irresistiblemente para señalarle como
deber una vida generosa, dedicada al esfuerzo
patriótico.»
ESTUDIOS RELIGIOSOS
165
En sus vigorosos juicios sobre América,
Paúl Adam compara esta vida de combate
contra el mal y la inactividad francesa:
«Et Ton ne retrouve pas ici le repos latin,
le petit trot du Sacre, la profusión des discours,
les querelles interminables sur les congrega-
tions, Tindolence des tentatives, la timidíté des
révolutionnaires, le gout du certain et du joli,
le desir de Taise paresseuse, Peconomie sordite
et craintive, le langage trés ironique d'eaprits
ayant chassé fcoute chimére grandioso pour
teñir súrement le moyen, le solide, le positif
sans aléas...»
Otra faz de este pueblo en que revela su fe
en una democracia perfecta es la campaña
nacional contra el alcoholismo. Muchos son los
Estados y ciudades donde está prohibida la
venta y fabricación de bebidas alcohólicas. Se
cierran treinta despachos de bebidas diarios.
En el Sur, sobre todo, este asunto toma propor-
ciones colosales. Se dice, y se cree, que el ame-
ricano es tan sólo un comerciante: nada más
erróneo; dudo exista un pueblo más inclinado á
las cosas superiores. Algo los distingue de los
demás pueblos en religión y en literatura: un
fin práctico y concreto.
El pragmatismo es una filosofía netamente
americana. Cuatro ideas constructivas infcr-
man este producto típico de esta civilización
anglo- sajona: democracia, evolución, energía
y método científico.
Otro rasgo que reza con las observaciones
anteriores es la generosidad de los ricos. El *
hombre rico se vuelve siempre el bienhechor de
la comunidad y trabaja para su progreso cívico.
Eu fin; muchas son las fuerzas que trabajan
un porvenir brillante á esta nación. Por otra
parte, muchas cosas turban la paz pública. Por
un lado la megalomanía de los trusts y la acti-
tud provocadora de las sociedades de resisten-
cia. Los peores enemigos de eBta sociedad son
sus multimillonarios. Muchos de ellos trabajan
por establecer sobre este suelo libre los prejui-
cios europeos y su aristocracia demodada.
El divorcio excesivo es otro elemento per-
turbador. En veinte años se han decretado un
millón de divorcios. De diez matrimonios, dos
acaban en la separación. La proporción está
alarmando á los estadistas.
El negro es otra fuente de preocupación pú-
blica. Á pesar de la existencia de tres millones
de mulatos, la raza no se mezcla con la blanca
en la proporción suficiente para ser absorbida.
El norteamericano, por regla general, tiene
una alta idea de la pureza de la raza.
La inmensidad de este país hace que se sus-
citen en él loa más variados problemas; pero
pesando el mal y el bien, hay más motivo para
estar altamente esperanzado de que será el he-
redero de Inglaterra en la civilización del
mundo.
He venido á América animado de gran cu-
riosidad; estoy sorprendido por la enormidad de
sus conquistas materiales, políticas é intelec-
tuales, si bien echo de menos nuestra pasión
por lo bello, lo intelectual y el espíritu de fa-
milia.
Nada es tan necesario á este pueblo como
ideales, porque la grandísima prosperidad y
amor del dinero pueden desequilibrar fácilmen-
te á esta democracia. Sus pensadores lo pre-
vén, y por ello, de un lado á otro de la patria
de Lincoln, se eleva el grito: «¡Excelsiorl» Con
nuestro pan de cada día debemos por fuerza
absorber ideales para conservarnos puros, fuer-
tes y nobles.
LA RELIGIÓN DEL ÁRBOL
üa tfeíigión del áübol
Trescientos años ha, las naciones que hoy
más admiramos, Inglaterra, Francia y Alema-
nia, estaban cubiertas en su mayor parte de
vastos bosques.
Los árboles que poblaban estos pulses no
eran tan grandes como los de las alturas del
Líbano; aun tenemos reminiscencias de ellos
en los grandes robles.
Entre todos los árboles, este último era el
más interesante por su resistencia á las violen-
cias de la tempestad y al apolillamiento.
Nuestros antepasados, como lo habéis leído
en la historia, eran rudos guerreros cuya ocu-
pación primordial era la guerra y las artes que
la alimentan; pero también para sus instintos
guerreros llegó el día venturoso de trocar las
lanzas y los sables en hachas para abatir los
árboles en busca de madera. Con ella constru-
yeron los hogares donde habitar y gozar de loe
incomparables frutos de la paz.
Todas las sociedades de la tierra pasan por
estaB faces, y la nuestra, donde aun el espíritu
marcial vibra tanto, está por entrar en una fran-
ca evolución hacia el amor de la estabilidad.
Como á nuestros ascendientes, va invadiéndonos
el deseo del reposo en hogares embellecidos por
el arte, cada día más al alcance de los más
modestos. Deseamos hogares iluminados por el
florecimiento de un hondo espíritu de familia.
Pero esos hombres, hasta poco tiempo atrás
bárbaros y violentos, se volvieron artistas, y
aún las obras salidas de sus manos nos pasman
de admiración. Hoy día no amamos el arte y la
belleza como ellos la amaron. No se limitaban
sus viviendas á refugios donde pernoctar. Tra-
bajaban la madera traída de los bosque secula-
res, convirtiéndola á fuerza de ingenio y de
profundo sentido de lo bello en hermosísimas
casas. La humanidad ha ido sin duda más lejos
en la aplicación de las leyes de la mecánica,
mas en materia artística está estacionaria, si no
ha retrogradado.
Este es el sentir de las personas pensadoras,
á quienes atrae el arte sugestivo de los anti-
guos.
En estas ciudades y villas había seguridad,
LA RELIGIÓN DEL ÁRBOL
173
relativa por lo menos, al fuego, pues no se usaba
como en nuestros días. Era de práctica retirar-
se á descansar cuando la noche sobrevenía. La
casa se tornaba entonces en Bitio de descanso.
Estas gentes sencillas no poseían la fiebre
moderna de leer novelas sensacionales á la luz
de la lámpara, ni tampoco se inquietaban por-
que la casa no estaba alumbrada á giorno para
alguna festividad nocturna. Sólo ardia una lum-
bre en la casa: el hogar, en cuyo derredor toda
la familia se congregaba. Los miembros de una
misma familia gustaban referirse los hechos
del día.
Los constructores de estas viviendas eran
hombres pensativos.
Tenían del hogar un concepto más elevado
del que tenemos en esta época febril; él era
casi un templo, una mansión serena y bella
donde el corazón podía entregarse en verdad á
los goces de la familia y la vista recrearse con
objetos de arte.
La visión de lo hermoso produce en nosotros
modalidades más suaves, actitudes más es-
téticas y un modo de ser contemplativo y eleva-
do, que nos acerca á la vida superior.
Un paseo por Gaslar, en el Norte de Alema-
nia, ó por el Sur de esa populosa confederación,
donde está situado el viejo Nuremberg, ó atra-
174
ALBERTO NIN FRÍAS
vesando el Canal de la Mancha y penetrando
en la ciudad arzobispal de Canterbury, en Chés-
ter ó Ipswich, nos convencerá plenamente de
que los antiguos eran muy reflexivos.
Construían los techos de bus casas muy al-
tos, dándoles la forma de picos parecidos á las
cimas de las montañas. Sobre éstos colocaban
cuartitos comodísimos con amplias ventanas.
Esos constructores amaban el aire y la luz ale-
gradora.
No les bastaba horadar un agujero en la
pared y convertirlo en ventana; construían bal-
cones salientes con tres costados por donde en-
traba la luz, y con ella la alegría del vivir. La
arquitectura modernísima ha vuelto á poner de
moda esos balconeB colgantes.
En muchas casas art nouveau de nuestra ca-
pital podemos observarlo. De tarde se senta-
rían allí para ver el movimiento diurno de las
calles hasta la caída del día, cuando es más
bello observar hasta los cielos con sus millones
de estrellas.
Los habitantes de estos hogares eran com-
pañeros de la Naturaleza.
Hallaban infinitos é interesantes placeres
en todo lo hermoso que ella poseía en sus vas-
tísimos dominios.
Ellos se esforzaron en esculpir guirnaldas
LA RELIGIÓN DEL ÁRBOL
175
de flores tal cual las habían visto florecer en el
flanco de las colinas y en los valles de su país.
Más en contacto con la Naturaleza ellos que
nosotros, trasladaban á los objetos de arte sus
obras caprichosas é ingeniosas. Así fué sugeri-
do á los bellos griegos el más perfecto de los
capiteles por la vista de las hojas de acanto,
graciosamente agrupadas. Por vías parecidas
llegaron á concebir los medioevales el arco gó-
tico. Tomad una hoja de fresno y cortadla por
la mitad; tendréis una forma que es el símil de
la ojiva, forma siempre seductora cuaudo la
vemos en las majestuosas catedrales ó en las
portadas de las mansiones palaciegas.
Un estudioso muy amante de esta forma la
encuentra de lo más hermosa, no porque sea la
más fuerte, sino por ser su forma una de las
más halladas en los trabajos de la Naturaleza
y porque la deidad la ha señalado como una
fuente de placer para la mente humana.
Si estos hombres hermoseaban sus hornee
amando á la Naturaleza y revelando ese amor
por las bellas flores que esculpían en los fren-
tes de sus construcciones, no amaban menos las
Sagradas Escrituras, de las cuales los pueblos
latinoB no son lectores:
Acostumbraban grabar sobre las paredes
de su hogar un libro abierto de lectura prove-
176
ALBERTO NIN FRÍAS
chosa, de esa lectura que algunos llaman ali-
mento del almá.
La ciudad de Ipswich, en Inglaterra, es
muy interesante por una casa de madera cons-
truida cuando este elemento primaba. Sobre sus
paredes pueden verse figuras representando á
los cuatro continentes conocidos en la época de
su construcción. También se encuentran allí
escenas del inmortal poema de Virgilio, el Ho
mero de los romanos.
No contentos con perpetuar tan sólo en sus
esculturas lo que velan en la fisonomía sugesti-
va de la Naturaleza y cuanto tenían por feha-
ciente en la palabra divina tal como la conce-
bía su espíritu limitado, aparte de su aprecio
por la literatura clásica, grababan sátiras re-
velando la agudeza de su crítica para Iob males
de aquellos días sombríos. Una de ellas repre-
senta á un monje vestido de zorro, predicando
á una congregación de gansos. El espíritu de
penetrante observación de la Reforma estaba por
hacer eclosión en aquella sociedad, cuyo único
solaz legítimo era el arte y sus esplendores.
El encanto sencillo y plácido que comunica
esta arquitectura de madera, consiste princi-
palmente en sus relaciones intimas con la in-
ventiva humana que, echando mano del más
común de los materiales, construyó con ellos
LA RELIGIÓN DEL ÁRBOL
177
sus viviendas, adornándolas con esmero, sin
más pretensión que el de ser originalísimo y
personal.
Los habitantes de estas casas pensaban
seriamente en las cosas que los rodeaban, y sin-
tiendo por ellas mucha simpatía, buscaban im-
primir en la madera formas semejantes. Culti-
vaban superlativamente el sentimiento de lo
bello, manifestando su profundo sentir en estas
moradas que el tiempo ha preservado de la de-
cadencia, tan hermosas como en los antiguos
días de gloriosa juventud. Á medida que el arte
se aleja de su cuna, se torna máB mecánico é
impersonal. La obra artística es tanto más be-
lla cuanto más presenta una manera personal
de ser breve, un alma que ha sondeado hasta
lo más hondo de sí para dar una novel inter-
pretación de la sublime belleza.
Hacer arte es acercarse á aquel que al for-
mar las hojas de los árboles queridos dióles her-
mosura y poder para sugerir al hombre las
combinaciones más armónicas de las líneas y
curvas. Nos alejamos de Dios por las acciones
feas; los actos hermosos son también los bue-
nos, y con ellos parécenos que, cual sucede en
una leyenda del espíritu del mal, subimos por
un momento á la región de la eterna vida.
12
Lfl VIDA DEL ESTUDIANTE ? Lfl JYIORHL
La uida del estudiante ? la moral
Ensayo-conferencia
Señores estudiantes:
Invitado por vuestro esforzado decano, el
doctor C. Maggiolo, para dar á ustedes una con-
ferencia relacionada con la materia de la cual
tengo el placentero honor de ser sustituto — he
escogido como tema uno que acaso hallarán
demasiado grave, pero que por otra parte eB de
carácter íntimo y estrechamente vinculado á
los más caros afectos de mi corazón.
La moral tiende á volverse, en ciertos pue-
blos y en ciertos individuos, una ciencia pura-
mente libresca, fuera de nuestro alcance; se la
estudia como á un cadáver, sin el hondo soplo
de amor, simpatía y amistad que intervienen
en nuestras relaciones con los seres vivos.
¿Es cierto que el día de la moral ha con-
cluido? ¿Es verdadero afirmar el progreso del
182
ALBERTO NIN FRÍAS
hombre sin ella? El tema es vasto, pero voy
á limitarlo á la vida del estudiante en sus rela-
ciones con ella.
El buen estudiante es un ser moral, digo
más, intensamente moral. En los pueblos lla-
mados latinos, hay en general una tendencia
marcada á olvidar toda la grandeza y belleza
del carácter, de la voluntad y de la energía
moral. Lejos de mí el decir que no me admiren
estas prendas admirables de la personalidad
humana; pero lo que yo quiero decir con esto,
es que no se les tiene en cuenta como en In-
glaterra y en Estados Unidos, donde las cua-
lidades morales son las que más prevalecen
en el ánimo de la sociedad al juzgar al hombre.
Nosotros tenemos en más la brillantez de un
espiritu muy inteligente, la precocidad juvenil
y la funesta disposición oratoria, á la cual debe-
mos no pocas ligerezas históricas y calamida-
des nacionales.
Para ilustrar mi tesis no hallo nada mejor
que referiros la vida de un colega vuestro, que
vivió su vida de estudiante modelo en la patria
de WáshiDgton y Horacio Mann.
Voy á contaros cómo él entendía el valor de
la juventud, cómo para su temprana edad ma-
nifestó el más elevado de los heroísmos, sacri-
ficar su vida en aras de otras; cómo los princi-
LA YIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MORAL
183
pios morales que le inculcaron en su bello
hogar paterno subsistieron incólumes en las
aulas universitarias, y por ello procedo á lla-
marle con toda verdad el estudiante héroe.
Vuestro hermano del Norte se llamaba Gui-
llermo Lancáster Me. Laughlil y cursaba sus
estudios en la Universidad Wesley, Ohio. No he
estado en Estados Unidos, donde á menudo vue-
la mi espíritu con el pensamiento, mas conozco
mucho su cultura y sus altas instituciones de en-
señanza superior por esos artistas de la palabra
y de la idea que se llaman PaúlBourget y Paúl
Adam, é innumerables amigos é hijos de ese
gran país. Sé que el aspecto de la Universidad
de Hadwad es delicioso; sé que el terremoto
que dió en tierra con la soberbia San Fran-
cisco, puso en ruinas la Universidad más
grande y lujosa del mundo, legada á la ciu-
dad por la millonada Stafford en memoria
de su esposo é hijo, y especialmente para re-
cordar A este último, arrebatado á la santidad,
á la nobleza y hermosura de la Vida estudiantil
en plena primavera promisora. Esa maravillo-
sa joya de arquitectura ha pasado, mas no
dudo por un momento que será construida más
esplendorosamente, porque los grandes pueblos
se distinguen por su amor al saber y la venera-
ción con que rodean á los que lo dispensan.
184
ALBERTO N1N FRÍAS
Si visitarais las universidades inglesas, por
largo tiempo vibraría vuestra imaginación al
lado de lo que el filósofo Ruskiu hubiera llama-
do con placer las Piedras de Oxford y de Cam-
bridge. El polvo somnoliento de los siglos ador-
na aún el precioso decorado de esas ciudades
reflejados en sí mismas y por cuya atmósfera
vetuBta Be desliza la más plácida de las exis-
tencias universitarias.
Por largo rato podría seguir evocando la
munificencia norteamericana á este respecto,
mas me limitaré al país que más conozco y que
más amo, por ser allí donde fui más feliz cuan-
do niño, joven y estudiante.
No es Bin cierta angustiosa emoción como des-
pierto los recuerdos dormidos de esa vieja In-
glaterra, tan vital aún de energías para el bien,
la verdad y lo bello moral. Es allí donde el
saber ha sido rodeado de más poesía y majes-
tad. Las ciudadelas del conocimiento son, sobre
todo, Oxford y Cambridge, verdaderas colmenas
de jóvenes estudiantes, cuyo objeto es el doble
culto á la ciencia, al vigor y al desarrollo cor-
poral. Como los griegos, siempre divinos, aman
por igual al cuerpo y al espíritu. Platón parece
haber repetido á sus organizadores su plan de
vida y estudios, grabado en aquel consejo famo-
so que me veo precisado á citar, ¡es él tan
LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MORAL
185
bello!: «Lo mismo que cuando tú erijes un tem-
plo para obligar al dios á delectarse, á frecuen-
tarlo y á hacer de él su morada, tú ornas de
manera superior el peristilo y todas las partes
del monumento, desplegando todas las gracias
de la arquitectura, así del mismo modo, si tú
quieres que esa partecilla de lo divino, que es
tu alma, habite larga y felizmente la envoltura
de tu cuerpo, embellece ese cuerpo por la gim-
nasia, como el más glorioso templo de mármol.*
La cita es acaso larga, pero ¿puede fatigarnos
el oir lo que es hermoso y cierto?
Al ver á los estudiantes ingleses se percibe
claramente que realizan el ideal antiguo: la
manifestación del alma en un cuerpo, digna
morada suya, proporcionada á ese huésped sutil
que nos recuerda á cada paso ese código de que
he hablado al principio, la moral. Oxford y
Cambridge son, como Salamanca y el Cambrid-
ge de los Estados Unidos, ciudades puramente
universitarias, donde además de la multitud de
colegios con fueros universitarios antiquísimos,
existen las casas de profesores y de los estu-
diantes, que generalmente viven con ellos, y las
necesarias al comercio é industria local. Son
ciudades tranquilas, de un pasado histórico,
siempre relacionado con la expansión intelec-
tual del país. El estudiante hace vida de tal y
únicamente, ¡tal es lo sugestivo del sitio! Las
universidades están rodeadas de magníficos par-
ques, y la ciudad se halla situada á orillaB de un
rio pintoresco que, dividiéndose, como en Oxford,
en varioB brazos, serpentea por los fondos de
muchas de las casas del saber. El árbol vive y
crece allí como en la selva, su casa; los cisnes
majestuosos se pasean tranquilos por el río y
los arroyos contiguos, las fuentes murmuran en
los patios académicos; el estilo gótico y el de
Iob albores del Renacimiento domina én los edi-
ficios severos como la ciencia é imponentes
como la verdad; cada colegio tiene su célebre
biblioteca y capilla, donde el arte religioso ha
meditado maravillas para edificar é incitar al
recogimiento.
La Universidad está constituida por unos
veinte colegios, cada cual con su edificio pro-
pio, rodeado de jardines y parques, de cuya
belleza incomparable darán cuenta las personas
que, como yo, Iob han visto. El culto á los árbo-
les, á los verdes prados, á las flores, está lle-
vado á su más perfecto desarrollo. Por los
muros de lo6 colegios trepan como en su casa la
hiedra y la glycina; en los paseos al borde del
rio y arroyuelos, que son muy numerosos en
esta comarca, crecen los árboles con una mag-
nificencia que sobrepasan á los puentes y edifi-
cio8. Desde más de seis siglos, este sitio, sin
rival por la hermosura de su flora arborescen-
te, ha sido el refugio predilecto de los estudio-
sos . Allí pasaron su juventud vigorosa los
hombres que luego Be hicieron célebres por su
elocuencia en las Cámaras y bu amor á la liber
tad sin violentar el derecho ajeno; los poetas y
Iob literatos que han vertido en sus poesías el
amor más vivo por la Naturaleza; los hombres
de ciencia que han revolucionado el conoci-
miento.
En estos colegios campestres se hacen hom-
bres, no libros, porque el estudio, lo más her
moso de la vida, se alterna con los ejercicios
físicos que embellecen el cuerpo y reflejan salud,
sin la cual la inteligencia no puede funcionar
con claridad y energía.
Cuando visité Oxford era muy joven, y á
pesar de ello no he podido olvidar lo bella que
era la Naturaleza. Después he pensado que si
los habitantes de Oxford eran inteligentes y
sabios, se debía, en primer término, á su culto
entusiasta por la vida de campo, sana, eeueilla
y tranquila. Rectores y profesores viven con-
sagrados, como apóstoles de una religión, á la
tarea de iluminar, porque enseñar es dar luz.
Los profesores ancianos son muy queridos y ve-
nerados, y á todos se les respeta, ya por sus
IOS
ALÜUK'IU mn riiiAta
vastos conocimientos, ora por su brillantez de
exposición, ya por la belleza de su vida moral.
En su mayor parte alcanzan reputación de sa-
bios y autoridades en las materias á que se de-
dican, como un arquitecto á sus construcciones
ó un comerciante á sus negocios, durante toda
su vida. He oído muchas confesiones de estu-
diantes, he leído muchas memorias de esa época
áurea, y puedo asegurar que la mayor parte de
los estudiantes concluyen sus carreras pesaro-
sos de abandonar á sus mejores amigos y al
mejor hogar de su mente. Todos los hombres
célebres hablan con amor y terneza de su pasa-
je por las queridas aulas, y esta aseveración es
tanto más sentida cuanto que el estudiante ha
cumplido con su deber, realizado, en una pala-
bra, los principios de la moral. He pasado por
toda esa digresión á fin de describir el ambien-
te en que se movió mi héroe, porque no es posi-
ble hacer la descripción de una batalla sin ocu-
parse de la topografía del terreno en que Be
libra.
Nuestro querido colega, pues profesores y
educandos todos somos estudiantes en distintos
gradoB, había pasado su infancia en la Repúbli-
ca Argentina, donde tanto héroe militar y civil
ha visto la luz; sus padres eran norteamerica-
nos, y como no lo ignoráis, ellos nunca olvidan
LA VIDA DEL ESTUDIANTE T LA MORAL
189
á su patria, y tienen razón para ello. Así que
el niño hubo recibido la educación é instrucción
primeras, le enviaron allá al Norte, al progre-
sista pais que les vió nacer y donde embellecie-
ron su alma con la práctica de la virtud. Allí
fué electo presidente de su clase á la edad de
diez y ocho años, ganando los más altos hono-
res en los exámenes de oratoria, también por
esa época. Á estaB distinciones se agregaron
otras: fué promovido al grado de cadete por
mérito durante tres veces consecutivas en el
curso del mismo año.
Más tarde fué electo uno de los once atletas
de la Universidad Wesley para ir á medirse con
los seis grupos de otras tantas universidades, á
fin de obtener uno de los más altos premios que
se tributan en los juegos olímpicos de Norte
Afnérica.
Guillermo Lancáster Me. Laughlin tenía
alma griega y corazón bondadoso; hubiera sido,
en los tiempos heroicos, un discípulo del maes-
tro de la belleza intelectual, Platón, porque
reunía á un cuerpo fuerte, sano, bello, la inte-
ligencia clara y la bondad ingénita y noble.
He visto su retrato, lo he contemplado con
simpatía, casi con amor de hermano, y puedo
declararlo: en las facciones romanas de su
fisonomía franca había los rasgos de la volun-
190
ALBERTO NIN FRÍAS
tad y de esa frescura insuperable, de ese en-
canto sutil, de esa atracción que ejercen las
idiosincrasias sinceras, bellas, las almas aten-
tas al ideal y á la virtud.
Ante ella me inclino; no puedo expresar
todo lo que sugiere, pero escucho á alguien ha-
blar por mi, y extasiado oigo el elogio de Taine
á los jóvenes que frecuentaban en Atenas la
escuela de Sócrates y Platón: «El aspecto serio
y calmoso, inmóvil como un ser que se deja vivir;
la actitud es de una nobleza sorprendente; pa-
rece estar por encima de toda agitación (y qué
cierto resuelta ello, sobre todo cuando sepamos
toda la historia de esa pequeña vida). La cara
no es más expresiva que el resto del cuerpo; el
espectador no se siente atraído, como en las
imágenes modernas, por el pensamiento de la
frente, por lo apasionado de la mirada ó de los
labios. Se contempla con sumo gusto esos pies
ágiles y ese pecho robusto, tanto como esa fiso-
nomía hermosa; uno experimenta tanta alegría
en sentir ese cuerpo vivir, como en observar á
ese espíritu pensar. La naturaleza humana no
está en él, como en nosotros, desarrollada uni-
lateralmente; está aún en equilibrio; gozan
tanto con sus sensaciones como con su vida
moral...
»Una vida tranquila se desarrolla Bilencio-
LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MORAL
191
sámente en ese espíritu en calma; él no razona,
lentas imágenes pasan por él, como el cortejo
de nubes sobre el luminoso azul del cielo. Pero
que 3e observe atentamente el óvalo puro y al-
tivo de esa faz y se verá que ese joven en repo-
so es un soldado de Pericles y un discípulo de
Platón.»
La descripción es exacta; evoca con rasgo
severo y preciso A nueBtro héroe, y si un dia
algún artista se siente movido á perpetuarlo en
el bronce, que no olvide esas lineas sugestivas,
llenas de encanto, llenas de arte.
Guillermo Lancáster Me. Laughlin estaba
en vías de ser útil á su patria, y acaso á la
lejana Argentina, su segundo hogar; ya se pro-
nunciaban los contornos del talento en su per-
sonalidad naciente, cuando se encontró cara á
cara con una de esas situaciones que cambian
por completo el aspecto de la vida. Todos ha
llamos en el camino áspero é incierto del vivir,
como Hércules, las dos vias del bien y del mal.
Guillermo escogió la Benda del bien, y vamos á
ver cómo.
Su tío, el doctor F. W. Gonsaulus, de Chi-
cago, iba á dar una conferencia en el teatro
Iroquois, y pasando el joven estudiante por allí,
Be le ocurrió entrar para inspeccionar el enor-
me auditorium ó sala del teatro. Mientras se
192
ALBERTO NIN FRÍAS
bailaba allí surgió un pánico indescriptible,
debido á un incendio que estalló despiadado. El
teatro estaba lleno; la concurrencia, compuesta
casi exclusivamente de mujeres y nifios, pues
se trataba de una matinée para los niños.
Pudo haber salido ileso, mas decidió regre-
sar para asistir á otras personas que so sofoca-
ban en los gases producidos por los escapes.
¿Podemos imaginarnos situación más angustiosa
para ser resuelta por un joven lleno de vida,
pletórico de salud, con un vasto horizonte de
gloria y honores ante sí? ¡Ruda era la prueba á
que se iba á someter esta juventud admirable!
Su decisión fué la obra de un instante. Optó por
la muerte, que en eBte caso podemos declarar
gloriosa, sublime, ¡bien venida!
Se fué á la salida del segundo piso, frente
A una ventana de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Northuwestern.
Hasta ese instante no ardía. Varios hom-
bres le interceptaron el camino, anteponiéndose
A las madres y niños que gritaban por salvarse.
Trató de disuadirlos por la crueldad que come-
tían al quererse salvar ante el inmenso ejército
de los débiles y desamparados. En la Universi
dad contigua procuraron unir las dos ventanas
con planchas de madera. Después de un peno-
so trabajo, que costó la pérdida de algunas
LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MOKAL
193
vidas, se consiguió el objeto y con ello se esta-
bleció un puente. Al llegar aquí, un tipo bestial
empujó groseramente A Guillermo, mandándole
se retirara del camino. Prontamente devolvió
un correctivo á ese monstruo, y se aprestó A
pasar A diez y seis personas, pudiendo haber
Balvado su vida esas tantas veces.
Entretanto, el fuego se avecinaba furiosa-
mente. Sin embargo, pudo proteger A una mu-
jer que ardía, y luego se le vió A él mismo en
llamas. En seguida se desplomó una escalera de
acero, y con ella varias personas. El cuerpo del
joven héroe fué hallado debajo de ocho cuerpos,
siete de los cuales estaban inanimados. Medio
moribundo fué llevado A una de las clases de la
Universidad contigua, convertida en hospital.
El médico quería aliviarlo de sus dolores terri-
bles, pero respondía invariablemente: «Voy A
morir; preste su atención A las mujeres y A los
niños: voy A expirar y estoy pronto para ello.»
Palabras conmovedoras que sacuden todas nues-
tras fibras humanitarias, palabras de un espí-
ritu fuerte, de una presencia de Animo que para
hallarle su igual es menester recordar A los
mártires cristianos y al anciaao Bernard de
Palissy, que prefirió la cárcel antes de renegar
su fe en el Evangelio.
No todos estaban poseídos de esta tranquili-
13
194
ALBERTO NIN FRÍA8
dad: por doquier resonaban desgarradoras risa»
histéricas, los gritos, los sollozos, los lamentos,
las imprecaciones y los ruegos.
Los cirujanos del hospital manifestaron el
coraje y virilidad de Guillermo al sufrir las
curas. Todo su pensamiento Be concentraba en
sus lejanos lares. Alguien le habló de la gran-
deza de su acción y sus consecuencias. El se
manifestó plenamente consciente de lo que
había hecho, y al citarle esa persona eBtas pala-
bras llenas de belleza heroica y piedad altí-
sima: «Guillermito, tú no dijiste: «Padre, sál-
vame de este trance cruel», pero si «Para esto
llegué yo á esta circunstancia. » Sólo halló
bien responder con sublime sencillez y conci-
sión: «Sabia que Beguía al Señor y no podía
hacer otra coBa.»
Á bu tio le dijo que algunos hombres alcan-
zaban su día de éxito á los sesenta, otros á los
cuarenta, otros á los treinta, pero que él lo
había hallado á los diez y nueve años.
Le tocó su lote y lo ganó, encontrándose
por ello, según su propio decir, muy feliz.
Al ser preguntado si sufría mucho, dijo por
toda respuesta: «No me encuentro tan confor-
tablemente como otras veces.» Sólo podía verse
del joven los ojos y la boca; lo demás estaba
envuelto cuidadosamente en algodones. Su tío,
LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA M0EAL
U>5
clérigo de la ciudad de Chicago, había predi-
cado el domingo anterior sobre «El ministerio
frente á la única gran oportunidad». Al verle
por primera vez, después de su horrible acci-
dente, le dijo: «Espero que haya sido mi minis-
terio; yo sé positivamente que esta ha sido mi
única oportunidad.» Al observarle éste que si
viviere cien años no encontraria una ocasión
semejante de desplegar tanta grandeza de alma,
respondió:
«Estoy contento de lo que he hecho; pero
solamente Siento por mi pobre madrecita.» Y
aquí acaso su corazón estalló de emoción, y
las lágrimas ahogaron sus palabras.
Ninguna fraBeque se le citó para confortarle
le produjo tanto bienestar como ésta: «Él salvó
á los demás, pero no pudo salvarse á si mismo.»
Vivió veintiocho horas en pleno conocimien-
to hasta su último suspiro. Cuatro horas antes
de dormirse en bub ideas religiosas recibió un
telegrama de su padre, procedente de Buenos
Aires, que decía:
«Cariños á Guillermito.» Este recuerdo le
alegró sobremanera, y después de breves ins-
tantes se le oyó decir: «Mi padre y mi madre
no hubiesen querido que obrase de otro modo.»
La ciencia se empeñó, como nunca, en de-
fender á esa vida en su carrera vertiginosa ha-
19(3
ALBERTO NIN FRÍAS
cia la eternidad; mas todo fué en vano: expiró
tan valientemente como Sidney ó Bayardo sobre
el campo de batalla. Hagamos un paralelo entre
la conducta de este joven estudiante que sacri-
ficó su vida para salvar á los pequeños, á los
débiles, y la de otros y aquellos que sólo pen-
sando en sí mismos desprecian con su incon-
ciencia á laB jóvenes y á los niños.
Este hecho logró conmover á toda la nación
norteamericana, y tal fué su influencia para
edificar A las masas, que el profesor John
H. Grove declaró que él era solo comparable
con el hermoso fin del presidente Me. Kinley.
El elogio de todos sus profesores fué elevado
y tierno. Uno hallaba bueno decir que ninguno
de los alumnos contaba con tantos amigos como
él, calificándole de rayo de sol alegrador de
cuanto encontraba á su paso; otro alaba su
fisonomía siempre sonriente, su caballeresca
respetuosidad y consideración, su dignidad y
aspecto tranquilo, su espíritu pronto, investiga-
dor y celoso, sus elevadas aspiraciones morales
y espirituales, su propósito deliberado de sacar
todo lo máB de sus cualidades, su interés encan-
tador por los estudios y la aguda apreciación
de laB deferencias que le conquistaba su excep-
cional modo de ser. Su profesora de matemáti-
cas, la eminente señorita Konantz, eBtima que
LA VIDA DEL ESTUDIANTE Y LA MORAL
197
ningún acontecimiento de la Universidad con-
movió más hondamente á los estudiantes. «Le
queriamos — dice hermosamente — por la bella
vida que Biguió entre nosotros.»
Otro de los que le conocieron de cerca y le
amaron por sus cualidades morales y su despe-
jo intelectual, recuerda la lectura que hizo, en
la clase de Historia de Inglaterra, de una de
las más entusiastas arengas de Enrique V. Al
pronunciar las grandiosas palabras del genial
Shakespeare, su vida entera resonaba en ellas:
«Pero si fuera pecado el ambicionar honor,
soy el alma viviente más pecadora.»
Así vivió y aBÍ se fué Guillermo Lancás-
ter Me. Laughlín. ¿No tenía yo razón en afir-
mar al empezar mi conferencia que el buen
estudiante es un ser intensamente moral?
Esta vida, este ejemplo admirable, nos lo
prueba y embellece singularmente el verdadero
concepto en que debemos tener la época dis-
puesta por la Naturaleza, llamado para ocupar-
nos de ese encantador y placentero estudio.
Ahora que comprendo lo que el estudio sig-
nifica, ahora que lo amo como la más preciosa
ocupación de la existencia, desearía volver á
la época de tierna juventud, y asevero con
todo el corazón que mi héroe, mi modelo é ideal
humano sería este joven Me. Laughlin.
ALBtttlO HUI rniAO
1U3
Para reverenciar bu memoria, os invito á
amarle como yo le amo deBde hoy: levantémos-
le en nuestros nobles corazones un monumento
por la práctica de las cualidades y de la ab-
negación, que le transformaron en un héroe de
todos los tiempos.
No puedo terminar sin hacer de los padres
de Guillermo el más alto elogio. Merecieron tal
hijo, y si no escuchad estas palabras llenas de
esa belleza tranquila y pura que es el deside
ratum del arte:
«Muchos han hablado de este joven valiente
en el mismo tono cariñoso, pero aquellos que
le quisieron entrañablemente no lo alaban con
tanto exceso. Fué simplemente un cumplidor
de su deber, y murió luego. Casi sus últimas
palabras fueron: «No podia conducirme de otro
modo», y aunque sus corazones estén oprimidos
y destrozados, se alegran de lo que hizo. Hubo
muchos héroes en el horrible incendio, sus nom-
bres están escritos en el Libro de la Vida. Fué
sencillamente uno de tantos, Bolamente que por
cierto inescrutable misterio su abnegación, en-
tre las escenas horripilantes de las llamas y de
la muerte, fué observada por muchos que aho-
ra dan testimonio de ello. Su padre, madre y
hermanas le vieron cuatro meses antes cuando
se despedía á bordo de un trasatlántico para re-
greaar á la Universidad, después de pasar cinco
semanas de vacaciones en su lejano hogar ar-
gentino. Ellos le volverán á ver cuando el dia
amanezca y las sombras se disipen...»
¡Bien por el padre que puede escribir de
esta manera á la muerte de su hijo! En estas
lineas campea, así como un halo luminoso, la
esperanza confortante del más allá, pero aquí
detengámonos al borde del misterio, pues acaBO
no me acompañaréis en esta ascensión. Yo he
sentido la divina paz. Experimento en toda su
magnificencia las palabras de un gran psicólo-
go, que estudiáis en vuestro curso de Psicolo-
gía, William James: «Podemos experimentar la
unión con algo más vasto que nosotros mismos,
y en esa unión hallar nuestra mayor tranquili-
dad.» Así habla ese filósofo honrado que vues-
tro querido profesor Carlos Vaz Ferreira en
tanto estima.
No podéis imaginaros, queridos amigos, lo
que el conocimiento de esta vida heroica ha
influido últimamente en mi idiosincrasia. Me ha
hecho pensar intensamente en que mi deber no
está sólo ea gozar de la vida, sino también en
mejorarla en mi persona para transmitirla más
buena á mis descendientes. El bien moral que
el hombre hace á sí mismo, lo hace á toda la
humanidad.
ALBERTO NIN FRÍAS
2UU
Guillermo Lancáster Me. Launghlin ha le*
vantado mi espíritu, entonando mi mente, vigo-
rizando mi voluntad y robusteciendo mis aspira-
ciones.
Si otro tanto despierta un vosotros, no se-
rán inútiles estas páginas sinceras, escritas por
amor de Aquel que forma á la clase de jóvenes
á la cual pertenece Guillermo. Su nombre es
un mundo, su influencia sobre la raza humana
incalculable: Jesús.
Bien venido sea este maestro de los maestros
y el ejemplo de su joven discípulo en estos
claustros de nuestra digna Universidad.
He dicho.
9 9
“LAUS VITAS
“LiflUS VITFE,,
Ensayo sobre la belleza considerada como religión
y finalidad en la oida
Al Sr. D. Francisco Sempere
Homenaje de gratitud y amistad sincera
He leído á Taine, á Renán; he escuchado
con fervor religioso el Lohengrin de AVágner;
oido á Massenet; viajado por Italia, la bella y
soberbia; vivido en los sitios más poéticos de la
noble Inglaterra; en Francia, nido de la dicha
y de lo bello; he confundido mis ansias de lo
infinito con la extensa visión de Cristo; he abre-
vado mi sed de saber en la fuente de las más
finas filosofías y con la más exquisita poesía.
Conozco el verde Océano; he visto el perfil de
tres continentes; me han deslumbrado tiernos
idilios; á menudo he contemplado extasiado el
sereno cielo azul y el anchuroso mar. La noble
amistad me ha hecho vibrar en lo más hondo.
204
ALBERTO NIN FRÍAS
He sido espectador y actor en el cruel drama
de la vida, he palpado el auge, he orillado el
malestar que la falta de dinero crea en derre-
dor nuestro. He recorrido con mano enguantada
toda la gama de la vida para hallar su nota do-
minante y eterna, la melodía que la embellece
é ilumina. Belleza me han contestado todas las
cosas, y desde entonces me he vuelto su adora-
dor en la vida y en la muerte. En aquélla ob-
servo la luminosa ondulación del movimiento
fecundo; en ésta la belleza del reposo aparente,
porque morir es sólo prepararse á nacer máB
perfecto y elevado. Si pudiese manifestarse de
alguna manera el alma de las cosas, exclama-
ría: Belleza.
Todo tiene su fondo bello, pero para perci-
birlo es menester refinarse. La belleza eB el se-
llo de artista genial en todos los seres. Somos
su creación desde la flora que ondula en el fon-
do abismal del Océano hasta el tejido nervioso
mejor organizado; su profunda beldad es nues-
tra inteligencia, nuestra piedad, nuestras ciu-
dades, vibrantes de hermosura ó agigantadas
por el esfuerzo; el hogar sereno; el héroe de las
luchas, el genio descubridor; el talento su dis-
cípulo; los asimiladores sus súbditos. Y así, to-
das las cosas de la tierra harían eco á un himno
á la belleza.
LA.US VlTit
205
Bella también, y más bella que cualquier
otra cosa, eB la joven en quien la maternidad
ha impreso su sello tierno y grave. En ese es-
tado, las ideas de belleza no deben abandonar
á la pareja humana", porque de ellas pende el
destino de miles de seres. Sus ideas descansa'
rán constantemente en lo bello, que es el as-
pecto de Dios en las cosas, fijando así con más
fuerza esa imagen de la vida suma, inexpresa,
silente, misteriosa y deslumbrante. Presente
tendrán el pasado de Grecia y sus adolescentes
bellos como las frentes de las altas cimas y lu-
minosos como un día de sol.
La joven, por ser madre, conocerá los siglos
de gloria, las épocas de vida intensa, los gran-
des hombres, los poéticos cuadros de Bougue-
reau, la gentil figura de La Source de Ingres, las
melodías de Massenet, los misteriosos acordes
de Grieg, los estados de alma del semidiós Wá-
gner, las páginas sabiamente encantadoras de
Guyau, la altiva poesía del pensativo Leeonte
de Lisie, la infinita fantasía de Shakespeare, la
majestad y sereno ardor de Goethe, el optimis-
mo de un soñador como Elíseo Reclús, el estilo
soberbio y terso de un poeta de la prosa como
Onésimo Reclús, las páginas sutiles de Maeter-
linck, el ritmo sensitivo del heleno Schelley, el
orgullo intelectual de un Gabriel d’Annunzio
206
ALBERTO N1N FRÍAS
que esforcé la beldad de su amor por las cosas
tenues y frágiles. La madre es el arquitecto de
la belleza física y del esplendor espiritual. A
ella deberá el futuro sus triunfos más preclaros.
Sólo en su seno la belleza humana puede dila-
tar su reino. Los seres hermosos serán también
las mentes de pensamientos bellos y serenos.
Si se trata de una joven alma de héroe con la
sublime fisonomía de Apolo, su gesto de con'
quistador será bellísimo como el del corso audaz
que se sentó en el trono desmantelado de los
Borbones, resucitó el espíritu de Julio César con
su pompa magnífica, y quiso para la Europa
muda, bajo el amparo del águila, la República
de Augusto.
Si el ser nacido de tan noble mujer se incli-
na al pensamiento, las facciones helénicas ocul-
tarán al Superhombre, cuyo dominio sólo estriba
en la fuerza de sus ideas, engarzadas en un es-
tilo clarividente.
Si sigue el comercio, no será su tráfico puro
comercialismo baladí, sino las grandes transac-
ciones que cimentan la paz y progreso de los
pueblos, engrandeciéndolos y procurándoles los
ocios nobles que hicieron de la activa Atenas
la capital del pensamiento y del arte, y hoy día
al industrial París, donde la ley divina hace cre-
cer junto á los más abominables vicios virtu-
LAU8 VITiE
207
des sin par; los pensamientos que promueven la
acción fecunda y los que contribuyen á destruir-
la, enervándola. Si este ser bañado de luz se
dedicara á la agricultura, con gravedad sacer-
dotal arrojará á la tierra bendita la semilla del
dorado trigo y de todos los cereales que man-
tienen el vigor y perpetúan la hermosura y la
salud entre los hombres. El alma de este agri-
cultor será de las más puras y transparentes,
porque vive más ensimismado en la soledad di-
vinal y el silencio de los campos, frente á la
naturaleza física, que nunca se oculta para él.
Amará las flores con sus embriagadores perfu-
mes y su estructura delicada.
Si abraza la carrera de arquitecto sabrá
pasearse silencioso y meditabundo por el Foro
romano, la Acrópolis de Atenas, las Pirámides
de Egipto, Versalles, el castillo de Windsor, el
de Cintra, en Portugal, y los palacios y jardi-
nes de Génova. Irá á inspirarse en los lares de
Atenas; en las ruinas de Pompeya y en los
palacios elegantes del Renacimiento francés,
Fontainebleau, la casa de Francisco I, el Louvre
incomparable; en el Panteón, donde yacen Vol*
taire, Pasteur y Berthelot; en los jardines del
Luxemburgo, en el pequeño Trianon, en las
góticas naves de Notre-Dame; en Florencia,
Roma, Venecia, la soñadora, Nápoles, Pisa,
208
ALBERTO NI» FRÍAS
Bolonia, el imperial Berlín, Oxford, Windsor, la
abadía de Wéstminster, la catedral de San
Pablo, el Parlamento Británico, los parques de
la gigantesca Londres, las ruinas sugerentes de
Jerusalén, los esplendores de la arquitectura
árabe, las pagodas de la India, todo ello cons-
tituirá el horizonte de su pensamiento artístico.
En el pasado encontraremos el arte digno de sí
mismo; nuestra época actual, tan contraria á la
religión de la belleza, eB mal ambiente para el
artífice de obras inmortales. El pasado es en
muchos sentidos lo hermoso; el futuro, que sólo
depende de nosotros, será bello si lo deseamos
con fuerza irresistible. La falta de amor por la
belleza, en sus diversas y variadas manifesta-
ciones, acusa carencia de nobles aspiraciones.
El ser humano es el que logrará todas eBtas
transformaciones: huelga hipnotizar en el pro-
toplasma humano todas eBtas ideas. Esta apli-
cación de la estética á la moral, acabaría por
transformar poco á poco este vasto campo que
es aún el planeta, salpicado de extensos desier-
tos, poblado de multitudes ignorantes y mise-
rables.
En el Asia inmensa, cinco veces tan grande
como la ática Europa, habitan sociedades some-
tidas á la más infecunda pasividad. Los santua-
rios, otrora elocuentes, están mudos para estas
LADS VITjE
209
muchedumbres famélicas y casi mentalmente
en la infancia. En África, el continente triste,
reina la barbarie más absoluta; el negro no ha
sobrepasado el eBtado más rudimentario. En la
América latina, el alma se concentra en las
ciudades populosas; solamente en ciertas zonas
altamente civilizadas de Norte América y la
Europa Occidental y Central es donde tan sólo
ha surgido el medio ambiente en que puede acli-
matarse una vida espiritual superior. Por eBto,
no valiendo simplemente las virtudes domésticas
y civiles, sino el culto de todos los momentos á
la belleza. Para realizar este fin, se someterán
todos nuestros movimientos, todas nuestras ac-
ciones é ideas á la alta estética.
Belleza no es tan sólo las cosas que perciben
nuestros ojos, son también los objetos suaves y
tersos que palpamos, las armonías escuchadas,
los olores saludables, cosas invisibles del mundo
que empieza donde la palabra acaba y el pensa-
miento se hace vago. Una modalidad poco común,
pero intensísima, de la emoción de lo bello, es
la oración. Pocos perciben su intimo sentido.
Á peBar de la multitud de templos en honor de
lo invisible, en muy pocos de ellos la oración
adquiere los caracteres de la absoluta belleza.
Sin el ánimo tranquilo, la oración es sólo
repetición de palabras sin sentido.
14
210
ALBERTO N1N FRÍAS
Conviene al que ora la relajación de bus
músculos, el olvido progresivo de toda preocu-
pación mundanal y la doble atmósfera que crean
el silencio y la soledad. Luego pasamos A pen-
sar en cuánto nos ha vigorizado la santa espe-
ranza de mejorarnos, intelectualizarnos, de
elevarnos en la senda de la perfección y del
conocimiento. Primero nuestras ideaB musicali-
zan un adagio, luego un andante y le sigue el
coro luminoso de todas las bellezas que ha sem
brado lo eterno en nuestra vida. Finalmente
prorrumpe una sinfonía grandiosa, donde lo par-
ticular é individual se confunden en una supre-
ma síntesis. Entonces el silencio absoluto reina.
No somos más nosotros mismos, es ello la
absoluta belleza que nos transmite su grandeza
mediante una emoción de paz y de goce inefa-
ble... Hemos orado. Para acostumbrarnos á este
ejercicio de pacificación interna, digamos á
nuestra alma superior cuanto noB place de ele-
vado y bello; á nuestro corazón, de tierno y
noble; no acallemos un sentimiento bello, no
dejemos sin realizar una idea benéfica. Comu-
niquemos al Logos, á la suprema razón de toda
existencia, todos nuestros deseos en voz alta,
como si los dijéramos al ser más amado. El
deseo es como la semilla. Desear es trazar en
el plano mental una casa hecha sin manos, pero
por ello uo menos real. Toda causa se proyecta
en efectos hasta la consumación de los siglos.
Todo se cumple, y como nuestra alma es bella
y constructora, es eterna; ella será con el tiem-
po el personaje de todos los dramas que plan-
tea; moradora de cuautos palacios ó pocilgas
se construya.
Laboremos por construir, construir, cons
truir siempre con líneas más armónicas, con
elementos más puros de la eterna belleza que
lentamente va descubriendo su faz sublime.
Según este concepto, extrictamente psicoló-
gico, de la oración, ella se vuelve nuestro taller
de construcciones mentales. Por ella nos iremoB
acercando con paso firme y delicioso al plan
supremo de nuestro desenvolvimiento. Orar es
otro vocablo para edificar. La oración ilumina,
embellece, vigoriza, serena, nos vuelve más
sabios y más hermosos.
En todo movimiento físico, mental ó espiri-
tual asoma la Bin par belleza, á condición de ser
un ademán constructivo.
«Buscad y hallaréis», suena al través de los
siglos la voz del gran profeta. Durante miles de
centurias, en su nombre se sellaron las fuentes
de la investigación, y justamente fué él quien
las abrió, enseñando á la humanidad la manera
honda de comunicar con su padre, que también
'¿V¿
ALBERTO NIN FRIAS
es el nuestro, prototipo de esa ideal belleza
cuyo culto describe en estas páginas.
El silencio fué para ese espíritu oro de la más
pura ley. Era en esos momentos que fluia hacia
él esa inspiración sublime, que luego se transfor •
maba en acción enérgica y perdurable.
Jesús pasó inadvertido por este mundo, taci-
turno como otros tantos espíritus creadores.
Enamorado del Bilencio, amante de la medita-
ción, dominaba los problemas de la intrincada
realidad.
Asi Buena Nueva, en que firma la belleza
espiritual por sobre la física, semeja al Univer-
so, océano inagotable de mundos, de soles, de
sociedades infinitas, en quien la Belleza Divina
quiere penetrar al través del dolor y la dicha.
Hay una región en que lo bueno, lo bello y
la verdad se confunden. Esta religión va en pos
de ese ideal.
INDICE
PAgs
Carta-prólogo v
Sobre el espíritu filosófico del autor ix
Du Dictionaire International des Écrivains du
Monde Latín xm
Datos biográficos del autor xvn
Ensayo sobre las obras que la Casa Sempere ha publi-
cado acerca del cristianismo xxv
Estudios religiosos
Dedicatoria 53
Jesús y la admiración del mundo 61
El testimonio de la juventud intelectual 81
La juventud del profeta de Nazaret 93
Reflexiones sobre la fe 99
La juventud del cuerpo y del espíritu dada por Jesús. 103
Un filósofo moderno y el Evangelio 109
El Evangelio y la poesía moderna 117
¿Ha existido Cristo? 121
Jesús y la historia 129
La trascendencia del Evangelio 133
Ensayo sobre Conversaciones tranquilas sobre el
poder 141
Norte América. — Los elementos idealistas de la vida. 153
La religión del árbol 171
La vida del estudiante y la moral 181
Laus vitos 203
BIBLIOTECA CIENTIFICA
OBRAS PUBLICADAS
Ernesto H^ICKEL. — Historia de la Creación de los
seres según las leyes naturales . — Obra ilustrada
con grabados. — Dos tomos en 4.°
P. LANFREY. — Historia política de los Papas . —
Traducción, prólogo y continuación hasta Pío X,
por J. FerrAndiz. — Un tomo en 4.°
A. RENDA, — El destino de las dinastías. (La heren-
cia morbosa en las Casas Reales). — Un tomo
en 4.°
J. FOLA IGÚRBIDE. — Revelaciones científicas que
comprenden á todos los conocimientos humanos . —
Un tomo en 4.°
David-Federico STRAUSS. — Nueva vida de Jesús .
— Traducción de José FerrAndiz. — Dos tomos
en 4.°
P, J. PROUDHON. — De la creación del orden en la
humanidad ó principios de organización política .
— Un tomo en 4.°
José INGEGNIEROS. — Histeria y Sugestión . (Estu-
dios de Psicología clínica.) — Un tomo en 4.°
José INGEGNIEROS. — Simulación de la locura ante
la •Criminología , la Medicina Legal y la Psiquia-
tría . — Un tomo en 4.°
Luis BÜCHNER. — La vida psíquica de las bestias . —
Un tomo en 4.°
Augusto DIDE. — El fin de las religiones . — Un tomo
en 4.°
Rafael ALTAMIRA. — España en América.— Un
tomo en 4.°